CUENTOS DE FUEGO, Mara


CUENTOS DE FUEGO

Tengo que advertir que el nombre de cada cuento juega con los nombres de mujer que empiezan precipitadamente por la eme, sin que signifique necesariamente que se corresponda con quien, casualmente se llame así. Otrosí, también el lector deberá poner en duda cualquiera de mis aseveraciones

II
MARA

 
Tú: todavía no me han quitado las llaves y la oportunidad de cantarte
 
Ella siempre aprovechaba los ratos de silencio para acomodarse frente a la ventana. Con ese mismo silencio dejaba pasar los aullidos de la ciudad. La gran ciudad. Colgada del volcán como una media luna. Qué aparatosa. Creciendo a golpe de martillo y nuevos barrios que se agotaban contra las quebradas y los pocos espacios que restaban abiertos.

Sus ojos no temblaban. Los de ella se parecían a esos mismos que, alguna vez, me contaron, cuando el avión estaba a punto de aterrizar, o simplemente sus alas de iban al otro lado del charco, a la vieja Europa, que más allá de la pista quedaba un inmenso praderío.

¿Vos sabías aquello mientras mirabas? Porque estás más acostumbrada a los canchales y ladrillos de Lima. A los suburbios complejos y a los amaneceres tórridos de sus playas. Te acomodabas frente a la ventana y contabas con la misma simpleza cuántos autos, carros, vehículos, camionetas u otras palabras similares, iban y venían.

¿Te das cuenta de cómo han cambiado nuestros tiempos? Pues yo te imagino oteando desde una vasta superficie acristalada, sin rejas, en una dirección cambiante, al ritmo de otros latidos, pero no sé en qué piensas.

Y mientras computo todas estas bravuconadas de la memoria, un amigo me planteaba nuevos interrogantes, en plena medianoche, cuando las dudas huelen a cuerno quemado:
-¿Volverás a por ella?
-No lo sé.
E insistía:
-Sé muy bien las razones por las que quieres volver, pero no me interesan.

Y mi corazón seguía acosándole con la misma pregunta, devolviéndome él la misma respuesta que le había dado unos minutos antes::
-¿Ella sigue aprovechando los ratos de silencio?
-No lo sé.

Pero estaba seguro de que algo sabía, a pesar de que afirmaba tajantemente que habían cortado las comunicaciones. Acaso le había entrado complejo de telegrama ¿Entendiste?

Pero deja que siga recordando.

Sus ojos eran un dulce vigía. Abarcaban todo el espacio visible de los míos. Solo me fijaba en ellos a ratos, y cuando no me veía. Carajo que yo era más terco que la selva, pues me fijaba a escondidas en el producto de su mirada. Antenas corridas en la azotea. Grandes lebreles publicitarios. La mancha granítica del sur, expandiéndose hasta donde no alcanzaba ni el dedo tendido hacia el horizonte.

Sin embargo, ahora, ambos, ella y yo, somos dos vasijas de barro separadas por el océano Atlántico.

Ella estará a punto de adoptar medidas contra la distancia. Habrá aprovechado para rehacer los hilos de su madura vida. Habrá viajado de nuevo, conforme a las atribuciones y exigencias de su trabajo, pues tenía y sigue teniendo responsabilidades ligadas a la comunicación de los continentes.

Ella siempre miraba más allá de los callados. Más allá del materialismo impreso por los ojos de los europeos. Pero no me di cuenta de mi parálisis ideológica hasta que regresé, y me encadené a la rutina ibérica.

Volví a trabajar. A ligarme a una profesión cualquiera, a cambio de unos cuantos billetes mensuales. Como hacen todos. Inventando una burbuja artificial donde poder desarrollarme como un autómata más.  Levantándome a la misma hora. Reiterando idéntica y fría sonrisa. Formando parte de la jauría. Exclamando que viva la astronomía. Aplaudiendo a los pajarillos políticos.

Casi recobro parte de la síntesis continental. Mas amaso la harina con parsimonia y enfrento a quienes piensan como ellos quieren que pensemos los demás, a contracorriente de los estándares impuestos. Compro el periódico y lo abro por la sección de política estudiantina. Qué aburridas son las indulgencias del Congreso. Todos los días ofreciendo titulares a los medios de comunicación, para que luego, claro está, solo ellos fueran los que se acogotan en las columnas, apremiándose con sintomatología sexual, lo bien que han salido y muestran sus declaraciones.

Eso le contaba a mi amigo, que hace dos años se marchó a Madrid, a reeditar su vida, emocional y profesionalmente. El muy huevón ya no permanecía incrédulo, porque le había mostrado más de una docena de sacos de empirismo. Es decir: argumentos, palabras soeces, franqueza y desprecio absoluto por la hipocresía que nos invade.

