CUENTOS DE FUEGO, Iratxe

 
 
 
CUENTOS DE FUEGO

III
IRATXE
 

 
 
 
Ella me ha regalado un libro de poesía. Tiene las tapas cenicientas. No es producto del otoño. Ni su color macilento es un homenaje a las mansas aguas del Ebro a su paso por Zaragoza. Es un libro nacido en el Odeón. O al menos, allí es donde terminó es mis manos. Mis manos categóricas, frontales y menudas.
 
El libro tiene versos y sus techos son de papel. No hay mayor democracia que la poesía. Ojalá la usura jugase con un préstamo literario ¿verdad? Pues no imagino que alguien me prestara un nuevo ejemplar, de cualquier autor extraño pero imprescindible en estos tiempos que corren, a cambio de pagarle con una cantidad de poemas elevados a un interés leonino. Es decir, que por cada página prosaica me comprometiera a devolver la misma cantidad de emociones versificadas.
 
Sería un contrato hermoso ¿no te parece, mi querida emigrante? Que vos y yo pudiéramos prestarnos numerosas páginas, calzadas por capítulos e incisos, contra reembolso de cierta cantidad de palabrás más, sin complejos, sin divisas y sin demasiados protocolos.
 
¿Pero no sabés quién es su autor? No importa. Podría ser cualquiera. Pero es poeta. No sé si de los grandes. Y viene del otro continente. De alguna gran ciudad. De donde conservan la ternura mejor que aquí, no tan enlatada ni profusa en billeteras.
 
Seguro que se trata de un hombre sencillo. De esos que dedica las mañanas a ejercer docencia en alguna universidad popular y luego, después de comer, se sienta, holgado, en su sillón, con su bocota ágil, a fumar y otear los medios, hasta el punto de lanzar injurias a la devacle política de todos países de cuya mención ya se ignora sobremanera en España.
 
Imagina que el hombre después se levante y tome, entonces, el teléfono, o se ponga directamente delante de la computadora, y le dé órdenes a un tipo inalámbrico, que crece dentro de las armaduras, y que llame a través de internet.
 
¿Qué carajos sucedería si el poeta te llamara? ¿Sorprendida quizás? ¿Sonreirías porque el autor del libro que me has regalado está invocando tu sonrisa y dándote las gracias por ser objeto de difusión y obsequio?
 
-Oye, llamo para darte las gracias. De veras. Mira que viajar se ha convertido en un asunto controvertido.
-Pues no esperaba, así, de repente, porque trabajo de noche.
-Che, ¿en serio? -y seguía, con el entreceño fundido en un asombro- ¿pero acaso vos eres taxista de la gran urbe? ¿o algo más sencillo como esas que van con la paila dorada en el tacón?
-No seas burro ¿quién te ha autorizado para soltar esas bromas tan pendejas?
-Tranquila, que no es asunto serio, que vos y yo nos conocemos, y sabes de mi terrible ironía.
-Bueno -y vos le contestabas, con ese delicado tenor de ribera-, ya sabes que el otro día le regalé tu libro, porque un poeta como tú, debería saber que lapalabra no debe quedarse como una taza de café.
-¿Y de quién se trata? ¿Quién es mi lector?
-Es otro como tú.
-Oye, chamaca, ¡cuántas veces repites el tú! ¡Olé mis huevos, porque ya sé que te gusta tanto el Salinas ese! Dime al menos cómo se llama.
-¡Roque!
-¿Roque?
-No, que roque te vas a quedar como sigamos hablando. Ya sabes que me gusta pelllizcar tu curiosidad.
-Eres de lo que no hay, de verdad.
 
Se nota que tú y él nos lleváis tan bien ¿Todos vuestros telefonazos son así de agudos, a coletazos? Es divina la comunicación de este siglo. Si estuviera dentro de aquel auricular, hubiera muerto de la envidia, bendita mujer ¿sabes por qué? Porque tengo hambre de franqueza y de energía. De gentes como vosotros, carajo. Así que nos llenen el deposito de esa golosina.
 
¿Y os llamáis todos los días? ¿en qué ciudad vive? ¿en alguna metrópoli con damero? ¿rodeado de montañas? ¿tiene río de nombre musical? Joder si son demasiadas preguntas. Es que soy más curioso que vos. Pero desde que abrí las primeras páginas, y desperté con los rayos de su poesía, me ha entrado un apetito voraz.
 
A tu libro me lo llevé temprano, antes de que la temperatura subiera y el asunto de la excursión a Trasmoz pasara de largo y necesitara una heladería con piernas para solventar el calor de julio. Sí. Me fui con él. A las mesas de una cafetería en Tarazona. Porque parece que allí el viento refresca y agiliza los rayos. O por lo menos me sentía más cómodo rodeado de ladrillos mudéjares. Bueno, y me senté, sí, como imaginaba que el tipo lo hiciera en su estancia, frente a la emisoria de radio o la mierda que dan los canales de televisión.
 
