CADA CINCO DÍAS

Cada cinco días
una golondrina
en blanco y negro
visita mi ventana.
Sus alas me dan las gracias
por haber amado.
Deja en el alfeizar
la espiga de barro
del nuevo nido
y emprende de inmediato
su regreso
a los ojos verdes 
de una gota de mar 
 
 
 (Escrito en agosto de 2001)
 
Pensando en los motivos que nos dan para amar tanto la vida
 
…. ….
 
Hoy han sucedido varias cosas extraordinarias. De esas que llenan el corazón como una llama. Por las que merece la pena olvidarse de los malos tragos. La culpa la tuvo el teléfono y las hermosas facilidades que nos da éste medio. Pude conversar con los gatos azules de Bélgica. También con el pisco de Lima. Después con Alvina, de quien quiero que conozcan, porque hace cinco años que no sabía nada de ella. Pues se remonta directamente a cuando surgió mi amor por Latinoamérica.
 
A finales de 1999. Último año de postgrado en la universidad. Un grupo de becarios procedente del otro continente. Del de muchos que me visitan. Después, en el año 2000, vinieron, o el alumno de la profesora que vino el año anterior, u otros. Alvina procedía del Estado de Goaiania, en Brasil, como futura profesora de Educación Fisica, y su tesina de investigación versó sobre la Capoeira. Y después, como todos los amigos que por una excepcional casualidad nos encontramos, también desaparecimos en el limbo de nuestras vidas. Se nos casó hace seis años también. Y apresuradamente hoy pude ver las imágenes de su niña recién nacida, el resto de la familia y su tía que tanto añoro:
 
 
Su espíritu dormido tiene resumida una palabra: belleza.
 
 
 
 
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ESTÁS HECHA…

 
 
 
Estás hecha de harina
de pan de la luz mía
de dulce vitualla blanca
de monedas cimbreantes
de miga vertiginosa
de manos que son divisas
de viento libre y asombrado
de pollera oscura y corazón
acústico porque mi boca
practica el grito adentro.
 
…. …. …. …. …. …. ….
 
Es un poema hecho de pan. Al lado de un horno ya tibio. La idea sobrevino en un estante a la altura de la cintura. Una silla desconchada pero cómoda. Fui a recoger la cita de William Faulkner que me dejé olvidada. Y también tomé nota del autor del libro donde está el epílogo del literato.
 
Se trata de "Sexta galería", escrito por José Luis Martín Vigil, nada más y nada meno que la sexta edición de 1983. Y dice así la cita de Faulkner:
 
""El escritor joven debe aprender de nuevo esas universales verdades, tan antiguas, del corazón,  sin las cuáles está de antemano condenado, por efímera, cualquier novela, el amor, el honor, la piedad, el orgullo, el sacrificio. Mientras no  haga esto escribirá bajo una maldición. No escribirá de amor sino de lujuria. No estará escribiendo del corazón, sino de las glándulas.
 
El hombre es inmortal, no porque es la única de las criaturas que tiene una voz inextinguible, sino porqué está dotado de un alma, de un espíritu capaz de compasión, de sacrificio y de resistencia. El deber del escritor, del poeta, escribir acerca de estas cosas. Su privilegio consiste en elevar al hombre levantándole el ánimo, recordándole el valor, el honor, la esperanza, el orgullo, la piedad—"
 
Con la primera parte de la cita es posible que el sótano de letras o  Iván ya estén pendientes de algún comentario, o Iliana de alguna gesta al más puro estilo de Pancho Villa. Aunque volviendo al poema, donde es "luz" debería ser "alma", pero lo cambié para que no hubiera confusión y acusación con la obra "Inés del alma mía" de Isabel Allende.
 
 

CUITLAHUAC

 
Parada de Metro de Cuitlahuac. Ciudad de México
 
 
 
Espera.
Una línea gris
tenue
se arroja
al vacío
como una aguja
iluminada
vacía
muda
¿crees que
soy yo?
 
….. …..
 
Uno de mis amigos tiene su propio espacio. Y plantó, como si fuera un tallo de marihuana, tal imagen del metro de su ciudad. Preguntándose por tantas cosas que sugería a los demás una posible respuesta. Además, él detalló los síntomas que la imagen le había producido. Y es lógico que cuando se escribe un poema, no sólo obra la creatividad propia, sino que también, el pensamiento de los demás, en bruto, como adobes, se pueden tomar para disolverlos e interpretarlos.
 
 

PARÁBOLA

 

I

No me preguntes
de dónde vengo
ni a dónde voy.
Sólo dime,
espíritu viajero,
quién soy.

….. …..

Ayer me olvidé de recoger la nota que había escrito en un trozo de papel. Se quedó en la panadería del barrio, encima de una mesita improvisada de trabajo, como un anaquel a la altura de la cintura.

Se trataba del fragmento de una cita de William Faulkner, recogido en el epílogo de una novela. Es lo que estaba leyendo Claudia mientras no vienen clientes. Y me llamó la atención por los motivos a los que el sorprendente escritor se refería: una obra sin corazón es como una vela sin viento que la empuje.

Supongo que hay verdades universales que el tiempo no deja maltrechas. Verdades que duran más allá de lo predeterminado por el ritmo de las décadas.

Y esta noche me acordé de semejante olvido, el cual me va a costar una fortuna, porque la intención pasaba por dejar en esta entrada el tenor literal del fragmento.

