POESIA BREVE II

 
 
 
 
II
 
Humo dulce
y viajero caudaloso
son los íntimos
propósitos
de  mi voz
cuerpo
y grito
 
 
 
….. ….. ….. …..
 
Gracias a vuestros comentarios, como Paco o Carlos, cambié dos adjetivos: espontáneo por dulce; breve por íntimo. De esa forma enfatizo la fuerza del poema y dejo la brevedad al título. Todavía albergo la duda si mantengo "alma" donde ahora antepongo "grito". La trilogía de voz, cuerpo y alma está demasiado vista a pesar de ser transparente.

APUNTES DE GALICIA

 
 
 
Prólogo para Zulema, que me dejaste curioso comentario en el Libro de Visitas: toda mi línea materna es de los Balbases. Preguntá por ahí quién era el viejo Casimiro, doña Adelina -profesora de mi madre y tíos cuando eran niños, de Obdulia -que bajaba a las bodegas con un candelabro asustando a los jóvenes al decir que hablaba con los muertos-, del huerto de Santiago -con romero-, de un guindal camino de la antigua casa del cura, o de un ataud que cayó del muro del antiguo cementerio de la iglesia en época de inundaciones, o del viejo pichón o autobús que hacía la línea en la década de los sesenta y que el chofer, hasta hace no pocos años, regentaba una gasolinera en Castrojeríz.
 
 


Casa Lameiro, en Amandi. Orilla lucense del río Sil. Agosto de 2000

 
 
 
TELARAÑAS

A Lola Ferreiro
 

Somos la buena fortuna
del castaño.
Hundimos la mader
cuando te pisamos
y tu corazón
cual bulto dormido
espera en el vestíbulo
de la noche.
¿A qué hora el vapor,
el hierro de la locomotora,
el tren de los mouros
vendrá a nuestro andén.
El ama de llaves
apagó las luces
y ocho azares
ocuparon la estancia.
Nos colgamos del techo
y bailamos el bals
de los inviernos.
Las moscas huyen
de nuestras lianas selváticas,
tan blancas, tan añejas,
tan pródigas en olor a cuba.
Esta noche, Lola,
las arañas debieron fundar
su sueño de alfareras
y me hicieron
un tren de telarañas
 
He estado yendo durante casi ocho años al interior de la provincia gallega de Lugo. A los cañones del río Sil. A donde le dicen que es la Ribeira Sacra porque en tiempos de la Alta Edad Media, o es más, casi remontándose al periodo visigodo, el curso escarpado del río Sil ocultaba un gran número de comunidades eremíticas. Fruto de ello se conservan unos cuantos centros religiosos, de mayor o menor antigüedad, hasta el mismísimo complejo de San Pedro de Rocas, en la orilla orensana, que sobrecoge por sus tumbas antropomorfas. Iba cada dos o tres meses, o cada seis, y me quedaba entre un par de días o una semana. A donde la familia de mi mejor amigo. Así ha sido hasta ahora. Incluso cuando estuve trabajando en Ecuador, durante dos años, en un organismo internacional y venía de vacaciones a ver a la familia, me escapé para allá. Aprendí gallego rápidamente. Leí a Alvaro Cunqueiro y otros literatos de aquellas tierras. La casa de mi familia "adoptiva" es antigua, fruto de una adquisición en la década de los cuarenta me supongo, ya que entonces el río Sil lo embalsaron y la familia tuvo que ascender porque la otra casa, todavía más antigua, la cubrieron las aguas. Entonces Lolo, el abuelo de mi amigo, cuentan que hasta se subió la antigua puerta de madera de castaño monte arriba, y se la dió a Pura, una vecina simpática, pequeñita, de Vigo, y allá la tiene ella en su casa ajardinada, con romero, frutales y un viejo muiño de auga.
 
Lolo era barquero y se dedicaba a pasar viandas y personas de una a otra orilla del río. Enfrente están localidades orensanas como Sacardebois, Cristosente o más abajo, los Peares, donde se juntan los ríos Miño y Sil. Allá tenía espacio, refugio, mesa para escribir, perros, leña, restos de una vieja calzada romana, pulpo a la gallega, caminos, pinos, silencio y tradición. Pero el tiempo pasa y el destino, que sé que no rinde justicia a los buenos corazones, hizo que la muerte se llevará por delante a uno de mis confidentes más queridos, la mamá de mi amigo, Lola, tan joven ella, tan dedicada, tan afable y tan buena persona. De una enfermedad que nos deja presos y nos da término de un día para otro. El cáncer no da tregua. Y tuve conocimiento hará unos veinte días de esto. Aunque sucedió en abril, como la copla.
 
