APUNTES DE GALICIA

 
 
 
Prólogo para Zulema, que me dejaste curioso comentario en el Libro de Visitas: toda mi línea materna es de los Balbases. Preguntá por ahí quién era el viejo Casimiro, doña Adelina -profesora de mi madre y tíos cuando eran niños, de Obdulia -que bajaba a las bodegas con un candelabro asustando a los jóvenes al decir que hablaba con los muertos-, del huerto de Santiago -con romero-, de un guindal camino de la antigua casa del cura, o de un ataud que cayó del muro del antiguo cementerio de la iglesia en época de inundaciones, o del viejo pichón o autobús que hacía la línea en la década de los sesenta y que el chofer, hasta hace no pocos años, regentaba una gasolinera en Castrojeríz.
 
 


Casa Lameiro, en Amandi. Orilla lucense del río Sil. Agosto de 2000

 
 
 
TELARAÑAS

A Lola Ferreiro
 

Somos la buena fortuna
del castaño.
Hundimos la mader
cuando te pisamos
y tu corazón
cual bulto dormido
espera en el vestíbulo
de la noche.
¿A qué hora el vapor,
el hierro de la locomotora,
el tren de los mouros
vendrá a nuestro andén.
El ama de llaves
apagó las luces
y ocho azares
ocuparon la estancia.
Nos colgamos del techo
y bailamos el bals
de los inviernos.
Las moscas huyen
de nuestras lianas selváticas,
tan blancas, tan añejas,
tan pródigas en olor a cuba.
Esta noche, Lola,
las arañas debieron fundar
su sueño de alfareras
y me hicieron
un tren de telarañas
 
He estado yendo durante casi ocho años al interior de la provincia gallega de Lugo. A los cañones del río Sil. A donde le dicen que es la Ribeira Sacra porque en tiempos de la Alta Edad Media, o es más, casi remontándose al periodo visigodo, el curso escarpado del río Sil ocultaba un gran número de comunidades eremíticas. Fruto de ello se conservan unos cuantos centros religiosos, de mayor o menor antigüedad, hasta el mismísimo complejo de San Pedro de Rocas, en la orilla orensana, que sobrecoge por sus tumbas antropomorfas. Iba cada dos o tres meses, o cada seis, y me quedaba entre un par de días o una semana. A donde la familia de mi mejor amigo. Así ha sido hasta ahora. Incluso cuando estuve trabajando en Ecuador, durante dos años, en un organismo internacional y venía de vacaciones a ver a la familia, me escapé para allá. Aprendí gallego rápidamente. Leí a Alvaro Cunqueiro y otros literatos de aquellas tierras. La casa de mi familia "adoptiva" es antigua, fruto de una adquisición en la década de los cuarenta me supongo, ya que entonces el río Sil lo embalsaron y la familia tuvo que ascender porque la otra casa, todavía más antigua, la cubrieron las aguas. Entonces Lolo, el abuelo de mi amigo, cuentan que hasta se subió la antigua puerta de madera de castaño monte arriba, y se la dió a Pura, una vecina simpática, pequeñita, de Vigo, y allá la tiene ella en su casa ajardinada, con romero, frutales y un viejo muiño de auga.
 
Lolo era barquero y se dedicaba a pasar viandas y personas de una a otra orilla del río. Enfrente están localidades orensanas como Sacardebois, Cristosente o más abajo, los Peares, donde se juntan los ríos Miño y Sil. Allá tenía espacio, refugio, mesa para escribir, perros, leña, restos de una vieja calzada romana, pulpo a la gallega, caminos, pinos, silencio y tradición. Pero el tiempo pasa y el destino, que sé que no rinde justicia a los buenos corazones, hizo que la muerte se llevará por delante a uno de mis confidentes más queridos, la mamá de mi amigo, Lola, tan joven ella, tan dedicada, tan afable y tan buena persona. De una enfermedad que nos deja presos y nos da término de un día para otro. El cáncer no da tregua. Y tuve conocimiento hará unos veinte días de esto. Aunque sucedió en abril, como la copla.
 
