ACTITUD DEL GÉNERO BOVINO FRENTE A LA POLÍTICA. Por Aitor Arjol

 
Diario de la Montaña
Seccion Sociedad
Domingo, 30 de marzo de 2008
 


Representantes del género bovino concentrados en el entorno rural de Mirandaola,
manifiestan su actitud frente a la clase política
Autor: Aitor Arjol

LA REVOLUCION DEL GÉNERO BOVINO 

El género bovino manifiesta públicamente su actitud frente a la política en los campos de Legazpi

Representantes del género bovino vasco mostraron su actitud frente a la situación política general, en los campos de Legazpi, en donde concurrieron en masa, con el fin de adoptar una serie de medidas en defensa del desarrollo natural del país. La concentración tuvo lugar en el entorno rural de las ferrerías de Mirandaola, en un valle cercano a Legazpi, una localidad guipuzcoana que tiene mucho que decir en el desarrollo industrial del País Vasco. Legapzi, Arrasate y Mondragón, sin ir más lejos, han sido protagonistas de las duras jornadas de trabajo de la clase obrera, en el último tercio del siglo XX. Aunque el hierro no es lo que era, el sector industrial sigue siendo clave en la actualidad, y lucha, codo a codo, con el olor añejo de la ferrería de Mirandaola, situada no lejos del lugar de la concentración.

Una de las ovejas, en efecto, nos cuenta que "elegimos este lugar, como sede de nuestro primer acto de expresión pública, dada su importancia simbólica en el desarrollo de esta tierra" y que "el hierro está presente mires donde mires en estos praderíos". Pero ahora, como afirman "lo más importante es demandar soluciones para los problemas que actualmente tenemos".

El género bovino ha estado siempre preocupado por la evolución del país y por los caminos que han tomado, en las últimas décadas, la clase política. Otra oveja, portavoz de comunicación del género bóvino, apunta que "en el caso de los políticos, la hipocresía es aún más grave, pues en teoría, su legitimación se basa en el pueblo que les ha elegido" y habida cuenta de que, ellos siempre han atribuido a las ovejas "condición animal, racionalidad limitada y ausencia de inteligencia humana".

El género bovino solo ha contado para los políticos y, la sociedad en general, como una simple materia de consumo en las neveras o amenaza contra el frío, con pellizas y jerseys de punto. Es tal el grado de crispación alcanzado que, el pasado mes, las ovejas decidieron unirse en una sola voz. "Somos más que lana" es uno de sus lemas más coreados.  No descartan llevar a cabo otras medidas, como boicotear el consumo de cordero lechal en las próximas navidades o celebraciones en actos públicos de la clase institucional, o no presentarse en el Concurso de Perros Pastores de Euskadi. Quieren dejar bien claro que lo suyo no es un acto de campaña o de visibilidad, algo que es tan típico en las instituciones públicas, y pedirán apoyo a medios de comunicación o figuras mediáticas del mismo sector.

Fuentes del género bovino discutieron la oportunidad de recurrir a Buenafuente, debido a su audiencia, capacidad de influencia y último de sus logros: el fenómeno televisivo Chikiliquatre, que resultó elegido para la próxima edición del certamen de Eurovisión. ¿Tendremos algún chiki-chiki basado en el arte de las ovejas? Nunca se sabe, pero una de ellas bromea y entona que "estoy dispuesta a tirarle los tejos a algún jugador del Real Madrid o del Barcelona" además de "ofrecer en exclusiva que la ex-novia de Jesulín de Ubrique se casará con un traje nupcial hecho de lana virgen de las ovejas merinas castellanas".

