CAMINOS

 
 

 

CAMINOS

Los caminos
a medio levantar
de leve estatura

caminos que nos refieren
un compás
en la vida

blancos de sábana
verdes de estación
negros de ceniza

los caminos besan
azares dispersos
y crece
en sus orillas
la amapola
del río

la soledad también
inventa sus hitos
y estudia
en los libros
de historia

la piedra rebosa
de silencio
y la encina gasta
su corteza
en camisas de tiempo

mis manos
enmudecen
cuando toco
las hojas del cielo

todo se circunscribe
a la luz
a los densos arroyos
y secos pueblos
del verano

el camino lleva
recuerdos
sin carreta

hasta tus brazos
basta una esquina
una hora de
viejos muros

la ventana puebla
cuerpos sin nombre
se sienta
en el horizonte
y fuma su rato
de azul

camino
junto con la esperanza
y una sombra
con campanario

las dudas huyen
por si acaso
ladran los perros
del coto

tu cuerpo instruye
a las montañas
en su geografía

el espejo deslava
las ausencias
y echa de menos
anillos
y humo

los caminos
descuelgan sus letras
y planchan el nuevo traje
que me viste

camino vivo

 
 

SIEMPRE

 
 

 

La melodía del amor
entre las almas
deja en evidencia
la belleza de existir
Neila

 

SIEMPRE

Siempre estoy contigo
en la oficina democrática
en las hélices urbanas
en los apéndices blancos
en tu corazón de hembra
en ese culo tan perpetuo
que la poesía no me salva
llamarlo de otra manera.
Los lunes no estoy tanto
como quisiera porque
el amor se exilia entre
gaviotas y albaranes.
Pero el martes regreso
con el himno del latido
y vuelvo a estar contigo
en el hilo de la distancia
en el poema industrial
en los esquemas del cielo
en la hazaña de imaginarte
desnuda en un espejo verde
Tu voz despierta
mis jaurías de colmillos
labios afilados y teléfonos
aunque sea el emigrante
que te besa al otro lado
del cruel meridiano
o digan que la proa
de tan lejano bandoneón
es una geometría incierta.
Siempre estoy contigo
en la espuma más huerfana
en la primavera del azar
en los cerros recostados
en el gemido de las olas
en la ría que corre
enloquecida por tu piel
dejando adoquines de agua
en la sed de mis versos.
Hay vida en la humedad.

 

 

Hace un par de abriles me acerqué a Pamplona. De un restaurante donde abundaban platos provenientes de la cocina argentina pedí prestado su carta de menú: un breve y cuidado cuaderno, con tapas duras y páginas de alto gramaje, salpicadas de menciones, entradas, platos fuertes, postres, vinos y elementos gauchos. Había hueco para los sueños. Para escribir en él. Así ha sido. Durante estas noches de primavera lo he ido completando, con aforismos, propios poemas y ajenos, relatos y anécdotas varias. Aquí lo tengo. Ahora he hallado una aficción favorita: quedarme con las cartas de menú para escribir en ellas y dárselo a alguien cuando la tenga completada.

En lo subjetivo y personal del poema, también hago mías estas dos líneas, incorporadas por otro compañero de letras:

Ahora te entrego esta llave libre de puertas
para que con ella encuentres lo que quieras

La llave del poema "Siempre" reside en lo personal y subjetivo de mi persona. Las llaves las tengo en el otro continente y tienen mucho que ver con el elemento femenino. Es verdad que el amor y la pasión asociada en un primer momento, así como la convivencia y los lazos afectivos después, tienen toda la culpa. Gran parte de nuestro soporte vital se sustenta en ese bienestar. La otra culpa es del azar.

Descubrimos pasiones donde menos lo pensamos. No obedecen a ninguna regla escrita o adquirida mediante el uso. El azar también goza de autoridad en nuestras vidas. El azar es la primera libertad que ejerce la vida, antes que nosotros. No sé cuánto hay de azar y cuánto de destino. Pienso que la vida no sabe de matemáticas, aunque el hombre la estudie como ciencia exacta. Los números sirven para ordenarla en cierta medida, pero mas allá de las estadísticas, el azar huye de ser estudiado.

Una compañera boliviana me mandó hace unas semanas, este collage que había compuesto y que figura en el epílogo del poema. Construido sobre recortes de tipografías tomadas de la prensa. Se llama Neila. Me debe una carta de puño y letra. Pero ya vendrá. Con su permiso, y a modo de homenaje, tomé esas palabras como encabezamiento de poema, para que el narrador se dirige a alguien en quien piensa, unos ratos con serenidad y buen provecho, y otros con la contundencia propia de nuestros sentimientos. 

Sigo explotando la naturaleza erótica de la poesía. En entablar un dialógo directo con el instinto sin caer en lo simple. Ejercicio difícil. Asimismo comunicarme con el que lee y darle un golpe de efecto. No dejarle indiferente. Que no pase de largo. Que piense. Darle la tárea de que él sea el libre imaginador.

 

BASAURI HUELE A POESÍA

 
 
BASAURI HUELE A POESIA
 
 
 


Foto de familia con los miembros de la Asociación y su Presidente, Antonio Molina,
con el galardón en sus manos

 
La Asociación Victoriano Cremér recibe, en manos de su presidente, el escritor Antonio Molina, el Premio de Cultura de la cuarta edición de la Gala de Cultura y Euskera de Basauri.
 
