CORCEL DESNUDO

 

Antonio se fue. Y se fueron
también Miguel y federico.
Con ellos tú también ahora.
Amigo.
Pedro Salinas
 
 
 
Soy un corcel desnudo.
Bebo agua cuando echo de menos.
Es la sed de la poesía
arrancándome las últimas gotas.
Todos los días abro el coral de las puertas
a cualquier caminante extraño.
Conversamos sobre objetos en desuso
De astros, campanas, nudos y destierros.
Si después sus pasos olvidan tanto derroche
el tiempo se va igual que ellos
Yo me quedo convocando galopes
en la imaginación del sueño.
Quién sabe si vine o ya regreso.
Mis ropas aman los mitos de la luna
y hacen del silencio un ruido invisible.
Porque sabed, soy un corcel desnudo.
 
 
 
 
Enrique Llopis es un cantautor y compositor natural de Rosario (Argentina). Llegué a su página a través de la curiosidad nocturna. Suelo buscar en silencio. Enredado en la música y en las letras de múltiples autores. Y me encontré con él, que ha trabajado con poetas de la talla de Rafael Alberti, y compartido escenario con Mercedes Sosa o Litto Nebia, que por cierto éste último participa en el homenaje a Andrés Calamaro.
 
Una de sus canciones lleva la letra de un poema de Pedro Salinas, precisamente un canto a todo lo que se fue, en este caso, a sus compañeros poetas, que la guerra civil o aquellos años se llevaron: Antonio Machado, Federico García Lorca o Miguel de Unamuno. A sus amigos.
 
El tiempo lo devora todo. Es cierto. Pero también hay otros amigos, y están en la poesía, y en las cosas simples y cotidianas de las que me gusta hablar, platicar y perder gran parte de mi tiempo. De ellas somos capaces de conversar con cualquiera. Llaman a tu puerta, se sientan y después, puede que se vayan sin más, sin presentar excusas. Es como esa canción de Silvio Rodriguez:
 
y si esto fuera poco
tengo mis versos que poco a poco
muelo y rehago habitando el tiempo
como le cuadra a un hombre despierto
 
A veces lamentamos que ser "despierto" no abunde tanto en las conciencias, sobre todo cuando creemos encontrar algunas alma que te llaman motivadas por esa curiosidad. ¿Qué sensación nos queda después? Algo de vacío. O algo de sueño. Pero no importa porque seguimos palpitando sueños.
 
Es que anoche encontré un pasaje que explica como se siente un ciudadano europeo después de haber estado dos años en el continente latinoamericano, pero como se debe, nada de llevar atada la maleta a un programa turístico, sino viviendo, y enamorándose.
 
¿Sabéis? Así me siento, como Pedro Juan Gutierrez:
 
"Hablamos poco. Tal cinco o seis minutos. Cuando vuelvo al libro pienso en el tempo. Se escribe como se vive. Es inevitable. Un tempo lento y reposado es el ideal para la percepción de un escritor europeo sobre su material. Él vive dentro de una cultura sedimentada, extenuada. Vive al extremo de algo. Quizás de un periodo, de una fase histórica. Es la percepción de quién ha llegado al final de un camino y se sienta al borde a pensar tranquilamente en su largo y azaroso proyecto.
 
En cambio, yo pertenezco a una sociedad efervescente, que convulsiona, con un futuro absolutamente incierto e impredecible. En un sitio donde hace sólo quiñientos años vivían en cuevas, desnudos, que cazaban y pescaban y apenas conocían el fuego. Por si fuera poco, vivo en un barrio de negros. Negros que cien años atrás todavía eran esclavos. Y han logrado muy poco. Demasiado poco en cien años sin grilletes.
 
