BESOS DE INVIERNO

 
 
 
 
 
 
 
 

Cuántas

estrellas de luna

acometiendo

mis manos desnudas

deshaciéndose

como pezones de agua

cultivando

incienso

en los pinos occidentales

mientras

la mancha suave

del crepúsculo

enciende

mis besos de invierno

 

 

 
 
 Hice una breve pausa durante el fin de semana. Abrieron de nuevo al tráfico el puerto de Orduña, uno de los lugares de más arraigo en mi insólita tierra. Desde la infancia, frencuentado sus pinos, en busca de los ahora codiciados níscalos. Aunque al ir creciendo, todos aquellos alrededores se han ido sumando durante sucesivas temporadas otoñales. Aunque ahora, la costumbre de buscar setas se ha ampliado masivamente. De todas formas, lo escrito está relacionado con los suaves vaivenes que estoy experimentando, y con la consolidación de algunos espacios profesionales y personales que venía esperando.
 
………….
 
Aviso que entre los días 5 y 16 de febrero me costará estar atento a la actualización del blog. También agradezco la presencia, durante estos días, de Jaime, Antonio, Marcela, Betsy, Miriam y otros que están pendientes de mí. Porque de todos es sabido que donde uno más tiene que aprender es de los demás. Puse música de nuevo:
 
Fragmento de "Inventario"
Joao Alfonso
 
 
 

TODO

 
 
 
 
No es nada.
Pero puede serlo.
El verbo aulla.
La luz se hizo
vulnerable y tierna
conmigo.
Algo se mueve.
No es nada.
Pero es todo.
El caballo.
La vigillia.
Algo arde
en la sombra
poderosa
del azar.
No es nada.
Pero crepita.
Páginas se aman
entre sí.
Llaves obscenas.
Caracolas.
Piernas de lana.
Algún muro
se deshace.
El fuego entra.
No es nada.
Pero es todo.
 

ADELANTE

 

Tal vez no exista otra manera
de comenzar a conocernos.
Roberto Juarroz

 
 
Adelante
pasa
te presento
a Roberto Juarroz
es poeta
de la Pampa
de la luz
del fondo
de los besos
ya murió
pero
su voz
su pensamiento
su locura
su verso
nutre mi boca
eso me dijiste
que alimenta
tu cuello vivo
tu cuello cortado
en versos
de mazapan
 
 

AMANTES

 
 
 
Si alguien nos ve
dí que estamos cuerdos
y nos olvidamos
que el beso
es una materia carnal
dí que somos menos
que dos
y más de uno
o mejor
no digas nada
porque con las bocas
nuestras
así de ocupadas
nadie
nos creería.
 
 
……
 
 
Eso sí; escribir no presupone que todo ello acontezca en la realidad, simultaneamente o con ciertas horas a posteriori. A veces tales palabras también son producto de una tormenta recién caídao o de una luz que se enciende. Estaba leyendo a Juarroz.

MILEURISMO Sin poesía

 

No hay mejor poesía que la realidad misma. Gran parte de mis quejas y preocupaciones habituales, y ligadas a la profesión, pasan por el "mileurismo". Con ello creo estar no muy lejos del vecino del tercero, de mi amigo, de la que se levanta a las 7 de la mañana, o de lo que vienen reclamando los miembros de la ONG francesa "los hijos del Quijote": una vivienda digna.

Dejo un grandísimo reportaje de la última edición del País Semanal, disponible en esta página web:

http://www.elpais.com/articulo/portada/Ojala/ganara/mil/euros/elpepusoceps/20070114elpepspor_4/Tes

Citando la fuente, y añadiendo que se trata de un uso PERSONAL y no comercial, no se enfadarán por la violación de derechos de autor o similares a que son tan aficcionados algunos.

…………..

