MACHADO XXI

Vera de Moncayo
 
MACHADO XXI
 
 
He vuelto a ver la curva de ballesta del Duero. Realizaron nuevas obras en la orilla opuesta al paseo entre San Polo y San Saturio, en la parte más próxima a Soria. Nada más desviarse por el primer acceso que se asoma a Soria, viniendo de la carretera de Tarazona, asoma el perfil del monte de las Ánimas. Tal y como lo describiera Gustavo Adolfo Becquer en su leyenda.
 
Las columnas del claustro de San Juan de Duero están enfrente del Mirón y de los antiguos restos de murallas de la ciudad. El Mirón es donde Machado paseaba a su mujer, ya en silla de ruedas, y convaleciente, siguiendo el consejo médico de respirar el aire castellano.
 
Comimos en el rincón del poeta. En la cabecera de las escaleras que ascienden a la ermita de San Saturio. En el mismo lugar donde, en la década de los treinta, el pueblo soriano rindió un merecido homenaje al poeta. Hasta que un simpático vehículo se acercó y quiso aparcar en el mismo lugar. No nos echaron, pero la cara de los tipos que venían dentro era tan poco recomendable que nos regresamos al centro de la ciudad ¿Ahora aquel lugar sería lugar de encuentro para comisión de algún delito? ¡Cómo han cambiado los tiempos!
 
Me acerqué a la Oficina de Turismo de la capital. María José se llamaba la que nos atendió. Muy amable y pormenorizada en las preguntas. Venía como aprendiz y no como turista. Es decir: una diferencia abismal. Pero este año se han editado dos trípticos: uno sobre los lugares machadianos en Soria y otro sobre la ruta del poeta a los Picos del Urbión y la Laguna Negra.
 
Éste segundo viaje, el de Machado a Vinuesa, partiendo de Cidones, pienso realizarlo durante el primer fin de semana de mayo, casi antes de que el lunes y martes pueda acudir al Congreso que sobre él se celebrará en la Residencia Juvenil que lleva su nombre. Porque este año huele a conmemoraciones.
 
Únicamente me lástima que la imagen, obra y personalidad de un poeta, sean pasto de los intereses políticos y de las oportunidades económicas generadas a tales efectos. Pero así es la realidad de sobria y mentecata, puesto que la única diferencia que media, entre la mayoría de arrieros y unos pocos representantes, es el trabajo: a principios del siglo pasado había hoces para los campos, y ahora hay manos para la precariedad laboral.
 
Pero volviendo a la ermita de San Saturio: ya está abierta al público. La última vez que visité el lugar estaban restaurándola y aquel paraje parecía una selva de andamios. Ahora vuelven a cantar los pájaros y las ramas acogen un tierno verde, propios de finales de abril.
 
La ciudad sigue como si tal cosa. Vista desde el Duero parece que no ha cambiado, pero un par de grúas de construcción, allá al poniente, atestigúan cambios urbanos que no son excepción en ninguna parte. El resto sigue oliendo a Machado: el reloj de la Audiencia; la calle de la pensión donde se alojaba; el olmo henchido; el Instituto; la calle Collado.
 
El resto han sido dos días pendientes de un proceso de selección para marcharme a vivir a Zaragoza, si fueran bien las cosas. Lo más cerca posible de la sierra del Moncayo. Y si no: tiempo al tiempo. Porque frente a la falta de espacio de la ciudad, y a la enorme sobrevaloración de la vivienda urbana, el asunto de irse a vivir al campo es algo más que un planteamiento alternativo.
 
Amo la sierra del Moncayo porque en ella convergen muchos y variados factores:
 
-Las andanzas de los hermanos Becquer.
-Está a medio caballo entre Soria y Aragón, palpitando como un enorme caballo gris.
-Tarazona, Ágreda y Borja quedan a un paso.
-En su mayoría son pueblos con viejos restos amurallados como Añón, Alcalá de Moncayo, Vozmediano o Talamantes.
-Aquel paisaje es un producto infinito para la creación.
-No se trata de una huida, sino de la búsqueda progresiva de un factor humano para convivir mejor con  la literatura.
-El monasterio de Veruela y el vino de los campos de Borja forman parte de mis símbolos más arragaidos.
 
Y por supuesto, los campos de Castilla están al alcance de las manos: sabinas, pinos albares, madroños, lobos, tierras de labor, pueblos desvencijados, lomas pulidas, castillos ruinosos, manantiales furiosos, tomillo, almendros, trigales, encinares y mucho olvido.
 
Soria, como Teruel, probablemente sea una de las provincias de la península más olvidadas. Poca presencia de infraestructuras de comunicación, paisaje agreste y baja densidad poblacional constituyen factores de tal desencuentro. Pero a cambio son como maleza que esconden muchos valores, pendientes de observación y descubrimiento.
 
Sólo es cuestión de detenerse.
 

 
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9 comentarios el “MACHADO XXI

  1. NO NAME dice:
    Se dice el pecado, no el pecador.

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  2. NO NAME dice:
    Veo que escribes a diario o casi. Así que, para tí, es un buen antídoto contra el fardo de la vida, y conviertes el gruñir en poesía.

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  3. NO NAME dice:
     Soria y Teruel son tan bellas precisamente por estar olvidadas , el tiempo se ha parado en sus pueblos y diría que hasta en el espíritu de sus habitantes , dotándolos de una elegancia que ya no se acostumbra.

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  4. NO NAME dice:
    rectifico! Ultima estrofa, segundo poema: Que xace no país da negación…

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  5. NO NAME dice:
    Hola de nuevo… Ayer y trás horas de trabajo (caprichos de la web) he perdido mi mejor

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  6. NO NAME dice:
    Alfonso Láuzara, habla aquí sobre la ecologia y su descuido; un homenaje a la plataforma gallega: "NUNCA MAIS"

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  7. NO NAME dice:
    Y… Para ti, un gustito de frances:

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