 

LA ALBADA DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA, EN BILBAO. Aitor Arjol

 
 
   
José Antonio Labordeta, interpretando la albada, en Bilbao, el 14 de marzo de 2008
Autor: Aitor Arjol

El día 14 de abril parto para Zaragoza. La tierra de mi padre. A mi padre le tengo mucho cariño y respeto. Hombre de su familia, trabajador, sencillo, y que, como muchísimos de nuestros padres, se ha dejado la piel para dar a sus hijos cobijo, educación y valores. Creo que yo, además, parto del hecho de que nunca deberíamos perder nuestro punto de origen. Aragón es como mis pulmones. Allí resido cuando no trabajo, en una casa blanca como las serranías andaluzas, en un pueblico adosado a la ribera del Ebro, lejos de la ciudad y de las prisas. Desde allí, no tengo más que alzar la vista para ver la silueta del Moncayo, engrandecida, en el somontano del río Huecha. Nosotros estamos más abajo, camino de Tauste, Cortés y Mallén. En suma, mi padre es uno de tantos emigrantes nacionales que, por necesidad y trabajo, emprendió camino, fuera de su provincia, estableciéndose en Bilbao, donde conoció a mi madre, también venida de uno de los últimos pueblos de Burgos, camino de la llanura palentina. Por eso, irse fuera a ganarse el pan, o a respirar otros aires, es parte de esta albada guerrera que José Antonio Labordeta nos cantó aquel 14 de marzo, en Bilbao. Albada para recordar a muchos políticos que, por encima de sus malditos votos, hay corazones singulares, auténticos, llanos y mucho más inteligentes que sus protocolos e intereses. Luego de Zaragoza, vendrá Madrid y de ahí, mis añorados Quito, Lima y ojalá, Santiago de Chile. Ojalá quienes leáis esto también escuchen la canción, lentamente, como una hoja cuando el viento la trae a nuestro corazón.

 
 
 
Adiós a los que se quedan
y a los que se van también
adiós a huesca seca provincia
a zaragoza y teruel
Esta es la albada del viento
la albada del que se fue
que quiso volver un día
pero eso no pudo ser.
Las albadas de mi tierra
se entonan por la mañana
para animar a las gentes
a comenzar la jornada
Arriba los compañeros
que ya ha llegado la hora
de tener en nuestras manos
lo que nos quitan de fuera.
Esta albada que yo canto
es una albada guerrera
que lucha por que regresen
los que dejaron su tierra.
 

José Antonio Labordeta en Bilbao. Aitor Arjol

Jose Antonio Labordeta

 

“Lo sensible se renueva” en el veterano trovador aragonés

 

El 14 de marzo pasado, con motivo del multitudinario homenaje a Blas de Otero, estuve unos minutos con José Antonio Labordeta, largo en poesía como el Ebro, y sencillo como las cimas de la sierra del Moncayo

 

 
José Antonio Labordeta, leyendo versos de Blas de Otero
http://www.youtube.com/watch?v=8TdD2lIrcd0

   
José Antonio Labordeta cantó para Blas de Otero y un numeroso público, el pasado 14 de marzo, en Bilbao, con motivo del homenaje que tiene lugar cada año, puntualmente, por tales fechas, para recordar al poeta que pedía la paz y la palabra. Un acto cercano, de una hora aproximada de duración, precedido por la intervención de Sabina de la Cruz, viuda de Blas y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del poeta.

 

Por el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta, donde tuvo lugar el evento, desfilaron la lectura de los poemas de Blas de Otero, en la voz y alma de otros dos poetas, además de mi querido trovador aragonés, que no solo recordó retazos de la vida del poeta bilbaíno, al que recordaba como un poeta fuerte y de gran presencia. Labordeta sigue destilando carisma y sencillez allí por donde pasa. Que es querido por todos, bilbainos y no bilbainos, es de sobra conocido, sobre todo porque en el salón de acto, estaba a rebosar, y tomar una imagen del evento era poco más que un ejercicio de malabarismo entre el pasillo central o los laterales.