GRANDES REPORTAJES

Ojalá ganara mil euros

Un pedazo de la tarta de los veinte millones de empleados en España ni huele las cuatro cifras al cobrar cada mes. Es la cara más triste de una vida laboral en la que los estudios y la cualificación han perdido valor de mercado. Ocho historias de personas que sueñan ¡con llegar a ser ‘mileuristas’! O más…

 

Irma Beneras

Irma Beneras- DANIEL SÁNCHEZ

 

Un pedazo de la tarta de los veinte millones de empleados en España ni huele las cuatro cifras al cobrar cada mes. Es la cara más triste de una vida laboral en la que los estudios y la cualificación han perdido valor de mercado. Ocho historias de personas que sueñan ¡con llegar a ser ‘mileuristas’! O más…

El pasado mayo, una firma de ropa, Desigual, ofrecía un 20% de descuento en sus prendas si el comprador ganaba menos de 1.000 euros al mes. Único requisito: presentar la nómina acreditativa. Y bingo para el creador de tal campaña de marketing. El recordatorio de esa curiosa Semana del mileurista hace escapar a Victoria una sonrisa agridulce. “Creo que en Granada hay tres o cuatro tiendas de esa marca, pero no tuve tiempo de pasarme”. Su maratón cotidiano comienza a las seis y cuarto de la mañana. A las siete coge un taxi hasta la estación de autobuses. Ha echado cuentas y le sale más rentable que el único coche familiar lleve a su marido al trabajo. El destino del madrugón es la Universidad de Granada, a 146 kilómetros de su residencia, donde ejerce como profesora asociada a tiempo parcial. Hoy no ha podido reagrupar sus clases en un solo día, pero tiene suerte y consigue cama en un colegio universitario por 60 euros con comida incluida.

Hace dos semanas tuvo que costearse un hotel. “Granada es muy turística y no es fácil encontrar chollo de última hora”, dice. Esta docente, que prefiere ocultar el nombre de su departamento, cobra 500 euros al mes por 18 créditos semanales lectivos. Un titular gana 2.000 euros por 24 créditos. Victoria tiene que pagar además 204 euros de autónomos, porque así lo exige la legislación en el caso de los profesores asociados. Ella es traductora, doctora en otra especialidad, tiene dos masters homologados y un curso de experto. Gana 296 euros al mes restando el pago de autónomos y sin descontar el transporte, la manutención y la hipoteca de 700 euros mensuales, que soporta gracias al sueldo de su marido, también profesor. Ambos tienen 35 años. “Ahora ya sabes por qué no tengo hijos”, relata preocupada porque la Universidad de Granada pueda tomar represalias contra ella por contar su historia en este reportaje. Aparte de las horas de investigación, seminarios y publicación de artículos, completa su sueldo con trabajos de traducción para particulares. Ella, como muchos otros profesores asociados, lleva años (Victoria, siete) esperando conseguir el favor del director de su departamento para que convoque su plaza por oposición, mientras que ve cómo alumnos suyos consiguen, con menos expediente, su plaza de titular. “En otros países, como Inglaterra o EE UU, el acceso al funcionariado no precisa pasar por oposiciones y se hace por concurso de méritos. Un médico elegido a dedo puede llegar a matar. Un profesor titular elegido a dedo y sin los conocimientos adecuados no enseña. Y eso repercute, mucho más que en mi bolsillo, en la formación futura de la sociedad”, aclara Victoria.

¿Será que el sistema educativo español es una fábrica de aspirantes a mileuristas? La OCDE –organismo que agrupa las 30 economías más desarrolladas del mundo– suspende a España cuando señala que es el único país miembro en el que una carrera universitaria no aumenta las posibilidades de encontrar un buen trabajo. Y, por si fuera poco, la tasa de paro entre titulados universitarios de 25 a 34 años es del 11,5%, una de las más altas de Europa, que se sitúa en un 6,2 %, frente al 6,5 % de 2005, según el Eurydice. No en vano, un sondeo del Instituto de la Juventud (Injuve) revela que el empleo de la gente joven se caracteriza por “la pobre relación entre el empleo y la formación, la marcada temporalidad en la contratación y por ser trabajos que se consiguen a través de redes familiares y de amigos”.

