EL SABIO Y LOS SINSONTES. Aitor Arjol

 
 
CENZONTLE
 
 
Hace un par de días recibí un correo electrónico colectivo, pero de muy distinta naturaleza a los aburridos mensajes en cadena que mando directamente a la yugular de los correos no deseados. Se trata de la despedida profesional y geográfica de alquien a quien la vida me unió en su momento. Se llama Mary Ann. Después de estar viviendo en Quito -Ecuador- durante los últimos cuatro años, nos comunica el final de esta étapa pero la contuinuidad de otra, que es la vida misma.
 
Lo hace desde su visión. Ella dice que Dios nos conduce por el camino que él cree necesario. En esas cuestiones, por ahora, soy más bien un ser despechado, en vista de las injusticias sociales que asolan el mundo. Pero también hay raíles invisibles que nos unen.
 
En este caso, versos bellísimos con los que encabezó su momentanea despedida. Del poeta norteamericano E.E. Cummings. Estoy de acuerdo con ella en que hay algo que nos conduce por los derroteros de la vida. En unos casos tendrá origen divino. Para mí, compañera, mujer y huella, se trata de los sínsontes, ese hermoso pájaro presente en una canción de la maza, interpretada por Silvio Rodriguez y otros.
 
Un pájaro que, conforme sus características, cuentan que su canto no solo es excepcional, sino que también es capaz de imitar el canto de otros pájaros. Pájaros como los que sabiamente Pablo Neruda dejó huella en una de sus obras. Pájaro que en México se llama cenzontle; combinación, en náhualtt, de las palabras cenzon-tlahtol-e, algo así como "cuatrocientos cantos", porque son capaces de interpretar centenares de canciones. 
 
El mensaje me llenó de recuerdos y otros tiempos, aunque la vida imponga su lógica autónoma. Y con estos y otros hilos conducentes, construí un cuento. El gran árbol donde me siento es una cafetería a orillas de la playa de Ereaga, con independencia de la bonanza o de las inclemencias del tiempo, junto al puerto viejo de Algorta, que en su momento, uno de los Becquer pintó.
 
Por supuesto, el gran sabio es la conciencia y el poder creador de la imaginación. Esto no es una declaración de amor. Quiero dejarlo bien claro, porque la mente humana interpreta libremente lo que lee, más si cabe cuando un texto tiene un determinado efecto poético y, en consecuencia, potenciador de los sentimientos.
 
Este texto tiene mucho de fidelidad, homenaje, respeto y, sobre todo, dar a conocer algunos aspectos de la vida interior de quien suscribe, sin ánimo de tener mayor protagonismo. Sirva pues de homenaje. A pesar de lo bien que va la vida, estoy en tiempos de necesitar sinsontes.
 
 
 
 
EL SABIO Y LOS SINSONTES
 
Nunca estoy sin él, donde quiera que yo voy…
He aquí el más profundo secreto que nadie conoce
He aquí la raíz de la raíz, el brote del brote
Y el cielo del cielo de un árbol llamado vida; que crece
más alto de lo que un alma puede esperar o una mente puede ocultar
y esté es el prodigio que mantiene a las estrellas separadas. 
Llevo tu corazón (lo llevo en mi corazón)
 
E.E.Cummings
 
Un sabio se sentó a la sombra del gran árbol. Uno de esos vestido con harapos y luenga barba. Me contó la historia del sinsonte, un pájaro sudamericano. Y al hacerlo, su garganta dejó escapar miles de ellos. He dicho miles. Miles de sinsontes volaron sobre mí. Miles se posaron en mis manos dulcemente.
 
Los sinsontes simbolizan lo puro. Lo que llevamos dentro. Eso me dijo el anciano. Que no me asustara. Que dejara posar sobre mis manos lo que él guardaba dentro. Que la vida nos lleva y conduce por donde los sinsontes quieren. Por eso me los dió, en vista de que estaba triste.
 
Sí, algo triste pero sereno. Sereno como un faro. Como un faro apagado porque no tiene necesidad de guiar a ninguna embarcación. La mar esta mansa. Aunque el sabio me previno. Si la mar está mansa es un mal síntoma. La mansedumbre solo me trae viento sin olor. Por eso vino el sabio y se sentó a la sombra. A la sombra del grán árbol.
 
