MIORITSA

 
 

 

MIORITSA

 

“En la tradición popular rumana existen dos corrientes, dos expresiones espirituales complementarias. Una, la corriente pastoralista; es la expresión lírica, y también filosófica, de los pastores. La otra corresponde a los sedentarios, a la población agrícola. En Rumanía, hasta el año 1920, el ochenta por ciento de la población estaba formado por labradores, pero había una minoría muy importante de pastores. Estos pastores, que conducían sus rebaños desde Checoslovaquia hasta el mar de Azov, abrieron al pueblo rumano un mundo más amplio que el de la aldea”.

 

Un escritor exiliado debe imitar a Dante, no a Ovidio, porque Ovidio era un proscrito –su obra está llena de lamentos y añoranzas, dominada por la nostalgia de las cosas perdidas- y Dante, en cambio, aceptaba esa ruptura, y no sólo la aceptaba, sino que gracias a aquella experiencia ejemplar pudo acabar la Divina Comedia. Para Dante, el exilio no fue sólo un estímulo, sino aún más la fuente misma de su inspiración. Yo decía entonces que no hay que escribir con nostalgia, sino, por el contrario, aprovechar esa crisis profunda, esa ruptura, como hizo Dante en Rávena

 

La  prueba del laberinto

Mircea Eliade

 

Eliade Mircea fue un tipo sorprendente. Huía de la noche. Nunca llegué a tratarle porque, para ello, antes tendría que haber nacido en otra generación y mucho más allá de los Pirineos. Me hubiera tocado trocar la presente actividad de hoy por la contemplación de los Cárpatos. De transferir archivos de un disco duro a otro, a navegar por las húmedas e invernales cumbres de Moldavia. De contemplar la lluvia de mi ciudad o esperar la siembra del trigo, a imaginar cómo son las estaciones en los campos de Rumania: dicen que un invierno largo y atroz, así como otros sosegados meses de ligero calor y ancha humedad. Debe ser bello sin duda. Como la sonrisa extraña que uno desconoce. Como el queso que parece la orilla de una corteza.

 

De saber ahora todo esto, no me hubiera importado hacer un pacto surrealista con la vida, y nacer en otro lado y en otro tiempo, pero por nada del mundo cambiado de útero y de abrazo. Así que tal pacto es como un egoísmo caprichoso. Como querer el todo maximizado. Cambiar de tiempo y lugar pero no de madre. O quizás no tiene tanto de revolución sino de cuidada madrugada. Querer llevarse el maravilloso tesón de mi padre o a la intensa amapola de mi madre a otras geografías y centinelas no debe ser tan impensable como parece. Quizás más propio de una familia cirquense, porque hubiéramos montado un tinglado del copón. Levantar la carpa. Ajustar las trenzas. Dar de comer a los leones. Contar chistes a los payasos. Y llevarse todos los recuerdos en un carromato de gitanos. Y todos por el camino del tiempo. Con las maletas llenas de canales y campos. Menudas maletas.

 

A Mircea le hubiéramos llevado anchos ríos y una luminosa meseta. Seguramente con un arroyo palentino, de cuidados destellos y olor a oteros. Esa misma aceña que transcurre por las ruinas de la casa del cura. A lo que añadiría las ruinas del castillo de Castrojeriz y el pichón que volcó en la angosta carretera hacia la estación. Y mi sangre paterna, más habituada al somontano del Moncayo y a las peculiaridades del cierzo, un canasto de mimbre poblado de huertas y la chanza de tirar las tijeras de la abuela al tejado. Y yo cargaría con un canal, como esos que existen desde que el hombre decidió conducir el agua por fundos y sertones. Uno de esos que surcan la llanura, la bordean con timbre silencioso y, frecuentemente, sus nombres aluden a pronombres de sangre azul, como el Imperial, el de Isabel II o el de Alfonso no sé cuántos, restando protagonismo a su verdadero rey: los vetustos y añosos álamos que pueblan sus veredas, en un curioso sueño longitudinal.

 

Todo eso y más para un hombre de mundo, nacido un 9 de marzo de 1907, de padre moldavo y madre olteniana, producto de la simbiosis entre los dos paradigmas de la cultura rumana: “Moldavia representa el lado sentimental, la melancolía, el interés por la filosofía, por la poesía y una cierta pasividad ante la vida”, mientras que los oltenianos son “gente ambiciosa, enérgica”, “la más activa, la más entusiasta, la más brutal a veces, todo lo contrario de los moldavos”.