El resultado es que mi vida es un experimento perpetuo entre la nada y la nada. A veces el experimento se torna vertigionasamente brutal. No puedo separar artificialmente lo que hago y lo que pienso de lo que escribo. Si viviera en Estocolmo mi vida sería lenta, monótona, gris. Los alrededores son decisivos. Lo único que puedo hacer siempre, en Estocolmo, en La Habana o donde sea, es construir mi propio espacio. Nunca puedo esperar a que alguien me dé la libertad. La libertad tiene que construirla uno mismo. ¿Cómo? Cada quien tiene que descubrirlo por sí mismo. Mi libertad la construyo escribiendo, pintando, sosteniendo mi visión simple del mundo, acechando en la jungla como un animal, impidiendo intromisiones en mi vida privada. Lo esencial para el hombre es la libertad. Interior y exterior. Atreverse a ser uno mismo en cualquier circunstancia y lugar. La libertad es como la felicidad: nunca se llega. Nunca se tiene completa. Sólo es el camino. Uno camina en pos de la libertad y la felicidad. Y así. Es a lo único que podemos aspirar. Unos pocos años atrás y durante mucho tiempo, mi vida estuvo atada a sistemas, conceptos, prejuicios, ideas preconcebidas, decisiones ajenas. Aquello era demasiado autoritario y vertical. Así no podía madurar. Vivía en una jaula, como un bebé al que protegen y aíslan para que jamás endurezca sus músculos y desarrolle su cerecho. (…) Hay que estar plenamente presente donde uno se encuentra, y no escapar siempre".
 
Este texto, bien podría ser el manual de un perfecto libertario. Y el poema es un poco reflejo del mismo. En cualquier lado donde uno se halla, incluso pegado al castillo soriano de Almenar, dentro de cuyos muros había nacido Leonor, la mujer de Antonio Machado. Corcel es sinónimo de libertad. Y supongo que este aporte supone tirar piedras a la ventana de muchas personas en las que se invierte lo mejor que uno tiene: corazón.
 
 
 

EL MAR

 
 
 
El mar
se traga despacio
lo que el hombre
olvida a codazos
 
nombres, edades, individuos
números, letras
canciones, lecturas
 
el mar
nos devuelve
los años como cruces
clavadas en los ojos
 
olvidos, jueces, militares
cárceles, guitarras, madres
misas, ventiladores
gatillos, muros, helicópteros
islas
 
el mar
nos separa
 
exilios, ruina, catalejos
pasaportes, rutina
aduanas
 
el mar
también nos regresa
 
puentes, memoria, bolígrafos
árboles, máquinas de escribir
 
y algún
me sorprendo
 
 
 
 
La nostalgia tiene múltiples facetas. Como dice una avispada compañera -aunque dice que el avispado soy yo-, en ocasiones se regresa al pasado o a otros lugares de la imaginación, para arreglar algo. Aunque basta con que uno regrese para que no haya propósito de enmienda y lo único que consigamos es: desazón y obcecación. Es cuando esa misma compañera dice que es mejor pasar página para reconstruirse.
 
Como no tenía nada nuevo que aportar, acudí a escritos de hace cuatro años. Me dió por descubrir a Mario Benedetti y su visión tan simple de cuestiones como el exilio, regreso, nostalgia, transcurso del tiempo y dictaduras del cono sur. Este poema constituye un homenaje a múltiples visiones:
 
Parte de la visión de cuando en la dictadura argentina muchísimos disidentes desaparecían y les hacían el viaje al mar, tirándoles desde el vacío. Y tan cierta mi preocupación por la "memoria colectiva", pensé que el mar, al final, nos termina devolviendo lo que nosotros pretendemos olvidar.
 
De ahí el poema se extiende hacia la paradoja del mar, mirado desde múltiples geografías:
 
-Desde los páramos de Chile, o desde el tumor grisáceo de Ecuador
-Desde el Cabo Finisterre, en Galicia.
 
Y se piensa: parece mentira que una masa de agua pueda separar y unir tantas cosas a la vez.
 