“La teoría era sencilla: a más educación, más sueldo”, apunta el marido de Victoria. “El bajo salario engendra vivienda precaria, retraso en la maternidad, deudas, pagos aplazados y, sobre todo, la consiguiente depresión por haberse formado para nada”. Estadísticamente, la horquilla salarial va desde los 12.903,30 euros de media anual de los trabajadores sin estudios a los 32.997,45 euros de los licenciados, ingenieros superiores y doctores. El caso de Victoria y sus flamantes títulos académicos no encaja con las medias del Instituto Nacional de Estadística (INE). Y ella no es la única.

En el foro de http://www.mileuristas.es, Ramón Sangüesa, uno de los fundadores del popular site, arenga: “El título universitario no garantiza, como así fue para los padres de los mileuristas, una mejor ubicación profesional. Las empresas premian competencias y no títulos. Y nuestro sistema educativo no acaba de dar lo primero”.

En este rincón virtual abundan los llamados JASP. Es decir, “jóvenes aunque sobradamente preparados”, que se enfrentan con poco más de 166.000 de las antiguas pesetas a alquileres, a hipotecas con un Euribor merodeando el 4%, a un IPC siempre latente, a empleos precarios para los que su titulación se considera, pero no se retribuye… Unos los ven como niños de papá, quejicosos aunque conformistas, con una vida de eternos estudiantes en pisos compartidos o en casa de sus progenitores, utilizando sus escuetos salarios para sus gastos (que van del coche al portátil, pasando por los veranos multiaventura) y sin verdaderas ganas de luchar por un cambio. Otros opinan que son la joven cartera de valores que el país está dejando desperdiciar.

Y no hablamos sólo de fuga de cerebros. “El empleo precario atocina y engendra mediocridad. Esto repercute en todos, no sólo afecta a mi bolsillo”, puntualiza Irma Beneras, licenciada en Ciencias de la Información y teleoperadora con 872 euros en nómina mensual. Con 39 años, ni siquiera gana los mil euros. El fenómeno mileurista ha destapado casos como el de Irma o el de Victoria: abundan hasta los aspirantes a las cuatro cifras. Aquellos que al abrir sus nóminas cada mes exclaman en silencio: “¡Ojalá llegase yo a mil euros! El último sondeo de opinión del Injuve en 2006 revela que del 39% de los jóvenes que se dedican en exclusiva al trabajo, sólo la mitad disponen de “independencia económica suficiente”. Irma se sorprende: “No entiendo cómo se manejan estos datos y a nadie le pitan los oídos”, exclama.

Madrid es la tercera provincia española en la que a los jóvenes les cuesta
más acceder a una vivienda libre, ya que ésta supone el 79,6% del total de su sueldo, según el Observatorio Joven de la Vivienda. Carmen Sánchez, filóloga de 36 años metida a teleoperadora por 820 euros al mes, no conocía la estadística, pero la padece. Acaba de volver del trabajo y sube algo de compra a un tercero sin ascensor situado en la barriada de San Juan, en Vicálvaro (Madrid). “He tenido suerte. Me independicé de mis padres con 34 años gracias a que mi novio tenía esta casa. Siempre hay algo que te salva, y la rueda sigue sin que el sistema se modifique”, puntualiza. La encuesta sobre condiciones de vida en España en 2005 asegura que se considera pobre al que recibe menos de 530 euros netos al mes. La cifra, discutida por algunos expertos, no difiere mucho del salario mínimo en España: 540 euros. Por esta sencilla regla, Carmen, antes de independizarse, estaba rozando la pobreza; Victoria es pobre y da un empujón a su escueto salario gracias a traducciones freelance. La misma tabla de salvación de Irma, que completa su sueldo con trabajos de fotografía. “Los pobres del siglo XIX y principios del XX (los obreros con cualificación, los agricultores o los ancianos) pertenecen a la sociedad que desaparece. Los nuevos pobres de hoy en día son los jóvenes”, escribe el sociólogo francés y profesor de ciencias políticas Louis Chauvel. Por cierto, casi un 20% de la población española, quinta economía europea, vive por debajo del umbral de la pobreza. En el saco de los aspirantes a mileuristas conviven ancianos, padres de familia y sus preparados cachorros. Aunque la pobreza también tiene sus clases. Martín Carrillo, que vive en un piso compartido en Barcelona y es pasante en un bufete de abogados, lo explica. “Gano 750 euros, gasto 250 en alquiler, 180 en la letra del coche, 200 del portátil, y tiemblo cuando la Visa llega, pero no me considero pobre porque tengo el colchón de mis padres. Me intento abrir camino, pero siempre puedo volver a casa”, resuelve.