 

Además, tuve que abordarle directamente, entre otros tantos asistentes que querían estrecharle la mano y darle las gracias, o simplemente profesarle el cariño al “abuelo”, tal y como se refieren a él cariñosamente en su tierra, Aragón. Con el abordaje le di un apretón de manos y estuve con él durante unos minutos, reiterándole el afecto que uno más de entre tantos le tiene. Y se quedó con el único ejemplar que disponía, en mi estante, del poemario que edité. Prometió escribirme. Ojalá. Ojalá tenga tiempo para que, entre tanto compromiso y gentes que le siguen, tenga una porción del mismo.

 

Labordeta, hijo de Miguel Labordeta y Juana Subías, nació un 10 de marzo de 1935, en Zaragoza. Escritor, cantautor, poeta y político, tenemos una imagen de él que siempre recordaremos: el caminante que, con su cayado y mochila al hombro, se recorrió algunos de los pueblos más representativos de la geografía española, hablando con sus gentes, comiendo con ellos, diciendo “buenos días” a cualquiera de los que acudía a la puerta de su casa a limpiar las mañanas.

 

Los caminos del poeta aragonés tuvieron reflejo en la serie “Con el País en la mochila”, compuesta por casi una treintena de capítulos por donde desfilan las tradiciones y la arquitectura tradicional de mi paisito, es decir, la otra imagen de la península ibérica, que nada tiene que ver con la que nos quieren vender a diario: la España de ajo y pandereta, de la tortilla, el flamenco y el chiki-chiki.

 

Si una canción que Silvio Rodríguez comparte con Karel García, señala que, en efecto “una flor es la prueba de que en medio de lo triste, lo sensible se renueva”, José Antonio Labordeta es la prueba de que, en medio de la estupidez masiva, aún quedan arrestos para seres humanos tan preciados como él.

 

 
Homenaje a Blas de Otero, en el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta. Aitor Arjol

 

REGRESO

 
 

 

REGRESO

 

Coraje de golondrina.

Sin fatiga en el vuelo.

Mi amor nunca termina.
Verdes labios del regreso.
 

 

 

 

 

 

El paisaje de la imagen se corresponde con el antiguo volcán Cotopaxi, que casi llega a los seis mil metros de altitud. Por un par de cientos y poco más no alcanza el techo, pero sí alcanza los corazones. La historia siempre lo pintó de espíritu libre e impredecible. Símbolo perfecto de la lealtad de la naturaleza. No sé si allí hay sinsontes. Allí siempre encontré el remanso de paz necesario. Me acuerdo en una jornada de trabajo, que realizamos, con el Instituto Geofísico y un autobús con miembros de las comunidades del valle de los Chillos: una excursión para conocer de cerca al gigante dormido. Es una forma de convivir con una amenaza natural. Yo, como el Cotopaxi, soy un volcán dormido, pero con una intensa actividad latente que va a despertar. 

 

Tomé esta leyenda, recopilada de una página del Consejo Provincial de Tungurahua:

 

La Mamá Tungurahua y el Taita Cotopaxi

"Los indios de Píllaro, así como hasta hoy, los indios de la provincia de León, creen que el "Taita Cotopaxi" es casado con la "mamá Tungurahua", y que en tiempos antiguos, hubo una espantosa "Guerra de celos", entre los dos volcanes". El Cotopaxi a escondidas del Tungurahua, había contraído ilícitas nupcias con la joven "Tionilsa" (el Iliniza menor cuyo nombre propio es el de "Catsungunbi" ), así como la Tungurahua, vivía en mal estado con el altísimo Cillcay (el altar). El alto Iliniza había ido a visitar a su amigo lejano. Entonces la Tungurahua ardiendo en celos repentinamente atacó a la Tionilsa, dándole tantos mosquetazos de tal manera de dejarla para siempre fea como la vemos ahora; al ver esa calamidad el "Cotopaxi" redobló sus furores, el carahuirazo le dejó en esqueleto y al Cillcay, le hundió y le mató".

"Esta leyenda es conforme la tradición contada por los indios del Lican Riobamba del gran cataclismo volcánico que acabó con el hundimiento de Cillcay o altar y que duró muchas semanas"

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El día 16 de abril me marcho de España.