El sabio me miró a los ojos. Sabía que todos los días vengo a sentarme al gran árbol. A tomarme un viejo café. Tan viejo como el abecedario del sabio. Tan amargo como las palabras. Tan denso como las rutas del alma.
 
Todos los días vengo. Sí. El gran árbol es la fronda predilecta donde me resguardo. Desde aquí contemplo la mar. La mar del norte. Y aquel día escuché la historia del sinsonte que me contó el sabio.
 
Estos miles de pájaros que se posaron y aletean vienen de muy lejos. El sabio afirmó que también habitan en los Andes. Que ahora que los tengo, me servirán de guía, para que no me pierda. Aseveró tajantemente que me conoce y sabe lo que ha trascendido en mi vida.
 
Todos llevamos una pesada carga oculta en el alma -setenció- y por mucho que la queramos esconder, nada es invisible a los ojos del destino. Pero hay que tener valor para detenerse en ello. Valor y profundas convicciones. Muchos huyen de semejante trecho, porque prefieren la facilidad con la que se teje, hoy en día, el otro camino. Muchos medran éste camino y el sabio me mostró unos monedas de plata en la palma de su mano, para que comprendiera de qué camino se trataba.
 
El sinsonte no es el pájaro, ni más abundante, ni más generoso. Solo sabe de corazón. Prefiere el agua pobre y clara, al oro brillante y jabonoso. Pero es un pájaro invisible. Apenas se ve. Así que podemos llevarlos consigo sin que la mayoría se percaten de ello. Sólo es visible para las almas puras y que se tomen el debido tiempo en descifrar su existencia. Por eso, el sabio, finalizando su historia, me ordenó:
 
-Sé leal con los sínsontes. Cuando dudes habla con ellos. Si es pasado, guían a través de los recuerdos. Si es presente, ayudan a través de la sabiduría. Si es futuro, obran a través de la fe.
 
  
Aitor Arjol, a 9 de marzo de 2008
 
 
….. …..
 
 

El sitio de los niños cubanos
 

 

El sinsonte del lomerío
 
Autor: Jacinto Echevarria Fuentes
Versión: Ingrid Padrón

 

Cuentan que allá por el lomerío, aquel de muchas palmas reales, trinaba feliz el Sinsonte. Día tras día, le regalaba a todos los habitantes del lugar, bellas melodías que llenaban el corazón de regocijo. Por eso, todos iban alegres a trabajar la tierra. Bueno, todos menos Juan Pascual.
Este guajiro egoísta quería que Sinsonte cantara solo para él y desde hacía tiempo planeaba capturarlo. Un día, lo siguió hasta su nido y descubrió que tenía tres pichoncitos que todavía ni tenían plumas. Entonces, pensó: "¡Esta es la mía!"
Y cuando el ave fue en busca de alimento, Juan Pascual se llevó los pichones.
¡Qué tristeza al descubrir que sus crías estaban cautivas! Sinsonte se posó en la jaula y fue atrapada. Miró fijamente a su carcelero y dejó de cantar. Así fueron pasando los días sin siquiera probar alimento. Prefería morir antes de seguir cautivo. Era tanta su firmeza, que a Juan Pascual le dio miedo de que muriera y privarse así de su canto, entonces, abrió la jaula. ¡Qué alegría! Enseguida se escuchó su hermoso trino.
¿Y Juan Pascual? ¡Ah! Este guajiro ignorante al fin comprendió que Sinsonte canta así de lindo porque es libre. ¡Libre en el lomerío! Ese es su mayor tesoro.  
 
 
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20 comentarios el “EL SABIO Y LOS SINSONTES. Aitor Arjol

  1. NO NAME dice:
    Impresionante, no hay otra cosa más q decir.

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  2. NO NAME dice:
    Hermoso cuento que has creado nacido de sentimientos y nostalgias…..

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  3. NO NAME dice:
    Cenzontles, huapangos, alebrijes. El sol que aquí no existe se llena de nochebuenas en un canto. Axiote que colorea el recuerdo de los volcanes. Cempazuchitl para lo hoy lejano, chinampas perdidas en la perdida Tenochtitlán. Llega hoy el aroma del tiempo pasado, del maíz segado en tiempo querido. Un trozo del sol que no borra Tlaloc. 

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  4. NO NAME dice:
    PD. Me has traído México.

