TODO TIENE UNA SONRISA

 
 
 
 


Amandi. Orilla lucense de los cañones del río Sil.

 

TODO TIENE UNA SONRISA

Todo tiene una sonrisa
y hasta la tristeza
esa sombra medianera
que a veces nos avanza
humo y malos olores
tiene una sonrisa
pues sabed
que detrás de ella
viene la alegría
borrando sombras.

 

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  Jueves, 23 de octubre de 2008: Rubielos de Mora (Teruel); Villena, Biar, Elda y Petrer (Alicante)
Viernes. 24 de octubre de 2008: Almansa (Albacete); Campos de Criptana y Almagro (Ciudad Real)
Sábado, 25 de octubre de 2008: Parque del Retiro. Madrid
Domingo, 26 de octubre de 2008: Catedral. Burgos.

http://www.fileden.com/files/2008/9/8/2087769/07_hablar_de_ti.mp3

 

EL MAR BILINGÜE

 


EL MAR BILINGÜE

Traigo las brisagras
para que te abras camino
y desnudes tus pies
de madera

traigo la luz
de los dos relámpagos
el que vive en la cárcel
y otro sobreviviendo
en mis entrañas

traigo tus pechos
sobre una ola húmeda
para que abras los ojos
y no se rompan
los cristales de mis dedos

traigo el verbo
de las maletas
y el refugio
de la sed más íntima

traigo la lengua
del corazón
y el ocaso
de una boca amarilla

para que mis palabras
si llegan a escribirte
lo hagan
sin rencor y sin colinas

traigo un mar
que gesticula en dos idiomas
desordenado
fiel y a veces trágico

traigo la memoria
del pez que vuela
dentro

para que las mayúsculas
respiren
y cobren vida.

….. ….. …… …..

El mar del hombre es bilingüe. En nuestro instinto, en nuestro parecer, en nuestra relación con el medio, en nuestro corazón, en nuestra música o en nuestra mano. En todo ello hay una superficie manifiesta y una intimidad contrapuesta. Dos idiomas distintos. Una superficie accesible al espectro de la cordura y una intimidad desnuda y menos palpable.

La superficie es gobernable, visible a primera vista y medible en grado. Somos de tal o cual manera, pero en esta parte somos la interpretación de los demás. La imagen que cubre el alma, aunque los valores de la sociedad actual se hayan encargado de socavarla y someterla al imperio del "tanto tienes, tanto vales". Un imperio consistente en un sinfín de protocolos, solemnidades, estrategias y ansiedad por caer bien.

La intimidad, sin embargo, está mucho más allá de lo que señala la superficie. Hay que bucear. Tomarse un tiempo. Hay que respetar y posiblemente, reinterpretar muchas cosas. Hay que respirar. Y lo más difícil, captar la esencia del que se acerca. Atrapar la mente y lograr que esa curiosidad innata del ser humano, se manifieste y arañe nuestra timidez.

El alma dispone de estos dos idiomas. Y podríamos situarla al lado del mar. Ambos son bilingües. Porque el mar, en masculino o femenino, sigue siendo libre y unísono. El mar tomado en su concepción más pura. Blingüe. Claro y presumible en la superficie. Irredento y desconocido en las profundidades.

De naufragar en el mar a hacerlo en el interior de una persona, desde luego, hay un largo trecho, no así si trata de adentrarse y descubrir que más allá de la superficie, el alma nos habla con una voz peculiar y más amable.

Aquí hay una sucesión de mares. Cada uno con su superficie perceptible, y con su solidaridad más amplia. Aunque en vez de mar, dejé un manso canal otoñal, bordeado por añosos y viejos chopos. Sinónimo de querer expresarse sin superficialidad. Libre. En la buena soledad. Con algún atisbo natural de ansia para quien es inquieto y desea alejarse por los caminos del agua.

Octubre es un mes desprovisto de poesía. Práctico y sereno. Deseando que transcurra. Serán cosas de la estación. Y aunque no se escribe o surge la chispa que alumbra las noches, no por ello dejar de echarse mano de la experiencia escrita. Un poema titulado "el mar bilingüe", que data de hace ocho años. Un poema manso y lento, para leerlo despacio y extraer una honda articulación.

Por dentro somos amor y sufrimiento. Somos ganas de escribir y alarmas de móvil que indican la hora de irse al laburo. Somos música y silencio. Somos eternamente bilingües.

SAVIA

 
 
 

 

SAVIA

 

Vivo

como

una

aceituna

salvaje

que
envuelve

la desnudez

en un
beso

de aceite

mientras

su gota

verde

resbala

en tu
pecho

y la carne

hierve

hasta que

una gota

de maíz

me devora

el alma

y levanto

el vuelo

caliente

de tu piel

oscura

y el vacío

nos lleva

con su

savia

 

El espíritu me ha devuelto la belleza más íntima y que pocas veces atrevo a sostener en el exterior. No hay mayor comentario o añadidura explícita porque el poema-acto se sostiene, por su fuerza interior y erosión sexual, en el símbolo de una aceituna.

 

 

LA NOSTALGIA

 

LA NOSTALGIA


Hace poco he llegado a comprender que la nostalgia es un elemento fundamental en nuestras vidas. Pero no ese extremo de nostalgia que nos convierte en arietes del pasado, ni en panaderos que cada madrugada se levantan a pensar en la harina de hace cuarenta años.