 

 

EL SABIO Y LOS SINSONTES. Aitor Arjol

 
 
CENZONTLE
 
 
Hace un par de días recibí un correo electrónico colectivo, pero de muy distinta naturaleza a los aburridos mensajes en cadena que mando directamente a la yugular de los correos no deseados. Se trata de la despedida profesional y geográfica de alquien a quien la vida me unió en su momento. Se llama Mary Ann. Después de estar viviendo en Quito -Ecuador- durante los últimos cuatro años, nos comunica el final de esta étapa pero la contuinuidad de otra, que es la vida misma.
 
Lo hace desde su visión. Ella dice que Dios nos conduce por el camino que él cree necesario. En esas cuestiones, por ahora, soy más bien un ser despechado, en vista de las injusticias sociales que asolan el mundo. Pero también hay raíles invisibles que nos unen.
 
En este caso, versos bellísimos con los que encabezó su momentanea despedida. Del poeta norteamericano E.E. Cummings. Estoy de acuerdo con ella en que hay algo que nos conduce por los derroteros de la vida. En unos casos tendrá origen divino. Para mí, compañera, mujer y huella, se trata de los sínsontes, ese hermoso pájaro presente en una canción de la maza, interpretada por Silvio Rodriguez y otros.
 
Un pájaro que, conforme sus características, cuentan que su canto no solo es excepcional, sino que también es capaz de imitar el canto de otros pájaros. Pájaros como los que sabiamente Pablo Neruda dejó huella en una de sus obras. Pájaro que en México se llama cenzontle; combinación, en náhualtt, de las palabras cenzon-tlahtol-e, algo así como "cuatrocientos cantos", porque son capaces de interpretar centenares de canciones. 
 
El mensaje me llenó de recuerdos y otros tiempos, aunque la vida imponga su lógica autónoma. Y con estos y otros hilos conducentes, construí un cuento. El gran árbol donde me siento es una cafetería a orillas de la playa de Ereaga, con independencia de la bonanza o de las inclemencias del tiempo, junto al puerto viejo de Algorta, que en su momento, uno de los Becquer pintó.
 
Por supuesto, el gran sabio es la conciencia y el poder creador de la imaginación. Esto no es una declaración de amor. Quiero dejarlo bien claro, porque la mente humana interpreta libremente lo que lee, más si cabe cuando un texto tiene un determinado efecto poético y, en consecuencia, potenciador de los sentimientos.
 
Este texto tiene mucho de fidelidad, homenaje, respeto y, sobre todo, dar a conocer algunos aspectos de la vida interior de quien suscribe, sin ánimo de tener mayor protagonismo. Sirva pues de homenaje. A pesar de lo bien que va la vida, estoy en tiempos de necesitar sinsontes.
 
 
 
 
EL SABIO Y LOS SINSONTES
 
Nunca estoy sin él, donde quiera que yo voy…
He aquí el más profundo secreto que nadie conoce
He aquí la raíz de la raíz, el brote del brote
Y el cielo del cielo de un árbol llamado vida; que crece
más alto de lo que un alma puede esperar o una mente puede ocultar
y esté es el prodigio que mantiene a las estrellas separadas. 
Llevo tu corazón (lo llevo en mi corazón)
 
E.E.Cummings
 
Un sabio se sentó a la sombra del gran árbol. Uno de esos vestido con harapos y luenga barba. Me contó la historia del sinsonte, un pájaro sudamericano. Y al hacerlo, su garganta dejó escapar miles de ellos. He dicho miles. Miles de sinsontes volaron sobre mí. Miles se posaron en mis manos dulcemente.
 
Los sinsontes simbolizan lo puro. Lo que llevamos dentro. Eso me dijo el anciano. Que no me asustara. Que dejara posar sobre mis manos lo que él guardaba dentro. Que la vida nos lleva y conduce por donde los sinsontes quieren. Por eso me los dió, en vista de que estaba triste.
 
