CHANSON D’AMOUR

 

  "y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida"
José Watanabe

 

…. …..

 

Elegí tu cuerpo
para caminar

para detener el aliento

bebemos
de la incomprensión
del pasado

pero
nos acompañan
la luz estoica de Watanabe
y llamas verdes
de Neruda

vos eres la arcilla
que se deja

yo
te moldeo

quiero
que se rompan
estas rejas geográficas

elegí tu olor
para abrirte

una mandarina tropical
j
oven
casi virgen

Sabines te espía

ritmos
de brújula

tus pechos
son un escándalo
húmedo
y turgente

elegí tu navío
para temblar

siempre he sido así

pienso en volver

tus labios
me provocan
el hábito de soñar
furiosamente

y será

nunca tuve
tantas olas
como las tuyas

elegí

 con los ojos
cerrados

con el pulmón
erecto

con el verbo
inmoral

elegí

el oxígeno
del cóndor
p
ara volar

  ….. ….. ….. ….

 

Aitor Arjol
29 de abril de 2007

(R)

 

QUIERO SER MARINO

 
 
 
 
 

Quiero ser marino
como mi abuelo.
Navegar por el humo
de las habitaciones.
Echar las redes
en el polvo de los estantes.
Y pescar infinitivos
como quien ama
libros y libertades.

 

 

….. ….. ….. …..
 
 
Escrito hace seis años. Presente en alguna antología. Pero se me revela como un poderoso antídoto y, con el tiempo, como una profecía, pues se está cumpliendo al pie de la letra.
 

MACHADO XXI

Vera de Moncayo
 
MACHADO XXI
 
 
He vuelto a ver la curva de ballesta del Duero. Realizaron nuevas obras en la orilla opuesta al paseo entre San Polo y San Saturio, en la parte más próxima a Soria. Nada más desviarse por el primer acceso que se asoma a Soria, viniendo de la carretera de Tarazona, asoma el perfil del monte de las Ánimas. Tal y como lo describiera Gustavo Adolfo Becquer en su leyenda.
 
Las columnas del claustro de San Juan de Duero están enfrente del Mirón y de los antiguos restos de murallas de la ciudad. El Mirón es donde Machado paseaba a su mujer, ya en silla de ruedas, y convaleciente, siguiendo el consejo médico de respirar el aire castellano.
 
Comimos en el rincón del poeta. En la cabecera de las escaleras que ascienden a la ermita de San Saturio. En el mismo lugar donde, en la década de los treinta, el pueblo soriano rindió un merecido homenaje al poeta. Hasta que un simpático vehículo se acercó y quiso aparcar en el mismo lugar. No nos echaron, pero la cara de los tipos que venían dentro era tan poco recomendable que nos regresamos al centro de la ciudad ¿Ahora aquel lugar sería lugar de encuentro para comisión de algún delito? ¡Cómo han cambiado los tiempos!
 
Me acerqué a la Oficina de Turismo de la capital. María José se llamaba la que nos atendió. Muy amable y pormenorizada en las preguntas. Venía como aprendiz y no como turista. Es decir: una diferencia abismal. Pero este año se han editado dos trípticos: uno sobre los lugares machadianos en Soria y otro sobre la ruta del poeta a los Picos del Urbión y la Laguna Negra.
 
Éste segundo viaje, el de Machado a Vinuesa, partiendo de Cidones, pienso realizarlo durante el primer fin de semana de mayo, casi antes de que el lunes y martes pueda acudir al Congreso que sobre él se celebrará en la Residencia Juvenil que lleva su nombre. Porque este año huele a conmemoraciones.
 
Únicamente me lástima que la imagen, obra y personalidad de un poeta, sean pasto de los intereses políticos y de las oportunidades económicas generadas a tales efectos. Pero así es la realidad de sobria y mentecata, puesto que la única diferencia que media, entre la mayoría de arrieros y unos pocos representantes, es el trabajo: a principios del siglo pasado había hoces para los campos, y ahora hay manos para la precariedad laboral.
 
Pero volviendo a la ermita de San Saturio: ya está abierta al público. La última vez que visité el lugar estaban restaurándola y aquel paraje parecía una selva de andamios. Ahora vuelven a cantar los pájaros y las ramas acogen un tierno verde, propios de finales de abril.
 
La ciudad sigue como si tal cosa. Vista desde el Duero parece que no ha cambiado, pero un par de grúas de construcción, allá al poniente, atestigúan cambios urbanos que no son excepción en ninguna parte. El resto sigue oliendo a Machado: el reloj de la Audiencia; la calle de la pensión donde se alojaba; el olmo henchido; el Instituto; la calle Collado.
 
El resto han sido dos días pendientes de un proceso de selección para marcharme a vivir a Zaragoza, si fueran bien las cosas. Lo más cerca posible de la sierra del Moncayo. Y si no: tiempo al tiempo. Porque frente a la falta de espacio de la ciudad, y a la enorme sobrevaloración de la vivienda urbana, el asunto de irse a vivir al campo es algo más que un planteamiento alternativo.
 