He comprendido que hay una nostalgia que es necesaria para echar de menos. Y otra nostalgia para hallar una identidad dentro de nosotros. Hay una nostalgia para adivinar de dónde venimos y con quiénes estamos.

Hay una nostalgia que dirime todas nuestras dudas y que es capaz de ahuyentar el pensamiento absurdo dentro de nuestro interior. Una nostalgia capacitada para llegar al fondo de las cosas y revelar nuestra naturaleza profundamente humana.

Esta nostalgia debería hacer reflexionar a más de alguna hebra de diente de león que vuela por los campos después de que la hubieran soplado. Son las mismas luminarias de algodón que vuelan después de haberse secado en una flor amarilla, de esas que soplas expresando un deseo y que se conocen con diferentes nombres en cada continente.

Porque el diente de león que vuela, debería tomar conciencia de su fragilidad, pero también de la conveniencia del viento que gira a su alrededor. Pues es cierto que el viento puede ser caótico, y embardurnarnos, a la vez, con una medianoche feliz seguida de otro minuto ensordecedor. A pesar de las fechas en las que estemos, donde la comunidad gitana dice que se perdona todo.

Hay nostalgias que no se miden. Y también afectos que giran en torno a un vacío. En torno a un mar que cuadra las distancia físicas y nos deja a miles de kilómetros de distancia. Son nostalgias caras para el espíritu, pero no imposibles.

Así que el concepto de duda, esa palabra que está tan arraigada en el ser humano, no es buena consejera para la nostalgia. Cuando se ama no se duda. Y ya no se trata de una nostalgia resultante de echar de menos a un ser de carne y hueso provisto de una armadura de emociones, como puede llegar a ser una persona del sexo contrario, en el caso de determinadas nostalgias ligadas a nuestra naturaleza interior como hombre o mujer.

Se trata de una nostalgia que pensamos que nos invade pero que luego, muy pocas veces llevamos a la práctica y la perdemos en comportamientos o actitudes innecesarias. Es una nostalgia que se huele pero que no se aspira convenientemente.

Y para sentir esa nostalgia hay que respirar profundamente. Llevarte el aire al pecho. Sentirlo dentro de ti. Dentro del corazón. Y entonces, empezar a echar de menos.

De tal modo es como este hombre aprende a amar todo cuanto se le pase por los sentidos de este orbe gris y miserable, al que, como asiente, en su versión extrema, Anais Nin ,"me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré a el mundo. Me adapto a mí misma".

Pero como me dijeron que tampoco es cuestión de demonizar al mundo, porque necesitamos de él para crear una isla de nostalgia dentro del mismo. Desde luego que no vamos a cambiarlo de arriba abajo, pero las revoluciones deberían empezar por uno mismo.

La revolución de la nostalgia sirve para crear istmos entre nosotros. Porque el istmo, según los diccionarios del mundo, es una estrecha lengua de tierra que une dos continentes entre sí o un continente con una península.

Por eso estas palabras deberían ser como un istmo que llegaran hasta ti. Porque es parte de lo grande que nos queda como seres humanos, a pesar de nuestra condición mortal y efímera.

En la unión de continentes, pues, no hay relatividades para la nostalgia, sino una profunda y rotunda tajancia que nos hace, o ser, o no ser. Aunque esta cuestión ya se la hubiera inventado Hamlet.

La nostalgia no sirve para estar en medio, si no a uno u a otro lado, y en última instancia, si se ha de estar en medio, es para estar junto a. Por eso cuando no estamos en el lado que sentimos que no nos corresponde, ella nos ayuda y nos dirige, desde el interior, al modo en que podemos unirnos al otro lado.

Aitor Arjol

Escrito el 1 de enero de 2004

….. …..

Rescaté este texto, escrito el primero de un año entrante. Pues no ha perdido vigencia. Temas universales que nos preocupan, como vanos de una ventana. Ahora también pensaría que la nostalgia es otro de los seres caprichosos que sobrevuela nuestras cabezas. Durante los dos años que estuve fuera del continente, esa palabra me pesó como si toda la cordillera de los Andes estuviera temblando sobre mi cabeza. O de repente, echas la vista aún más hacia atrás, y la nostalgia es un abrevadero infinito. No sabes dónde pararte a beber.

¿Por qué existe la nostalgia? ¿Por qué echamos de menos? Un 16 de noviembre de 2005 situé en el diario la lámina que habían arrancado suavemente de un cuaderno. Pegándola como si fuera el mástil de un velero con páginas. La lamina lleva un tigre negro y blanco, que sería como una nostalgia demasiado brusca, pero junto a ella tengo presente el siguiente escrito, procedente de unas palabras de Silvio Rodriguez:

"disfruté tanto, tanto cada parte y gocé tanto, tanto cada tanto, que me duele menos cuando partes porque aquí te me quedas de algún modo"

Por eso creo que la nostalgia no sirve para estar en uno u otro lado. Ni aquí ni allí. Ni ahora ni antes. Ni ahora ni mañana. Sirve para estar en uno de los lados. O si ha de estar en medio, es un sentimiento que, bien definido y limpio, nos reconduce. ¿A dónde? A las raíces de nuestro interior. Aunque desconozco sus mecanismos. He pasado años tratando de entenderlos, aplicando la sencilla medología de la ciencia. Más no hay ninguna verdad en términos absolutos. Solo sé que hay sucesos que son un completo misterio y el espíritu ha de convenir con ellos, porque son querencias.