La Asociación Victoriano Crémer recibió el pasado jueves, 5 de junio, el Premio de Cultura, dentro de la IV Gala de la Cultura y el Euskera que tuvo lugar en el Social Antzokia de Basauri, reconociendo el importante papel que ha desempeñado la asociación en el entorno cultural local.
 
El premio lo recibió el presidente de la asociación y escritor escritor Antonio Molina, de manos de la alcaldesa del municipio, completando el elenco de premiados: la agrupación local Antzar Dantza Taldea, premio a las Artes Escénicas; la el pintor Koldo Etxebarria, a las Artes Plásticas; la asociación Xibiri, al Euskera; y el inolvidable artista Agustín Ibarrola, el galardón a toda una trayectoría artística.
 
La gala estuvo acompañada por dos conocidos presentadores de Euskal Telebista, Julio Ibarra y Gurutze Beitia, quienes condujeron la ceremonia con la habitualidad profesionalidad y buen hacer de cara al público, hasta situar el broche de oro con un montaje escénico de 18 minutos de duración, "taupadak", alarde de nuevas tecnologías y ritmos musicales vascos, por parte del grupo de danza Kukai & Logela.
 
El galardón que otorga el municipio vizcaíno, va por su cuarto año de andadura y recoge la inquietud que sus habitantes, en cada una de las facetas artísticas, han desarrollado, individual o colectivamente, haciendo de la cultura un sinónimo de vitalidad y convivencia. La Asociación Victoriano Crémer apostó, desde un primer momento, por la poesía como vehículo conductor de su filosofía, organizando periódicamente tertulias literarias, presentaciones de autores noveles y diferentes eventos, el último de los cuales, todo un mes dedicado a la vida y obra de Federico García Lorca, contó con la presencia del responsable de la Huerta de San Vicente de Granada
 
Antonio Molina posa con satisfacción, con el premio, en compañía de su nieta, aunque ha declarado que lo suyo no es recibir premios, sino trabajar, en silencio, codo a codo con una palabra en la que cree a pies juntillas, como la vida le ha enseñado, y sin duda, es un ejemplo a seguir, entre todos aquellos que, sin ambición o con ella, entablan lucha inofensiva, pero práctica y necesaria: el arte.
 
El evento contó con su inclusión en los apartados de información local o cultural de numerosos medios de comunicación, pero prestando una atención directa a las implicaciones políticas que tienen como denominador común: declaraciones de representantes ideológicos en uno u otro sentido, cruces de acusaciones y los habituales debates que constituyen el deporte nacional.
 
Fuente:
Aitor Arjol Bermejo
 
Aquí dejo esta pequeña nota de prensa. El resto, a partir de los puntos suspensivos, redunda en una mayor subjetividad, si cabe, por las implicaciones personales que tengo hacia un amigo al que quiero mucho, y siempre anda recordándome que la ambición no está exenta de unos valores de trabajo y sentido de la responsabilidad personal. Antonio Molina es un buen ejemplo. A buen seguro, que en vuestro entorno, tenéis seres humanos así de maravillosos. En vuestra escalera. En vuestro barrio. Igual puede ser quien os pone los dos kilos de naranjas en la balanza de la frutería. O quién os vende el pan. O el que os saluda cuando bajáis por la escalera. No es necesario irse lejos, más allá de nuestros padres o hermanos, para encontrar ejemplos en quienes reflejarnos, por alguna u otra razón. Espejos donde la vida cobra su más importante sentido: una huella; otra; otra más.
 
Lo que me delata son los extremos. Contestatario y muy crítico con quien no comulgo. Admirador, pero no grandilocuente, hacia quien quiero. Será porque la palabra no es un artilugio gratuito, sino que los términos deben ajustarse a la cualidad ética de las personas. Son más de cuatro años los que este hombre lleva pateándose toda la provincia, recorriendo las calles, instituciones públicas y el sector privado, en busca de soporte espacial y económico para sus ideas, que luego son un poco las de los demás, con una diferencia: él se lo cree y las ha materializado. Ese es el mayor y menos reconocido premio: el trabajo arduo, desvisto de toda especulación y tensión con el medio, en una sociedad donde la política es la bendición, la especulación el árbitro y él merito una huevonada.
 

 
Aquí está Antonio Molina con su nieta ¿no es maravilloso? Todavía tengo treinta y dos años, cerca de los siguientes, y siento envidia sana de no tener una nieta en mis brazos. Ojalá me la prestara un par de horas. En mis amigos, con su experiencia y edad, veo todavía los atisbos de nucleo familiar que nuestra generación ha rato, por la propia inercia.
 
No salgo en las fotos porque me tocó realizar la cobertura del acto. Eso implica escribir y fotografiar, además de no salir demasiado, pero se vino mi madre conmigo, porque las invitaciones eran para dos personas. Por ahí ululan las almas del mes, que me han despertado y engendrado el caldo de cultivo necesario para que las semillas que me traje de Latinoamérica diesen su fruto: tengo a Alfonso Roa, el escultor de la voz, el estimado colombiano que fue premiado con la mejor voz del país, en su Colombia natal; Mikel Varas, escultor nacido del autodidactismo y con numerosos premios; Yanire Sagasti, licenciada en Bellas Artes, una mecha diminuta pero con una libertad de creación insondable. Hemos acondicionado un espacio en el Centro Kukutza.
 
Ayer también estuve con el sencillo y humano Agustin Ibarrola. Los ojos de este escultor transmiten experiencia y rasgos de observador. La txapela le reconoce de lejos pues siempre va con ella.