La historia de los que ansían mil euros no difiere de la de los mileuristas. Nacieron entre 1965 y 1980, sortearon las crisis económicas de 1974 y 1992 y se aprovecharon de una aparente bonanza económica (según la Encuesta de Población Activa, en 1995 había 12 millones de personas con empleo. Diez años después, la cifra se eleva a 20,9 millones). Los sociólogos coinciden: se generaron demasiadas expectativas para una generación que encadena contratos precarios no relacionados con su formación académica. “Hoy, a mi hijo no le diría que estudiase, sino que se hiciera comercial…”, barrunta decepcionada Carmen Sánchez. Dentro de la reforma del mercado laboral, el pasado 1 de julio entró en vigor un plan de choque con ayuda durante cuatro años por trabajador para que el empresario convierta los contratos laborales en indefinidos. Estas bonificaciones, con caducidad el 31 de diciembre de 2006, han disparado la contratación indefinida. “¡Bravo! La generación mejor preparada de la historia de España consigue contrato fijo porque hay una ley que bonifica al empresario, no por el reconocimiento de nuestros méritos”, comenta Salomón Aguado, actuario ganador en 2001 del Primer Premio Nacional Fin de Carrera al Mejor Expediente Académico. Su indignación le llevó a apuntarse a la Asociación de Becarios Precarios de Madrid por aquello de “la unión hace la fuerza”.

La sobreabundancia de universita- rios sin un mercado real y la falta de convenios laborales entre la empresa privada y la universidad parecen ser la causa de los bajos salarios para seis de los ocho protagonistas de este reportaje. “Uno de los principales problemas del mileurismo es que en la empresa privada no valoran los conocimientos del universitario. Consideran que no les son útiles y, por tanto, no tienen por qué pagarlos. Sin embargo, en los próximos años las empresas españolas van a tener que evolucionar para adaptarse a los nuevos retos que impone una economía globalizada”, coinciden.

El resto de la culpa se lo llevan el euro, una inexistente reforma del mercado laboral y el alucinante precio del ladrillo patrio. Según un estudio del IESE Business School, los sueldos de los españoles no han crecido respecto a lo que se ganaba allá por el año 1997. El salario medio, situado en 1.557 euros brutos, es una cifra similar a la de hace nueve años. La consecuencia es que el poder adquisitivo se rebaja y se rebaja. El IESE indica que a comienzos de 2007, el ritmo de creación de empleo representará “la menor incorporación de trabajadores de los últimos cuatro años”. ¿Por qué España engendra tanto mileurista? ¿Qué pasará cuando los padres de los mileuristas se jubilen? ¿Dónde estará el colchón?

Ignacio Prat: “Mi futuro es bastante incierto”

37 años. Estudió hasta BUP y trabajaba en hostelería en turno de noche, pero se ha separado y ha tenido que cambiar de ciudad para vivir con sus padres y afrontar el cuidado de su hijo, de 10 años, al que considera “su gran fortuna”. Cobra 750 euros

al mes de prestación por desempleo. “Dicen de los ‘mileuristas’, pero ¡ojalá hoy fuera yo uno de ellos! Mi futuro es bastante incierto. Intentaré optar a algún piso de protección oficial, pediré beca para los estudios de mi hijo, y desde el paro me han ofrecido un curso de técnico informático para reciclarme”.