En el sentido de lo que expresaba, Faulkner es la metáfora de otros años, allá por principios de los noventa, cuando antes y después de las clases, mi corazón andaba enfrascado en la lectura de cuantos escritores y poetas -de la generación del 98 y posteriores- cantaron sobre las tierras castellanas.

Perfectamente, una de las primeras guías de turismo de Castilla-León, junto con una imagen del río Pisuerga, aguardaba dos versos de Gerardo Diego o unas líneas gruesas de Azorín.

Pero nada como la sencillez de mi querido Machado, el sevillano que se metió a soriano nada más adquirir la madurez poética. Pues el buen Antonio, muy pronto se mostró ávido de filosofía en sus proverbios y cantares, entrando a formar parte de mis inquietudes más próximas: el sentido poderoso de las corrientes; el devenir del mar; el ritmo circular presente en las norias o en las ruedas; la búsqueda de su particular Dios o la visión prematura del destierro.

Tanto me gustaron sus proverbios que, sin perjuicio de emularle, también arranqué hojas al árbol de la poesía breve, sin apenas rima, pero directa al grano, sin excesivos rituales.

“Rituales” es un término del que una compañera argentina está enamorada y que hace mucho no se de ella.  Tan enamorada de él que muchos de los poemas que dejó en nuestra página web llevaban ese título.

En mis particulares proverbios me preocupé por desovillar el corazón. Sobre todo en lo que respecta a las inquietudes. Y eso explica perfectamente por qué soy tan amigo del campo castellano.

Por mi sangre materna corren los ríos de Tierra de Campos. Justo en los límites donde la provincia de Burgos concluyen y hacen su entrada los precipitados páramos de Palencia.

Estoy acostumbrado, entonces, a las eras, al calor de agosto, a la leña, a los corrales, a las baldosas de tierno rojo, a la hornicha, al sombrero de paja, a la iglesia de espadaña, al río, al presunto puente de talla romana, a las ruinas de un molino, al camino de la estación y los columpios.

De todo eso sólo queda una abuela tallada en la inmovilidad y que abre los ojos como una enredadera, claros y aviesos, en cuanto abra la boca y finga el deseo de marcharme otra vez a Latinoamérica o cualquier otro lugar lejos de su escucha.

Y si siempre tuve espíritu viajero, desde luego, lo fue por convicción, la cual ha hizo matizándose con el transcurso de los años, así hasta llegar hasta mis treinta y uno, donde los que resten solo estarán hipotecados por todos los lugares, abrazos, personas y poesías que restan por crear y compartir.

Lucho por esa vivienda y por la dignidad de crear un espacio común y compartido, con independencia, hasta el momento, del tipo de trabajo desarrollado.

Esta generosidad, por último, no es un gesto de entretenimiento, sino la respuesta a lo gratamente sorprendido que me encuentro, gracias a compañeros poetas, artistas, originales, sesudos, locos o cualesquiera que aquí andamos: Iliana, Iván, Diana, Gloria, Angels, Lucía, Antonio, Jaime, Silvia, Belén y… cada día son más.

Aunque el precio de haber estado dos semanas estudiando sea un severo retraso. Por fín hoy regresé.

Sólo comentar que, a mediodía, el Moncayo estaba blanco como la espuma. Brillante. Majestuoso. Y después se debilitó en el horizonte, por la ribera del Ebro.

CAMPOS DE CRIPTANA

  Hubo quien derramó
cien adargas
un par de galgos enjutos
y gruesas manchas
de tinta granada
y no se olvidó de inventar
locos y hambrientos
caballeros
andantes
enfrentándose
contra gigantes de harina
aunque después
los siglos resbalaron
los mancos desaparecieron
en la ceniza
dejándonos
abrazos de madera
tendidos
en la tierra

…..

Estoy en Madrid por motivos laborales. Dentro de un par de días vuelvo al norte y dejaré de estar tan ausente. No obstante, el fin de semana estuve en el sur de la provincia de Málaga y aproveché la trayectoria para dejarme caer por la parte más oriental de la provincia de Ciudad Real, concretamente por los términos de Tembleque, Valdepeñas, Campos de Criptana, Alhambra, Puerto Lápice, Alcázar de San Juan, Argamasilla del Alba y lagunas de Ruidera, entre otros, y aunque no formaran parte estricta de la provincia citada. Algunos lo llaman la ruta del Qujiote, y concretamente los molinos de Campos de Criptana es donde el manco de Lepanto, dígase Cervantes, situó la acción del enfrentamiento de Don Quijote con los presuntos gigantes que en realidad eran molinos de viento.

Esa es la parte de poesía, pero no es lo que deseo que se lea únicamente. Estas dos semanas de ausencia son de debida disculpa a todos mis compañeros de space, y digo COMPAÑEROS con mayúsculas y en sentido de ambos sexos, hombre o mujer. Porque quien crea aquí el hábito de hablar de sí mismo y además visitar y participar del sentimiento del resto, también lo eleva al carácter de costumbre. Es más, sirve para darme cuenta de lo poco que somos sin lo que los demás nos aportan.

También tengo la inquietud sembrada, alimentada con la lectura de la prensa diaria, sobre todo, a raíz de la entrevista que leí a un literato español, Francisco Umbral, que al margen de ideología o cárisma, dijo algo que me llamó la atención: el artista tiene que hablar de sí mismo. El artista vive de sus sentimientos y los tiene que extraer de sus vísceras para extenderlos fuera. Y en el mismo sentido parecen expresarse otros tantos como Caballero Bonald, Luis García Montero, Muñoz Molina o cualesquiera artistas anónimos.