Al ser humano se le da muy bien emular al mar: gozamos de la capacidad para unirnos y separarnos, y he ahí el particular sentido de la amistad al que quería llegar. Se va y se viene, pero siempre se está ahí.
 

ODA A LA AMISTAD

 
 
 
YO SÉ MUY BIEN…
 
 
Como si fuera de oro,
como un collar fino,
como ancho plumaje de quetzal
asi aprecio
tu canto verdadero;
con él yo me alegro.
 
He llegado
Nezahualcóyotl
Dedicado a Carlos Saavedra, ilustre magnate de la amistad
 
Yo sé muy bien por qué has huido.
Aquí se sabe todo.
No hay lirismos que valgan.
Nadie nos grita allí donde nos movemos.
Aquí somos así de rudos
y soplamos el frío con la boca.
Nadie nos dijo cómo contaminar el corazón
con adverbios graves.
Aquí somos inalterables.
Materia pura.
Nadie nos quitará el sinsonte
de las cuerdas vocales.
Aquí somos carne, cañón y mandíbula.
Nada cambia de un año para otro.
El golpe avieso del abrazo es nuestra redundancia.
No hay himnos.
No hay ceremonias.
Aquí temblamos de frío si hace falta
y las dudas se queman
conjuntamente
con la palidez desnuda de la palabra.
No hay ruido.
El dolor no goza de mansedumbre.
La verdad estalla en su expresión más dura.
Nadie nos entiende.
Qué mas da.
Aquí no hay abrevaderos.
No distinguimos variedades ni academias.
Nos inquieta la mujer desnuda.
A decir verdad
amamos devorarla con lucidez y alevosía.
Aquí no hay atriles.
Nada de posturas eclécticas.
Nadie nos dió permiso.
Decidimos entrar de bruces  en la miseria del muchos.
Puedes verlos en sus alacenas lujosas
y hambrientas de poder.
Aquí no hay cárceles.
Nada de olas opacas.
Sólo voracidades.
Ambos tenemos mucho que decir.
Yo sé muy bien por qué has huido.
Eres mi amigo.
 
A Nezahualcóyotl o "Coyote Hambiento" le llamaban el Rey-Poeta. Cuenta la biografía que nació y murió en Texcoco (1402-1472), hijo de Extlilxóchiltl, sexto señor de los chichimecas, y de Matlalcihuatzin, hija de Huitzilíhuilt, segundo señor de Tenochtitlán. Es decir, que huele a pura y dura cultura mexicana. Y como muchas de las composiciones que se conservan de él inciden en un valor muy menoscabado en la actualidad, quise componer una oda a la amistad. Pero nada de silencios, o de medias tintas, porque acerca de la misma se pueden inventar muchas cosas.
 
De la amistad se podría hacer hasta una epopeya sin fín, casi al modo de Ulises, pero me temo que los caminos por los que esa palabra nos lleva son inmasticables: por donde nadie lo espera. Nada más acudir a Pablo Neruda, por ejemplo, él señalaba que "yo tengo un sentido sureño de la amistad. Nunca he perdido amigos. Sólo la muerte me los ha quitado". Y así debería ser, pero hoy en pocas ocasiones se hace referencia a ese valor como algo que ni siquiera la geografía es capaz de detener.
 
Es cierto que quienes viajamos sin rumbo, o con cierto nomadismo, podemos ser gregarios de amistades profundas y solidarias. Pero soy incapaz de contenerme pensando en que la falta de apego deja gran parte de ellas en meras anécdotas, idea contra la que lucho y me revuelvo sobre la tierra. Me envuelve más esta convicción de Antonio Machado: "Nadie es más que nadie, porque –y éste es el más hondo sentido de la frase–, por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre".
 