Irma Beneras: “Con 1.400 euros al mes, yo viviría bien”

39 años. Española de origen ecuatoriano. Licenciada en Ciencias de la Información. Trabaja en ‘telemarketing’ 37 horas semanales y dos sábados al mes. Sueldo: 872 euros. Paga hipoteca de 300 euros al mes por un piso de 40 metros.

“¿Para vivir bien?”, Irma sonríe, “1.400 euros al mes, no estaría mal. Ganar 1.000 sería un primer paso. Me permitiría pagar sin apuros mi hipoteca de 300 euros, sacarme el carné de conducir y comprar un coche, porque mi trabajo está a una hora y cuarto de mi casa en transporte público. Mi sueldo son 872 euros, incluye las pagas extras prorrateadas, y no creas que un supervisor cobra mucho más. Me tengo que pagar la comida aparte y acabo comprando todo a plazos. Vivir con menos de 1.000 euros en una ciudad como Madrid es una locura. No te permite ahorrar y el único secreto es autolimitarte: pocos extras y pocas vacaciones. Por mi trabajo en gestión de cobros tengo mucho contacto con gente que vive por encima de sus posibilidades. Conozco miles de historias de coches que se quedan en la segunda letra”. A Irma le ha costado mucho dar cada paso. “En Ecuador trabajé muy duro tres años sólo para comprarme el billete de avión a España. En Madrid empecé cuidando niños de interna y logré terminar mis estudios en la Universidad Complutense ganando 600 euros al mes. Luego compartí piso según me salían trabajos de comercial, y hace cinco años compré este estudio, que en origen era un local. Mi sueldo lo completo con trabajos de fotografía, gracias a este extra me puedo permitir vacaciones. Las devoluciones de Hacienda también facilitan las cosas”, sonríe. Irma lleva dos años con un contrato de obra y servicio. “Al tercero me hacen fija o me echan a la calle. Los trabajos mediocres conllevan sueldos mediocres. Muchos empleos como el mío no reciben formación específica antes de empezar. Mucha gente tiene que aprender a fuerza de errores. La precariedad laboral engendra gente de paso, muchas veces con una buena formación y aptitudes. ¿Mi sueño? Ser fotógrafa autónoma. ¿Tan descabellado es aspirar a trabajar en lo que te has formado?”.

Salomón Aguado: “Siendo becario, los bancos no me daban ni los buenos días”

29 años. Diplomado en Ciencias Empresariales y licenciado en Ciencias Actuariales y Financieras. En 2001 fue primer premio Nacional Fin de Carrera al Mejor Expediente Académico. Es actuario e investigador en la Universidad Politécnica de Madrid. Gana 995 euros al mes.

“Con esas notas no tendrás problemas”. Ésta es la frase que más ha oído Salomón desd
e que en 2001 recogió el Primer Premio Nacional al Mejor Expediente Académico. “Ha pasado un lustro y no he dejado de trabajar, pero por primera vez llevo seis meses cotizando a la Seguridad Social. He ganado derechos sociales, pero he perdido la condición de mileurista y me he quedado a las puertas de las cuatro cifras. En este tiempo he hecho de todo y, curiosamente, obtuve uno de mis primeros trabajos, como responsable de producción en una siderometalúrgica, gracias a un contacto familiar. Mi expediente sirvió de poco. Tras dar varios tumbos, en 2003 me rescató el vicedecano de la Universidad Carlos III y entré en la Escuela de Agrónomos como actuario para una investigación sobre seguros agrarios. Hoy no llego a 1.000 euros, pero cotizo y la sociedad te hace sentir como si te hubieran tocado con la varita mágica; llegas a pensar que el trabajo es un privilegio, no un derecho. Mi jefe me pide que confíe en él y, de momento, me ha asegurado un contrato hasta que obtenga el título de doctor. He descartado estudiar una oposición: no me puedo permitir el lujo de dejar de trabajar para ocuparme de eso. Si no sacas un buen número, no merece la pena. La competencia es brutal”, matiza. Salomón vive con sus padres en Pinto (Madrid) y contribuye a la economía familiar con parte de su sueldo. Está soltero y se ha lanzado a la aventura de comprar vivienda. “En una cooperativa. Al bajo sueldo se une la barrera de no tener pareja. Comprar solo es una locura, pero debo aprovechar mi contrato. Cuando era becario, en los bancos no me daban ni los ‘buenos días’. Llegar a 2.000 euros sería fabuloso, pero para una vida digna, de acuerdo con mi titulación actual y cuatro años de experiencia, lo apropiado serían al menos 1.500”.