Sí, algo triste pero sereno. Sereno como un faro. Como un faro apagado porque no tiene necesidad de guiar a ninguna embarcación. La mar esta mansa. Aunque el sabio me previno. Si la mar está mansa es un mal síntoma. La mansedumbre solo me trae viento sin olor. Por eso vino el sabio y se sentó a la sombra. A la sombra del grán árbol.
 
El sabio me miró a los ojos. Sabía que todos los días vengo a sentarme al gran árbol. A tomarme un viejo café. Tan viejo como el abecedario del sabio. Tan amargo como las palabras. Tan denso como las rutas del alma.
 
Todos los días vengo. Sí. El gran árbol es la fronda predilecta donde me resguardo. Desde aquí contemplo la mar. La mar del norte. Y aquel día escuché la historia del sinsonte que me contó el sabio.
 
Estos miles de pájaros que se posaron y aletean vienen de muy lejos. El sabio afirmó que también habitan en los Andes. Que ahora que los tengo, me servirán de guía, para que no me pierda. Aseveró tajantemente que me conoce y sabe lo que ha trascendido en mi vida.
 
Todos llevamos una pesada carga oculta en el alma -setenció- y por mucho que la queramos esconder, nada es invisible a los ojos del destino. Pero hay que tener valor para detenerse en ello. Valor y profundas convicciones. Muchos huyen de semejante trecho, porque prefieren la facilidad con la que se teje, hoy en día, el otro camino. Muchos medran éste camino y el sabio me mostró unos monedas de plata en la palma de su mano, para que comprendiera de qué camino se trataba.
 
El sinsonte no es el pájaro, ni más abundante, ni más generoso. Solo sabe de corazón. Prefiere el agua pobre y clara, al oro brillante y jabonoso. Pero es un pájaro invisible. Apenas se ve. Así que podemos llevarlos consigo sin que la mayoría se percaten de ello. Sólo es visible para las almas puras y que se tomen el debido tiempo en descifrar su existencia. Por eso, el sabio, finalizando su historia, me ordenó:
 
-Sé leal con los sínsontes. Cuando dudes habla con ellos. Si es pasado, guían a través de los recuerdos. Si es presente, ayudan a través de la sabiduría. Si es futuro, obran a través de la fe.
 
  
Aitor Arjol, a 9 de marzo de 2008
 
 
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El sitio de los niños cubanos
 

 

El sinsonte del lomerío
 
Autor: Jacinto Echevarria Fuentes
Versión: Ingrid Padrón

 

Cuentan que allá por el lomerío, aquel de muchas palmas reales, trinaba feliz el Sinsonte. Día tras día, le regalaba a todos los habitantes del lugar, bellas melodías que llenaban el corazón de regocijo. Por eso, todos iban alegres a trabajar la tierra. Bueno, todos menos Juan Pascual.
Este guajiro egoísta quería que Sinsonte cantara solo para él y desde hacía tiempo planeaba capturarlo. Un día, lo siguió hasta su nido y descubrió que tenía tres pichoncitos que todavía ni tenían plumas. Entonces, pensó: "¡Esta es la mía!"
Y cuando el ave fue en busca de alimento, Juan Pascual se llevó los pichones.
¡Qué tristeza al descubrir que sus crías estaban cautivas! Sinsonte se posó en la jaula y fue atrapada. Miró fijamente a su carcelero y dejó de cantar. Así fueron pasando los días sin siquiera probar alimento. Prefería morir antes de seguir cautivo. Era tanta su firmeza, que a Juan Pascual le dio miedo de que muriera y privarse así de su canto, entonces, abrió la jaula. ¡Qué alegría! Enseguida se escuchó su hermoso trino.
¿Y Juan Pascual? ¡Ah! Este guajiro ignorante al fin comprendió que Sinsonte canta así de lindo porque es libre. ¡Libre en el lomerío! Ese es su mayor tesoro.