ODA

 

 

Se descuelga como una escalera.

Lleva sus arañas en la boca.

Teje una red dichosa en mis labios

acariciando la tierna saliva blanca.

Nunca me dirá cómo ha de besarme

ni dónde se estrellará su lengua pertinaz.

Lo dejó a mi libre albedrío

Yo soñé que era aire y mis anclas

se quebraban en la luna de su pecho.

También que sus manos atentaban

contra la grisácea hipótesis del mar,

Yo soñé que tomada mis riendas

como si fuera al cabalgadura de una colina.

Nunca me dirá cómo ha de amarme

pero albergo una convicción profunda.

Será cualquier otro jueves  a mediodía.

A orillas de una ola recién estrellada.

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