Allí escribí un poemario, donde se acumularon los poemas que escribía de noche, en silencio, cuando todos se habían ido a dormir, sobre todo: el abrigo del abuelo, las moscas, el grifo, los seres mitológicos como los mouros, la viña, el orujo, los viejos gallegos, las chanzas, el río y las coplas. Primero iba en tren: por eso guardo escritos durante el viaje. Luego en coche, saliendo desde Bilbao, Zaragoza o Antequera, de donde Tere. Nadie se imaginará los mil kilómetros que uno se puede hacer perfectamente desde Málaga hasta Monforte de Lemos, alterando la línea recta del itineario, un poco, para acercarse a algunos castillos de la provincia de Toledo o Valladolid. Dígase por ejemplo Valencia de Don Juan, Urueña, Iscar, Montefuerte, Malpica de Tajo, Mora, Almonacid o vaya vos a saber cuántos más.
 
Pero a lo que iba, la casa guardaba una vieja ánfora romana, a modo de vinagrera. El piso es de tablas de madera de castaño y las vigas igualmente, apolilladas y donde cada salto en la habitación es un desmadre. En invierno se duerme con una manta de lana de oveja, de las buenas, de las que calientan y aguardan del frío. Pero además, algunas arañas, simpáticas y que no hacen mal, también. Cuentan los gallegos que no se pueden aplastar de un zapatillazo porque son nuestros antepasados, y nos cuidan. Les hice un poema. Ahí está. Es como si ellas estuvieran hablando, y al final, en cursiva, me adelanto narrándo en primera persona y le digo a Lola qué están haciendo.
 
El poemario se llamó "Amandi", como el nombre de la pedanía. Un ejemplar imprimí y cosí a mano, y se lo quedó la eterna Lola, que trinchaba el pulpo como nadie. Ahora sólo me queda el recuerdo y las ganas de volver allí, a dejar el rastro y la gotera de la vida, y un ramo de flores donde ella descansa. Acercarme a compartir café y castañas asadas con mis primos Toño y Ramona o algunos más que se han ido haciendo mayores.
 

APUNTES DE COLLIOURE

 
 
 
 
 
 
 
Tumba de Antonio Machado en Collioure, Francia. Mayo de 2006
 
 
 
COLLIOURE
 
Estos días azules
y este sol de la infancia
Antonio Machado
 
Viejo papel arrugado.
Apenas te tenías ya en pie.
Las últimas olas del mar.
El receso del viento
sobre las hojas mártires.
Aún quedaba aliendo
para retratar la infancia
con una lacustre sonrisa.
¿O tal vez melancolía?
Azules eran aquellos días
de presteza solitaria.
La tierra, aunque tenue
como una vereda seca,
sigilaba tus pasos
transeúntes sobre la arena.
Caracolas que ahora piso
en un devoto cementerio francés.
Aquí postraste tu camino
y una fuente de fresco talle
reverdece sobre ti
 
 
La primera vez que visité la tumba de Antonio Machado en Collioure, debió ser a finales de verano del 2000, cuando estaba más enamorado que una cuba de vino, de una preciosa mujer, habitante de un cercano pueblo a Vic. Una hora al norte de Barcelona, sin ir más lejos. Curiosa comarca de la Ossona, según cuentan, por lo que es normal que, a medio o largo plazo, terminé mencionando Centelles, Tona, Seva o las inmediaciones del embalse de Sau, vieja patria del bandolero Serrallonga. El caso es que, con el coche recién estrenado, fuimos ambos a Collioure. Una larga ruta, porque aprovechamos a pasar el día por el castillo de Villajuiga, algunas calas de la Costa Brava, Cadaqués, Port Ligart, el monasterio románico de San Pere de Roda, Portbou, Cerberé y por fin, Collioure. Ni qué decir que para solo un día los sentimientos se condensaron rápidamente. Ella tomó imágenes con una cámara analógica, de aquel entonces, pero el carrete salió velado por alguna razón. No así tomé bastantes, aunque en ninguna aparecía yo.
 
Collioure, agostado en torno a un viejo castillo del siglo XV, todavía conserva su estructura y encanto de no haber sido maltratado demasiado por los turistas. Además, cuenta con ser la patria de Matisse y otro escritor inglés, por lo que es cuna artística. Y el cementerio, en donde enterraron a mi poeta favorito, es el de los pocos donde no da demasiado disgusto entrar.
 