Esa es una de las piedras angulares de mi pensamiento, precisamente en un ambiente donde todavía quedan grandes e ilustres personajes que son simples agentes de atención al cliente en el mostrador de un hotel y se creen el pan y la miga del mundo. A elementos tan divergentes y abundantes como el mencionado, hay que plegarle entonces el torpe aliño indumentario del poeta "soriano".
 
Cuánto se podría decir acerca de la amistad. De la que somos capaces de construir. De la que somos capaces de ingobernar porque rebasa nuestra capacidad de manejo. Pero lo cierto es que los más estrafalarios, abundantes y afines pertenecen al continente latinoamericano.
 
Gran parte de lo que soy se lo debo a mis amigos. Hasta aquellos que en lo malo han optado por seguir el pragmatismo de dedicarse a lo suyo, en buena parte provocado por mi naturaleza asimismo caudalosa.
 
No son todos los que están, porque hubieron otros tantos que andarán haciendo ovillos. Pero creo que los más determinantes, andando al tiempo, serán aquellos con quienes he madurado la experiencia de vivir en un país ajeno, y nos hemos enterrado juntos en esa desobediente convivencia. Y es que "la amistad es un alma que habita en dos cuerpos", como asiente Gustavo Adolfo Becquer, en quién y por cuyos lugares indagué recientemente, como si fuera la rama de un olivo.
 
Y así seguiría, hasta encontrarme con un Rey-Poeta azteca, menos mal que no consumido por la historia. En mi poesía hay atravesados varios simbolismos, como el término "hierbabuena" -la expresión del amor más viva que encontré-, el significado poderoso atribuible a las manos, el coraje de las olas o el poco descanso del tiempo. Pero aquí llegados, me hacía falta elevar una oda a la amistad, a un amigo en concreto, y por extensión, a todos ellos.
 
 
 

EL BESO

 
No comprendemos el amor como una costumbre amable
(…)
Se despierta, de pronto, como un viejo huracán
y nos tumba en tierra a los dos, nos junta, nos empuja.
Vicent Andrés i Estellés
 
 
 
No comprendo el beso como un acto puntual.
No es lo mismo que si desmontaran la luna
cuando rayos solemnes inundan la madrugada.
Es un rayo poderoso, rudo y convaleciente
Su densidad oscura contraviene toda medida
y ahora que converso con él humanante
en los pálpitos se subleva tu piel imaginaria.
Qué extraña es la soledad de las flores. 
Qué húmeda era la dulzura de tu vientre
Siempre abrí sus fauces para devorar tu boca
y los dientes rodaran por los huesos del pecado
Tomo el beso como un subtítulo salvaje del amor.
 
 
 
Hace tiempo que Vicent Andrés y Estellés nos dejó. Aunque valenciano de nacimiento, sus letras me conmovieron por la sencillez con la que se acerca hacia algunos temas. Como él, tampoco comprendo el amor como una costumbre amable. Y no digamos nada del beso, que es uno de sus subtítulos más salvajes.
 
 

HOY HABLO DE TI

 
 
 
 
Hoy estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
hay la espera de mí mismo
Vicente Huidobro
 
Hoy hablo de tí, hierbabuena,
porque temblaron violentamente
los cuatro tímpanos de la brújula.
Tanta ausencia y tantos hitos
desde que declaramos a gritos
el terrible gozo de la espera.
Hoy hablo de tí, llama fructífera,
porque nuestros labios hirvieron
en las celosías verdes del mar.
Como la cintura de una esmeralda
se cimbreaba su tez morena.
Hoy hablo de ti, implacable voracidad,
porque en esta extraña libertad
yacen olas poderosas fracturándome.
Soy yo quien reconstruye
tantas odas a tantas sillas.
Hoy hablo de tí, a contracorriente,
porque las aguas nos llevaron lejos
y el istmo es mi único alimento.
Hay una espera de nosotros.
 