Amo la sierra del Moncayo porque en ella convergen muchos y variados factores:
 
-Las andanzas de los hermanos Becquer.
-Está a medio caballo entre Soria y Aragón, palpitando como un enorme caballo gris.
-Tarazona, Ágreda y Borja quedan a un paso.
-En su mayoría son pueblos con viejos restos amurallados como Añón, Alcalá de Moncayo, Vozmediano o Talamantes.
-Aquel paisaje es un producto infinito para la creación.
-No se trata de una huida, sino de la búsqueda progresiva de un factor humano para convivir mejor con  la literatura.
-El monasterio de Veruela y el vino de los campos de Borja forman parte de mis símbolos más arragaidos.
 
Y por supuesto, los campos de Castilla están al alcance de las manos: sabinas, pinos albares, madroños, lobos, tierras de labor, pueblos desvencijados, lomas pulidas, castillos ruinosos, manantiales furiosos, tomillo, almendros, trigales, encinares y mucho olvido.
 
Soria, como Teruel, probablemente sea una de las provincias de la península más olvidadas. Poca presencia de infraestructuras de comunicación, paisaje agreste y baja densidad poblacional constituyen factores de tal desencuentro. Pero a cambio son como maleza que esconden muchos valores, pendientes de observación y descubrimiento.
 
Sólo es cuestión de detenerse.
 

 

ME CONTARON

 
 
Mis versos te recordarán que los rostros
de las rosas se parecen al tuyo
Ernesto Cardenal
 
 
 
 
Me contaron
que volviste a morder cuellos y papeles
que el país prosigue su estela de asambleas
que las copas se marchan de los bares
en busca de mosaicos
que las balas  amanecen desnudas
en los volcanes
que los locos y sediciosos penetran
en los cráteres
que los ríos están presentes aunque tímidos
que la cordillera sigue perdiendo su barba blanca
que nuestras uvas ruedan por la nostalgia
como tranvías marinos
que te quedan pocas semanas de asfalto europeo
que amaneciste con un rayo y una raíz
que mis palabras viajan en litera
que buhoneros y alimañas se disputan los escaños
que hace más de un año estoy aquí
presuntamente de regreso
que mi patria es un cuerpo sin pasaporte
que cientos de pájaros nos hacen preguntas
que los meridianos no bostezan a su paso por el trópico
que todavía pienso en mis raíces, hombros y amantes
que el tiempo se ha fracturado el fémur
que el azar es un convicto
que amo Quito, Lima, Buenos Aires y Valparaíso
que somos torpes con los labios y perennes
con el afecto
que nuestros huesos crecen hacia el infinito
que me retrataste con gorriones parisinos
que leyeron tu diario en busca de migas
de cereal blanco
que alguien vino y se esfumó de nuevo
que quiero quiten los cerrojos
y me invada la sonora huida
del hambre
y por fín encuentre
el rastro de la hierbabuena.
 
 
…. …. …. …. …..
 
Esta vez pido que el poema sea leído, escuchando y dilatado en el corazón. Porque tiene mucho coraje y desperfectos. Encierra una honda crítica a la política, al paso del tiempo y la hipocresía. También tiene esperanza y una autocrítica sin complejos: porque regresé hace un año y medio, y aunque he regresado me siento y no me siento. Quiero decir: deseo volver un tiempo. Pero ese deseo implica ganarse la vida y afrontar económica y emocionalmente dicho salto. Mientras tanto, piensas en lo que los demás te cuentan de cómo va el país aquel que dejé, y también pienso en que mi corazón, este corazón mío, me cuenta, así, de puertas hacia dentro, cómo está, cómo pelea, porque hay cerrojos que quiero que se rompan; y para manifestar la rotundidad de ese deseo, lo señalo como una sonora huida hacia el hambre. Quiero tener hambre para salir de nuevo y encontrar el rastro de la hierbabuena -esta palabra simboliza pasión y sé muy bien quién me la proporcionó.
 
Gracias inevitables a la futura poeta Belén Jaramillo, que pronto concluirá su estancia en Europa y volverá, allí, con los viejos intelectuales ecuatorianos. Y de paso, me proporcionó la lectura de Ernesto Cardenal, un veterano poeta de Centroamérica. Gracias también a Tatiana Luna, quien anda navegándose por su recién iniciada aventura por León Mera. Recuerdos a Raul Perez Torres. Nostalgia a la hierbabuena. Afectos a Lima. Amor a mi familia y hermanos de Santiago de Chile.
 
Porque me siento y creo que soy como asiente el poeta Antonio Gamoneda: pobre, honrado y sobre todo, sacaré la poesía adelante con trabajo y esfuerzo. Nunca con favores y especulaciones políticas. Y porque me iré con los artistas que me de la gana, no con los que me digan. Y además, porque este espacio es el principal punto de encuentro que tengo.
 
Un abrazo a todos. Y disculpas por seguiros siempre a destiempo. Para mayo necesitaré ayuda para sacar lo de ahí arriba adelante: no es un libro; es una utopía de campesino.