Pedí un café con leche. Y me vino una camarera morena, de pelo largo y ondulado. Dios que casi se me caen las lentes. Con una falda negra, con la abertura hasta la parte menos visible de los muslos. Casi le dejo mi número de teléfono o dos retahílas verbales en el posavasos abandonado de la mesa. Aunque a buen seguro tal comportamiento me hubiera barrido de inmediato, lejos de la cafetería. Y esto no lo incluyo entre paréntesis: es que todavía me pueden los dos años largos que viví en Quito, rodeado de libros y seductores ojos negros.
 
El asunto es que mientras lo tomaba, aún con la cuchara olvidada en el plato, más se transfiguraban en mí las ganas de conocer al héroe del libro. Muy locuaz. Sensible. Animado. Permanecí a la escucha. Por si el libro hablaba. Pero no.
 
¿Y te llamó ayer también? Es que estuve pensando. Cierra los ojos pues. Tiembla y sueña de nuevo. Al principio ignoraba que lo conocieses ¿te acuerdas? Vamos, que así, a voz de pronto, me había hecho un remedode idea.
 
Ahora es un libro de carne y hueso, que ha estado en Tarazona y en otros cuantos lugares más. Creo que sé el porqué de su tono apagado. Como de toner gastado. Es para despistar: lo mejor suele ser aquello que pasa desapercibido o no merece nuestra atención.
 
He comprendido el objeto de tu presente. Justo antes de que me contaras acerca de tu vida, enfermera. Sí. La vida para los justos es más dura, pero el resultado es un bálsamo para el espíritu. Pero prosigamos.
 
Te lo voy a explicar con más detalle. Cuando leo al viejo Bendetti, o al recio César Vallejo, o al aparejado Neruda, entiendo que en ellos, por no decir de otros cuántos, la sencillez pasa por dejar a la sociedad un mensaje muy claro: nos gustaría que ustedes mirarán más allá, y rompieran con la costumbra malsana de juzgar por la mera presencia y el infinito poder la imagen; más allá, sí, que ustedes abriesen la boca como un galeón, y su corazón con mayor lentitud, olvidándose del tiempo, para poder entrar en el fondo de las cosas, ahora que los valores no tienen valor y que, para ustedes, solo cuenta el color brillante de la piel de la manzana, y no la carnosidad del fruto.
 
Eso quisiste decir con ese libro. Porque a simple vista, uno diría que es la guarrada de la ciudad. Alguna obra de aventuras. O una biografía dolorosa. O una rosquilla, con miles de ventas y sucesivas ediciones. De algún mequetrefe idealista y olvidado en las bibliotecas ¡Para que abrirlo y preguntar por él entonces!
 
Pero sabes que no soy de esa materia. Sabes, sin lugar a dudas, que lo raro me pervierte. Entonces, lo abrí y saqué el hueso y me comí el fruto amargo de todas las páginas. Y ni siquiera el epílogo se me atragantó. Y nos vengamos de todos los seres inútiles. Y eructé a los cielos, convidando a alcaldes, promotores inmobiliarios y políticos de tranca mediática.
 
Es un hombre cojonudo. Déjame decir. Vale su peso en oro. No de ese que metálico y por el que se han peleado históricamente. Me refiero al oro de la sabiduría ¿vale?
 
No sabes cómo te lo agradezco. Aunque ahora, me urgirá que la próxima vez que le llames, sea una multiconferencia, o un parto, porque me habéis dado más luz que una claraboya.
 
Menudo par estáis hechos, tú y él. Que sí. Vos la que aparece y desaparece. Él tan sesudo y desconocido a golpe de vista. Pero le he descubierto. Y a partir de hoy no te quedará más remedio que compartir sus letras conmigo.
 
….. …..
 
Aitor Arjol
23 de julio de 2007.
 
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Esta entrada fue publicada en MSN.

4 comentarios el “CUENTOS DE FUEGO, Iratxe

  1. NO NAME dice:
    Recien te leo . Estoy trabajando. En diez minutos termino mi jornada y salgo de viaje hacia Asturias. Voy a estar ausente una semana. Me imprimi tu cuento para relerlo en el camino. Esto solo son unas cuantas palabras. A la vuelta te escribiré en serio. O quien sabe tal vez desde desde allí. Espera mis letras… Gracias Aitor

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  2. NO NAME dice:
    LLegue sorprendida a tu mundo de letras maravilloso

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  3. NO NAME dice:
    Lo que estoy escuchando lo quiero seguir escuchando, precioso tema. Vuelvo con más tiempo para leer esos cuentos de fuego, vuelvo.

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