Marina Molina: “Los títulos no garantizan un buen sueldo”

19 años. Posee el graduado escolar. Trabaja de cajera de supermercado con una jornada de 16.30 a 21.30, sábados incluidos. Vive con sus padres y quiere el dinero para salir y pagarse el carné de conducir. Gana 541 euros al mes.

“En mi trabajo, nadie llega a los mil euros, ni siquiera los supervisores. Creo que ni haciendo 40 horas semanales llegaría a esa cantidad”, dice Marina, que lleva siete meses de cajera en una gran superficie. Su trayectoria no es distinta de la de sus otros compañeros de colegio. “No todos han hecho selectividad, y conozco mucha gente que prefiere empezar ya a trabajar para pagarse sus gastos. No creo que los títulos académicos sean una garantía para conseguir un buen sueldo”, dice mirando cómplice a una amiga. Tras pasar por varios comercios, ha conseguido un contrato indefinido y alguna ventaja, como un descuento de un 10% en compras, “aunque mi familia no lo usa porque en este supermercado no se permite el pago aplazado”, recalca. A Marina le gustaría ganar más porque “manejamos dinero a diario, y eso es una responsabilidad que no se paga. Como primer trabajo, pienso que está bien lo que hago, e intento compatibilizarlo con los estudios, pero es muy duro. Llego a casa después de las diez de la noche y bastante tengo con preparar el carné de conducir. Preferiría trabajar en una perfumería como esteticista, pero no he estudiado nada relacionado con eso. Me lo tengo que plantear. Si fuera mileurista, me podría permitir pagarme un Hyundai Coupé. En mi casa soy la pequeña de tres hermanos. Mi hermana ha estudiado mucho, por todos, y tampoco gana una millonada; mi hermano es mecánico y vive con mis padres. Yo creo que seré la primera en independizarme”.

Carmen Sánchez: “Hay muchas carreras sin un mercado laboral real”

35 años. Licenciada en Filología Hispánica. Trabaja en administración y atención telefónica 40 horas semanales. Gana 820 euros con pagas prorrateadas. Vive con su pareja en el piso de él.

“No me arrepiento en absoluto de haber estudiado filología hispánica. Pero no me ha servido laboralmente. Te valoran que tengas carrera, porque se supone que si trabajas de cara al cliente, como es mi caso, tienes una formación añadida y sabes expresarte mejor. Lo valoran, pero no se retribuye. De hecho, en mi departamento hay un buen porcentaje con carrera superior. Si volviera a empezar… suena triste, pero quizá no estudiaría”. Carmen trabaja en una empresa de distribución de material de oficina en recepción de pedidos y coordinando la labor de los comerciales. Después de varios cursos de formación, se cansó de buscar trabajo como documentalista y encontró un hueco en la atención telefónica. “Paradójicamente, cuenta más la experiencia que la formación académica. Mi trabajo actual no es sólo coger el teléfono. Ser resolutivo, coordinar con eficacia, ser conciso y ser la cara, frente a clientes y comerciales, de tu empresa debería estar mejor remunerado. Me gusta mucho mi trabajo, pero me dan palmaditas en la espalda y no me suben el sueldo. He ahorrado porque hasta hace dos años viví con mis padres e invertí en un apartamento en Alicante por el que pago 300 euros al mes. Creo sinceramente que tendría que cambiar el sistema. Si alguien funciona, estimulémosle con un salario digno. En España tenemos un sistema educativo erróneo. Por un lado, se ha abierto la veda de la educación y es fabuloso. Pero también hay muchas carreras sin un mercado laboral real.