Allí escribí un poemario, donde se acumularon los poemas que escribía de noche, en silencio, cuando todos se habían ido a dormir, sobre todo: el abrigo del abuelo, las moscas, el grifo, los seres mitológicos como los mouros, la viña, el orujo, los viejos gallegos, las chanzas, el río y las coplas. Primero iba en tren: por eso guardo escritos durante el viaje. Luego en coche, saliendo desde Bilbao, Zaragoza o Antequera, de donde Tere. Nadie se imaginará los mil kilómetros que uno se puede hacer perfectamente desde Málaga hasta Monforte de Lemos, alterando la línea recta del itineario, un poco, para acercarse a algunos castillos de la provincia de Toledo o Valladolid. Dígase por ejemplo Valencia de Don Juan, Urueña, Iscar, Montefuerte, Malpica de Tajo, Mora, Almonacid o vaya vos a saber cuántos más.
 
Pero a lo que iba, la casa guardaba una vieja ánfora romana, a modo de vinagrera. El piso es de tablas de madera de castaño y las vigas igualmente, apolilladas y donde cada salto en la habitación es un desmadre. En invierno se duerme con una manta de lana de oveja, de las buenas, de las que calientan y aguardan del frío. Pero además, algunas arañas, simpáticas y que no hacen mal, también. Cuentan los gallegos que no se pueden aplastar de un zapatillazo porque son nuestros antepasados, y nos cuidan. Les hice un poema. Ahí está. Es como si ellas estuvieran hablando, y al final, en cursiva, me adelanto narrándo en primera persona y le digo a Lola qué están haciendo.
 
El poemario se llamó "Amandi", como el nombre de la pedanía. Un ejemplar imprimí y cosí a mano, y se lo quedó la eterna Lola, que trinchaba el pulpo como nadie. Ahora sólo me queda el recuerdo y las ganas de volver allí, a dejar el rastro y la gotera de la vida, y un ramo de flores donde ella descansa. Acercarme a compartir café y castañas asadas con mis primos Toño y Ramona o algunos más que se han ido haciendo mayores.
 
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7 comentarios el “APUNTES DE GALICIA

  1. NO NAME dice:
    Las cosas que tienen historia son las más ciertas, las que nunca se pueden negar y, por ello, las que llenan con facilidad el corazón de quién las recibe.  Gracias por compartir esta historia y este poema, tan reales como el sol en la mañana.

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  2. NO NAME dice:

    con el referente que anexas al poema todo toma su forma, lo antiguo atrapa tantas cosas que nos fascina, lo antiguo nos conmueve, nos remite a presencias, lo antiguo es reticente, como esas telarañas de las que hablas, que difícil, Aitor, es decirle a la gente "adios", o no decirlo a tiempo,…como acaba de sucederme. yo me imaginé un tren de telaraña, hecho del color del humo, o el color de la neblina,… que amable son las arañas cuando tienen los nombres de quienes anhelamos ver.

    un abrazo.
    carlos

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  3. NO NAME dice:
    Me gusta el escrito…..y me gustaba el anterior, antes de que lo retocaras. De todas formas la cebolla es bella, tanto por sus capas externas, como por su interior….todo es cebolla. Espero que al menos no hayas perdido la primigenia inteción,si, aquella que borraste. Yo espero que no la hayas borrado de tí, porque a mi mé molaba ver otro Aitor…que ya sabes que es el mismo….jum

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  4. NO NAME dice:
    Por un momento estuve allí, a orillas del río, dónde huele a hierba mojada y a piedra y les he visto a todos. Gracias. Precioso de verdad 🙂 Besitos

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  5. NO NAME dice:
    Nada como rememorar sensaciones eternas con las del presente….

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  6. NO NAME dice:
    Nada como rememorar sensaciones eternas con las del presente….

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  7. NO NAME dice:
    Tú no me conoces , yo tampoco jaja soy hermana de Elizabeth o Alia , nada un saludo para ti y suerte 😉 …adiosin (no hablare de tus escritos pq no soy muy entendida en eso , lo haces muy bien para mi ignorante vision )

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