 

Eliade del griego hêlios; el sol. Mircea, de la raíz eslava mir; paz que ansío pero no deseo más que el amor. Soy hombre de mundo, como lo fue él en su tiempo y lugar, y en buena parte de mi ser, me siento: moldavo, con el corazón metido en un invierno largo; andino, porque por mi sangre corren las torrenteras de la puna o los bosques húmedos y caudalosos del sur de Chile; gallego porque quien fue como mi segunda madre y falleció silenciosamente me enseñó a amar las cortantes riberas del río Sil; vasco porque la voz de Benito Lertxundi es como una lámpara grave que llena de luz todas las estancias del alma; aragonés hasta las estribaciones del Moncayo y castellano entre pinos albares y páramos sin pasaporte.

 

Los dos nos sentimos identificados con Ulises, el ser mítico acerca del que todos llevamos algo en los zapatos, aunque supongo que en tiempos actuales el navegante griego no interesa más que el hedonismo o las relaciones humanas por pura diversión. Héroe del que dice que “el suyo es un viaje hacia el centro, hacía Itaca, es decir, hacía sí mismo. Era buen navegante, pero el destino –o dicho de otro modo, las pruebas iniciáticas que era preciso superar- lo fuerza a retrasar indefinidamente su retorno al hogar. Creo que el mito de Ulises es muy importante para nosotros. Todos nosotros seremos un poco como Ulises, en busca de nosotros mismos, siempre esperando llegar, hasta encontrar finalmente la patria, el hogar, en que también nos encontraremos a nosotros mismo. Pero, al igual que en el laberinto, en toda peregrinación se corre el riesgo de perderse. Si se logra salir del laberinto, volver al hogar, se es ya un ser distinto”

 

Hace unos meses tuve la convicción de haber regresado al hogar, de tener mi sitio, convicción y familia. Un ser distinto. Sí. Un hombre de mundo que por fin se sienta después de un largo camino pero que continúa trasladándose. Una simple traslación de espacios. Lleno y abundante, el mundo del mundo, por el mundo interior de aquella persona a la que amas.

 

Se me antojan muchas reflexiones al respecto, porque el amor no es susceptible de ser analizado conforme a los mecanismos de la razón. Sólo sé que al temido hombre de mundo le convierte en un ser aclimatado y pleno, que ha encontrado su centro y ya es un ser renovado, y aunque trato de no escribir con nostalgia ni de aprovechar una crisis profunda para afilar la inspiración, supone abrirse como el pellejo de un animal puesto a curtir al aire libre, en las azoteas de Tánger.

 

Aún hace un par de semanas, anotaba en el diario que durante este invierno, mis labios se habían detenido súbitamente y guardado silencio, mientras me dedicaba a aprender otros lenguajes corporales y verbales. Simple transformación de un estado a otro el mismo elemento del alma. Parecía tan dormido como un carámbano de hielo, pero sólo es el espejismo propio de la belleza, de esa que consiste en participar de un mundo lleno de carreteras, -del cual no te puedes sustraer- sin dejar de pertenecer al mundo de los caminos.

 

Cuando un caminante guarda silencio es porque se ha detenido a vivir. A observar. A presentir. A sentir la belleza verde en carne propia y a ofrecer la blanca que posee a otra ajena. En un mundo de carreteras no abunda la belleza sabia de la lentitud, y la poca que hay podría escurrírsete entre los dedos a poco que soplaran varias ráfagas de visceralidad o racionalismo.

 

Mi concepto sobre el amor es un camino: donde tienes que detenerte a cada rato para converger en el conocimiento del otro, pero quizás, como paradigma me quedan estas palabras ajenas que prometí incluir un día, para bienes de quien tuvo la gratitud de compartirlas: 

 

“El amor no lleva heridas ni búsquedas. Es como encontrarse cuando encuentras, haya o no haya pérdida, siempre con algún sacrificio, porque significa dar y siempre que damos elegimos generosamente.

 

Nuestros héroes gustan de un amor que tejer y desmadejar, de un amor dicotómico de vencedores y vencidos que siempre tiende a los extremos, de un amor que exige sufrimiento como muestra de pasión.

 

El amor es un juego en el que ambos ganan; ambos crecen; ambos aprenden. No tiene fin ni reglas establecidas más que las del respeto y la libertad. Qué necesarios los sentimientos de pasión y admiración, pero también la sensación reconfortante de sentirse en casa al participar de una misma piel, una misma sangre, una misma materia, dejándose llevar por las leyes de la belleza

 

Es un condicionamiento social y universal el del sufrimiento ante el desamor, causante de los mayores desastres personales y las mayores obras maestras. Pero eso, como todo en la vida, se basa en un simple error de perspectiva. El amor va más allá de principios y finales, de historias y situaciones, de logros y batallas. Reside en la persona y es hacia la persona. Lo demás es accesorio”.