Todavía recuerdo cuando me presenté a una oposición para auxiliar de biblioteca. Eran 25 plazas y 6.000 candidatos. Si la empresa privada no fomenta cuidar sus archivos, como se hace en Europa, y la Administración no crea plazas, ¿para qué han creado una carrera de documentalista? Y esto es sólo un ejemplo”.

Sheila García: “Mi profesión funciona con contactos, y yo no tengo”

23 años. Licenciada en Psicología. Trabaja como promotora y se paga un ‘master’ en psicología en situaciones de riesgo y catástrofes naturales. Gana una media de 576 euros.

“Sabía que cuando terminase la carrera, nadie me iba a estar esperando para contratarme”, dice serena esta aspirante a psicóloga clínica con la licenciatura aún caliente bajo el brazo. “Mi profesión funciona con contactos, y yo no los tengo. He escalonado los currículos y, de momento, me he metido en una agencia de promociones. Ya he trabajado como azafata en supermercados, presentaciones de videojuegos y promociones del carné joven. No es mi objetivo, pero no quiero apalancarme en casa de mis padres, como les está pasando a algunos compañeros. ¿Por qué no opto a trabajos de psicología? Porque se asimilan a voluntariado y no se cobra con la excusa de que consigues experiencia. El gran problema de los licenciados en Psicología es el voluntariado, que impide la contratación de verdaderos profesionales del sector. Nuestra sociedad no tiene claro que el apoyo psicológico exige profesionalización para poder ejercerlo con efectividad. Muchos de mis compañeros de promoción han acabado siendo becarios en los departamentos de recursos humanos, yo confío en que saldré adelante. Gracias a que aún vivo con mis padres, puedo invertir mi sueldo en un diploma de posgrado en salud mental en situaciones de violencia política y catástrofes. El resto del dinero lo ahorro. Hoy por hoy, si al menos fuera mileurista, me podría permitir comprar más libros para mi formación, ahorrar más y viajar, ahora que soy joven. La hipoteca la descarto. Con mil euros, no nos engañemos, es una locura ponerse a comprar vivienda”.

Marcos Pita: “Un investigador rara vez supera los mil euros”

28 años. Doctor en Química. Después de varios trabajos precarios, le han ofrecido empleo en una universidad de Estados Unidos con un sueldo de 2.200 euros. Su media de nómina en España: 962 euros. Vive con su madre.

Marcos ha desistido. Trabajó como investigador en el Instituto de Catálisis del Centro Superior de Investigaciones Científicas en Madrid; pasó tres meses en Holanda y otros tres en Suecia terminando el doctorado. En junio consiguió el
título, y durante los cinco años de tesis doctoral ingresó una media de 962 euros al mes con impuestos incluidos. “Un investigador rara vez supera los mil, y en la mayoría de los casos ni los alcanza. Por suerte, gracias a mis jefes en Suecia y en España he conseguido un contrato posdoctoral, de uno a cuatro años, en la Universidad de Clarkson. Allí podré terminar mi investigación en síntesis de nanopartículas. Me pagan unos 2.200 euros al mes y dicen que alquilar un chalé sale por unos 600. El cambio de vida es considerable y estoy decidido a emigrar”, dice este joven que es vicepresidente de la Asociación de Becarios Precarios de Madrid. “Me apunté a la asociación porque me iban a subir el IRPF de la beca. Sólo contamos como trabajadores para lo negativo. En teoría, íbamos a tener derecho a bajas laborales desde junio, pero va todo muy despacio. Los becarios de investigación no tenemos desempleo al acabar y te puedes pasar años en un departamento. Por no hablar de bajas de maternidad. En Suecia, a las embarazadas becarias se la alargan dos años”. En cuanto a la vivienda: “Es inviable derivar un 80% del sueldo a su compra, y tampoco se fomenta el alquiler joven… Tras una relación de pareja he vuelto a casa de mi madre; era imposible alquilar solo”.