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  5. NO NAME dice:

    Hola Aitor!! en primer lugar gracias por visitar mi espacio. Me paso por el tuyo fugazmente por las prisas malditas del trabajo, pero prometo volver con calma para bucear por este rincón, q parece muy interesante.
    Me preguntas por Mingote… también me gusta, lo incluiré en las próximas viñetas. No conozco mucho (ni poco) de la vida de este tipo de personas hasta que no se me ocurre investigar un poquito, así que el próximo será Mingote.
    Un saludo!!!

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  6. NO NAME dice:
    Cuatrocientos cantos… tantas palabras o así para decirte lo mucho que me han gustado estos relatos, que ya sabes soy forofa 🙂

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  7. NO NAME dice:

    Detrás de la casa de mi madre, existe un árbol de tamarindo un tanto gigante, allí, todas las tardes sin tener falta alguna se posa un cenzontle, nunca he juzgado su belleza, lo que menos importa es su plumaje sino en lo que despierta con su canto, canto que puede abrir con facilidad todas las venas por donde corren estos sueños de Latinoamérica, estas venas que sueñan con los versos de estas tierras y el canto de una pequeña ave capaz de transformar una tarde llena de tristezas en una tarde de magia, sin sueños de fuga, sin soledades inventadas, sin otra cosa que el canto. Lo escuche durante todas las tardes de los más de 180 días que me pase en casa de mi madre. Que decir, que argumentar si cada vez que escuchaba el canto algo dentro de mí, se transformaba en pasión pura, a veces era un par que entonaba su canto, otras veces ese canto se dejaba escuchar por toda la ciudad como si nos quisieran conquistar, después de todo, debo confesar que he crecido con ese canto que un día puede ser como el canto de otra ave, o de algún animal del campo o su propio canto, su canto cuando no imita a nadie más es por demás hermoso, uno piensa que se trata de algo especial, único, algo que jamás se va a repetir…

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  8. NO NAME dice:

    Aitor, amigo, no me canso de leerlo,

    cuanto más leo tu entrada, más me gusta.

    Que simple es un sinsonte, un pajarillo fragil

    te ha servido para obsequiarnos con

    una bella historia, que nos ayuda a reflexionar

    sobre la conciencia de nuestros actos

    y nuestra vida interior.

    Que nunca dejen de cantar los sintontes.

    Ojalá nuestros actos nunca le hagan daño,

    y que nos acompañe siempre en los

    momentos duros de la vida.

    Te envio muchos sinsontes

    y un besin.

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  9. NO NAME dice:
    Preciosa entrada,la vida siempre es el termino de una etapa y el comienzo de otra,

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  10. NO NAME dice:
    Creo que no me ha acompañado ahora el sinsonte,le he quitado una n y es de humildes y de justos rectificar

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  11. NO NAME dice:
    Hermoso! simplemente hermoso, todo… soy Colombiana y he tenido la fortuna de ver los sinsontes y disfrutar sus hermosos cantos.

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  12. NO NAME dice:
    Primero que nada mi saludo y agradecimiento por tu visita. Me ha gustado mucho la relación que estableces entre los sinsontes y las ausencias voluntarias que no son otra cosa que ejercer el derecho de la libertad.  Muy lindo y completa documentación de estas aves.

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  13. NO NAME dice:
    Hola Aitor. Hacía tiempo que no pasaba por aquí, ya que ahora estoy trabajando y no puedo entrar tanto como antes a los espacios, pero después de dejarte un saludo en la última entrada que has puesto, he dado una vuelta por todo lo que me había perdido (apro vechando que hoy tengo el día libre) y me he encontrado con la historia de este pájaro, el sinsonte, cuyo nombre tiene también algo de mágico, a mi parecer… No sabía que existía, y me parece precioso todo lo que has escrito sobre él. Me ha encantado. Gracias por compartir algo tan hermoso. Besos.

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  14. NO NAME dice:

    Hola, ola de mar…
    Supongo que lo más puro que somos es lo único que no nos pueden quitar y tb lo mejor que podemos dar…Escuché la canción de Silvio, la del Sisonte..Pero guardar lo más puro de tí, a veces cuesta, no todo el mundo lo ve, diría que casi nadie, más compartir lo más auténtico de tí con alguien, sin nada que lo oculte, debe provocar un sentimiento que sólo puedo imaginar, aunque lo intuyo, puesto que el corazón me late más rápido…La palabra , qué palabra tendría ese sentimiento  ?
    Un beso o dos
    Aire

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