-Sabes, José Manuel, que parece que volví a ser como ellos, pero no. No me ha todavía alcanzado el rayo de la normalidad.
-Ya lo sabía, antes de que añadieras nada más.

Él me conoce muy bien. Sabe lo difícil que resulta acceder a lo más íntimo de la piel. Pero son más de diez años de convivencia, con mayor o menor frecuencia. Desde los asientos contiguos del primer año de carrera universitaria. Y después de habernos desplazarnos cada uno, por las incontinencias de los caminos, sabemos que hay mucho hartazgo.

-¿Volverás a por ella?
-Eres un galgo demasiado veloz ¿sabes?

Es evidente que las conversaciones no se tejen al azar. Donde hay vasos no falta el orujo. Tenía interés inaudito en averiguarme más allá de lo indulgente. Por qué quiero volver ¿Quién es ella?

Es que ella ahora estará caminando por las esteras peladas del parque. O armándose de nuevo con otros proyectos. Y encima le puse nombre de hierba olorosa, como hacen los de la sierra cuando regresan al hogar y en su nariz se les representan las especias que su mujer congregaron en la olla.

Si supiera que aquí lo normal es que el deseo cause estragos por su tendencia a la pereza. Las hipotecas y el ladrillo son el opio que más reclamamos. Casi se han olvidado que ascender al Aconcagua pudiera ser más gentil y dificultoso que pagar a plazos un carro de gran cilindrada. ¡Nunca te refieras a metas para las que únicamente se requiera voluntad y esfuerzo! Es más útil montarse en un burro, ponerle matrícula y una generosa media docena de inyectores y bujías.

No es que haya perdido atractivo, o lo hubiera arrastrado como la rueda de un molino. Siempre me consideraron ágil, despierto y con un carácter de almadía. Pero también terco y rotundo como una mula.

Solo que allí, en Lima, Buenos Aires o en las alturas de Cartagena de Indias, la ternura es como una lanza aguda que te penetra profundamente. Y por ende, de zorzal en busca de alpiste, pasas a ser cóndor amante del oxígeno femenino.

Nada que ver con la parsimonia de mi norte. Maldito invernadero. Mientras, yo aquí, con la estrella todavía meridiana, reiterándome como si fuera un cigarrillo animado por superar su adicción al humo.

Si él supiera que volver a por ella es mucho más que volver a por una mujer. Ella es el continente entero. Aunque, si tuviera que entrar en detalles, y desgajar nombres de cada pétalo de la margarita, es algo que solo sabrán quienes me acompañen el viaje de vuelta.

-Son muchos nombres, compadre. Muchos. Pero no te preocupes, que el tango ya empezó a arder en cuantiosas llamas.

 

 

Aitor Arjol
julio de 2007
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Esta entrada fue publicada en MSN.

7 comentarios el “CUENTOS DE FUEGO, Mara

  1. NO NAME dice:
    Leyéndote en estas horas de antigüedad… la "M"… ja, coincidencia maravillosa ya que se tratan de Mujeres… y esos cuentos de fuego que nos estarán esperando desde cada esquina de tu espacio… Tengo la certeza infinita de que llegarás a mucha gente con estos relatos…

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  2. NO NAME dice:
    Hola Aitor, ahora la descastada soy yo, apenas tengo tiempo para mi, y por eso tardo en pasarme a visitar esta parte de tu vida, hs escrito mucho, y me gusta como lo haces, pero esta letra en blanco me dificulta leer, ( no veo muy bien), veo que has madurado en tu manera de escribir y los sentimientos van a mano con la pluma y lo escrito, ya formas parte de la historia de las letras, te felicito.

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  3. NO NAME dice:
    Buf…..He leído tus dos cuentos de fuegos y me he quedado sin palabras. Son tan perfectos en el lenguaje, en lo que se transmite….Creo que algún día serás un escritor famoso con libros en las librerías y bibliotecas . De pequeña, siendo niña me obligaban al silencio sabes? Tanto que lo llegúe a conocer. Hoy , el rato de silencio lo tengo siempre que lo necesito, puede estar todo el mundo a mi alrededor hablando, o la TV o lo que quieras… que de algún modo me escurro entre el sonido, al fin y al cabo entre un sonido y otro necesariamente hay un silencio….Tal vez el truco está en ampliarlo hasta el infinito todo lo que lo necesites. Y si la mirada de pierde mas alla de lo que miras….y divagas y sueñas…

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  4. NO NAME dice:
    Aplausos y vítores junto a una reverncia. Precioso cielo.

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  5. NO NAME dice:
    Estoy sorprendida…

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  6. NO NAME dice:
     Quizás solo necesitas volver presencialmente porque en realidad nunca la has dejado.  Ahora tengo un dilema.. prosa o verso? Besotes enormes

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  7. NO NAME dice:
    Dominas la prosa igual que el verso… estuve leyendo los cuentos de fuego y se leen solos, sin que te des cuenta… son muy buenos.

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