SOY UNA PULGA

 
 
 
 
 
 
Soy una pulga
compadre
 
me adhiero firmemente
a la piel de la poesía
y alimento de su sangre incomprensible
 
soy una pulga
con silbidos y enredos
 
salté
de país en país
con las largas patas de la curiosidad
 
soy una pulga
al fín
no tan nómada como esperaba
 
huí del circo
donde no había más que hacendados
y naciones unidas
 
soy una pulga
terrible
 
me afano en tejer redes inocuas
como las arañas
 
soy una pulga
surrealista
 
trabajo a golpe de olas
y busco
 
pequeños mitos
 
 
 
 
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Esta entrada fue publicada en MSN.

6 comentarios el “SOY UNA PULGA

  1. NO NAME dice:
    bUENAS gracias en 1 lug, debido a que estoy por Camboia ni puedo poner acentos ni la letra por excelencia espa;ola….jejeje ya sabes. Respecto a tu pregunta es un reflejo de mi realidad la que me hace seleccionar esos poemas, mi estado, mi conciencia…la verdad no lo se….pero son mis REALIDADES….. y eso es lo que cuenta da recuerdo de mi parte a SILREDO y a MITORI son muy muy especiales. Bueno ahora ya si que me marcho de march….a jejeje ciao

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  2. NO NAME dice:
    Este es el tierno poema que rescaté de mi memoria al leer el tuyo… Cosa extraña esto de las asociaciones de ideas…

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  3. NO NAME dice:
    Pues, me recuerdas a Silvio… esa de "ando como hormiguita"… jeje, lo siento, no viene al caso, pero luego de leerte, me puse a tararear esto que te cuento…

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  4. NO NAME dice:
    Dicen que las pulgas pucan duro y vaya que eres un duro con la poesía…

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  5. NO NAME dice:
    hace poco también fuí una pulga. Muchas gracias, eres genial.

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  6. NO NAME dice:

    Macondo surgió de un sueño, y toda su vida fue la reescritura de un origen. El origen muchas veces está en el “otro”. Como la vida de los Buendía y todos los habitantes de Macondo, la memoria de la historia de un pueblo se escribe para ser vivida, miles de espejos se superponen a partir de una fundación. Descubriendo la verdad del otro, asumimos nuestra verdad, ambas tienen el mismo origen. ¿Será necesario un viento destructor para darnos cuenta?, ¿o la atemporalidad tendrá que hacerse presente?

    Al final de Cien años de soledad no queda nada: ni espacio, ni lector, ni personajes… está incluido nuestro fin como lectores. Hay una vuelta al comienzo, en el comienzo la nada y en medio un texto. Sólo queda el libro como objeto… cuando alguien vuelva a coger el libro sucederá todo otra vez; la literatura es el rescate del olvido.

    Espero encontrar todo eso en El Dios de las pequeñas cosas,

    Repito, de nuevo gracias por la recomendación. Muchas ventanas en un solo comentario (poco a poco). Ciao  😉

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