 
 

DESPUÉS DEL SILENCIO

 
 
 
 
DESPUÉS DEL SILENCIO
 
 
 
 
 
Hemos proyectado hacia dentro
universos de sueño
que la vigilia jamás conocerá
Ulises Estrella
 
 
 
 
Después del silencio estás tú.
Pienso en  vos como la claridad
manifiesta que me arrastra
en pos de otro continente.
Me alargo en un suspiro y
también abrevio entre campos
manchados de verde oscuro.
En Aragón nacieron el vino,
la huerta y el estilete claro
de mi padre desarrapado
bricando por los páramos.
Quizás el viento todavía
me asombra con sus ruinas.
Las bodegas corren como
una liebre amarilla
en su soledad vacía
y el tiempo se pudre
en las almenas subterraneas.
Más es agosto y la uva
madura en mis ojos
y la tierra grita con vértigo.
¡De Magallón a Buenos Aires,
de Quito al pausado Moncayo
beso hectáreas de mar
subrayadas en mis labios!
 
 
 
Aitor Arjol
15 de agosto 2007
 
 
….. ……
 
 
A mediados de octubre me marcho
 

TINTO DE AIRE

 
 
 TINTO DE AIRE

 

El viento acelera y los carrizales se envainan. No muy lejos, modernos gigantes se disputan el sueño de Quijote. La tecnología ha alterado el paisaje. Siempre supe pues, desde que era niño, las varias ocasiones en que ascendimos allá arriba, con las suelas de las zapatillas atorándose en una ascensión sin sendero, con el piso blando y erosionado.
 
El tiempo -lo afirmé hace unas semanas- es una gotera inmensa. Así como el espacio donde uno se muestra, no para ser pasto de admiraciones y reconocimientos, sino para dejar recados de los sentimientos propios y ajenos, a quien interese. No me apetece nada en absoluto sembrar besos, aunque debo hacerme responsable de la presunta imagen que de aquí sale, disparada en la interpretación de quien me lee.
 
Amo leer y observar en el paisaje de los demás. Sus intereses, preocupaciones, ánimos, hijos, incendios y frágiles sonrisas. Más que suficiente para que conectarse a internet constituya un comportamiento con sentido y aprendizaje, no una adicción o entremés para echarse unas risas y un rato divertido.
 
Por otra parte, veré si puedo compartir imágenes que he ido tomando en la fase de "aprendizaje". Amo las tomas generales, desde lejos, como si fueran percibidas como un ojo que desciende, poco a poco, hasta meterse en el significado más profundo de los elementos de un lugar, pueblo, motivo, viña, carrizal o piedra. La fotografía merece la definición de "arte de la instrospección". Me supone una acción que añade un sentido más al primigenio y verbal de la poesía: el visual.
 
 
 
 
Balsa de Alberite, Zaragoza. Agosto 2007
 
 
Se trata de una balsa surgida del manantial a donde mi abuela paterna iba a lavar la ropa. Soy de campo. Mi abuela nunca fue concejala, ni discutiría en Navarra por si la presidencia es de UPN o PSOE, y nunca perdería el tiempo discutiendo sobre a quién corresponde la culpa de los desmanes del sistema de Cercanías en Barcelona. Eso es cosa de los excrementos políticos. Lo mío es más sencillo y menos práctico: escribir.
 
Más estos campos, que dicen de "Borja" por acoger la denominación de origen de los vinos de la misma procedencia, son recorridos por el río Huecha, breve, que desemboca en el Ebro desde su nacimiento en las estribaciones del Moncayo. Básicamente se dedica a recorrer el somontano de la sierra, hasta descender a la ribera en una veintena de kilómetros. Rico en huertas, regadíos, frutales, viñedos y cultivo de cereal.
 


Magallón tinto, Zaragoza. Agosto de 2007

 
Magallón está tumbado sobre un otero. Y cuando regresas, por la tarde, la carretera describe un semicírculo sobre sus lomos, lo que permite sentirlo desde diferentes perspectivas. Parquear el carro en un camino, y buscarse un hueco entre matorrales, sin más trípode que el equilibrio.
 
También hoy me dieron luz verde para cambiar de residencia sin pérdida de estabilidad. Se abre un horizonte más claro. Dejé de lado, durante un año y poco más, la línea de continuidad. A este medio le debo un puñado de almas bellísimas, pero que por las limitaciones de tiempo y necesaria ordenación, no puedo compartir demasiado.
 
 
Espero que, en alguno de mis estancias, pueda coincidir con otros locos de la fotografía, del cuento o del aire libre. Sí, del aire. Como lo ha sido en Zaragoza, o en Valencia.