Estos versos también van acompañados de lo que Manuelcha Prado, admirado músico peruano, respondía: "la intuición y el espíritu te van señalando rumbos, formas de aplicar". Palabras que, además de una cita, constituyen un guiño implacable a mis recuerdos. Por algún motivo que me ronda la cabeza profundamente, también hablé del cantautor andino.
 
 
 

TRAIGO

 

Amo las cosas que nunca tuve
con las otras que ya no tengo
Gabriela Mistral

Nada traigo en los ojos
que no haya amado en silencio
hasta aquellas uvas verdes
que cada noche crecen en la insumisión.
Los verdugos hacen ruido
dejándonos una ceguera acústica
pero mi boca no huye
y se manifiesta con la relevancia propia
de una piedra herida.
Todo lo traigo en el silencio.

Esto está escrito a partir de varias imágenes que tengo en la cabeza y en el corazón, además de en los sentidos, tres de las herramientas habituales a la hora de escribir poesía. La otra cuarta y tan importante como el resto es aquella que viene dada por las personas. Darse cuenta de una cosa. Explico cuáles son los elementos que configuran este poema en particular:

-La lectura de un blog
La palabra tolerancia.
-La canción "volver a verte" de Luis Eduardo Aute.
-Una de las imágenes del album que ojeaba: algo que parecen uvas verdes. Y lo trasladé al poema.
-Parte de los versos de Gabriela Mistral

El verdugo simboliza todo aquello que nos contamina: intolerancias, grandes guerras, pequeñas hambrunas, declaraciones incendiarias de un Papa conservador, hipotecas, precariedades salariales.

Todo eso que nos contamina y provoca espanto y ruido no es capaz de aniquilar la palabra, y menos algo tan potente como ella: el silencio.

 

 
 

ELLA

 
 
 
Tengo que hablaros de ella,
de su fresca costumbre
de ser simple tormenta, rama tierna.
Octavio Paz
 
….
 
Ella es un mar insólito.
Mucho más que una simple respuesta.
Ella es una vorágine.
Tiene la violencia de un átomo desnudo.
Ella es una sinrazón.
Hace tiempo que perdí la cordura entre sus labios.
Ella es una tormenta.
Cultiva rayos en mis manos.
Ella es un olor tierno.
Algo así como la hierbabuena de mis versos.
Ella es un yunque dilatado.
Forjó mi boca golpeando con extrema fiereza.
Ella es la desmedida.
Sus manos se extienden en múltiples direcciones.
Ella es un silencioso vértigo.
Abrazó todos los precipicios de mi cordillera.
Ella es un grito persistente
tanto que hoy tengo que hablaros de ella.
 
 
 
 
Tomé estos versos del poeta mexicano Octavio Paz. Me acordé de unos cuantos mexicanos que por aquí empezamos a compartir letras. Y de verdad que me gustaría que pareciera un "ella" genérico como homenaje a la mujer que supone un aporte vital en nuestras vidas.
 
Gran parte de nuestras vidas, por no decir toda, se justifican en las personas con quienes llegamos a compartir, justificar, entender, comprender y emprender muchas razones, comportamientos, aptitudes. Sería impensable ponerse a catalogar en grados o tipologías. Quién nos aporta más. En quién nos justificamos más. ¿En los padres? ¿en el amigo latinoamericano? ¿en nuestro vecino de la infancia? ¿en nuestro primer amor? ¿en más o menos amores?
 
Sin embargo, "ella" es a la vez plural y singular. Plural es lo mismo que genérico, como se decía al principio, y en "ella" está condensado gran parte de la resistencia al olvido. Todo lo que se ha vivido llega a ser importante. En el "ella" más particular, sin embargo, hay una callada y secreta simbología. Tal vez se descifre por el uso de unas determinadas y pocas palabras. Es decir, apenas perceptible. Porque así lo quise intencionadamente. Y lo dejé, en eso, en silencio, esa otra palabra que es la preferida de Silvia.
 
La culpa la tienen Octavio Paz y sus palabras: tengo que hablaros de ella.