 

Hay que echarle coraje, para escribir sobre el amor, recaudando textos,  conviviendo con los momentos más dulces, cuando el presente irrumpe con la vara de medir opuesta. Recordar cuando sueñas con el frío a la derecha y la añoranza del ser querido a la izquierda, en un reducido espacio. O dejas que una mano escriba los versos de un profundo Eminescu, poeta rumano que si viera los talones blancos de la sierra de Guadarrama, pensaría que se trata del fuego de una flor verde. Y de repente, todo se esfuma.

 

Así lo hice, con esmerado respeto y cuidado, haciendo de la palabra el único recurso que nos queda a quienes hemos elegido las letras como olas y los valores como mar.

 

….. ….. ….. …..

 

En consonancia con el texto anterior

 
 
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Esta entrada fue publicada en MSN.

8 comentarios el “MIORITSA

  1. NO NAME dice:

    Bueno, tú mismo lo has dicho al final, y yo yo lo he escrito en tu entrada anterior ( aún sin conocer el final de esta )….
    Un placer leerte, siempre instructivo.

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  2. NO NAME dice:

    Siempre me aportas. Eso es lo mejor de todo esto.
    Se te añoraba…

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  3. NO NAME dice:

    Es siempre un placer visitarte. Buen fin de semana.
    Besitos.

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  4. NO NAME dice:

    Hermoso texto, hermosas reflexiones, caminante que guardó silencio para adentrarse en el conocimiento del otro y para vivir a pleno el sentimiento que movio todos los cimientos, todos.

    Un placer leerte, gracias por permitir que entremos a tu mundo interior plagado de emociones y hermosas vivencias, que plasmas en letras como el hombre de mundo que siendo de aquí, quisiese estar alla llevando consigo tantisimas pertenencias emocionales.

    Un abrazo poeta

    Cuídate u mundo Aitor

    Anny

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  5. NO NAME dice:

    Me voy.
    Te dejo aquí con tus cosas, en este sitio lleno de versos que vuelan
    como en una melodía y no dejan indiferente. Así recordaré este sitio.

    Mi saludo creciente y mi abrazo Claroscuro.

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  6. NO NAME dice:

    Seguramente la palabra emoción está presente en casi todos los comentarios que haya podido dejarte desde siempre. Es la primera que me viene a las manos cuando me decido a dejarte unas palabras, recien leida una de tus entradas. EMOCION.
    Tienes el arte de la escritura, y el arte de emocionar con las palabras.. que no es poco.
    Leyendo esta entrada me has hecho viajar contigo en el tiempo, conocer a Mircea Eliade trasladandome con el y contigo por los caminos que calan el entendimiento y el alma.
    Tambien quiero dejarte mi alegria por saber la unión maravillosa que tienes con tus padres, a los que transportarias contigo en el tiempo si asi fuese necesario. Siempre he envidiado a las familias que se aman de verdad, con unos lazos que van más allás de los que crea la sangre.
    Aitor, escritor, poeta, eres y serás grande…. te lo predice una bruja anonima en estas artes.

    Mil besos.

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  7. NO NAME dice:

    Es siempre un placer leerte.
    Buena semana.
    Saludos.

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  8. NO NAME dice:

    Ainss los pastores…
    Hola Aitor. Qué sería de Paulo Coelho y tantos otros, nosotros mismos, sin pastores?. Al fin trovadores dentro de su nómada vida.
    Parecerse a Dante debe ser un pozo donde beber un poco de luz dentro de lo oscuro. Siempre siento el silencio de las madres..profundo pero ellas siempre dejan ruido, canciones de nada , abrigo donde uno refugiarse.
    Todos somos un poco moldavos y oltenianos si lo miras bien dependiendo de como vivmos o como tomamos la vida, y las necesidades que nos emergen, aunque uno se incline hacia uno de las dos posiciones.
    Esos viajes a Itaca que invento…tan necesario y cuanto invertimos en ello para poder reconocernos?.Pienso muchas veces que la vida nos va robando con los años lo que somos, nuestra "historia personal", y volver a Itaca es tan necesario como referencia de nosotros mismos…
    El hogar..udd..He tenido la sensación muchas veces de estar en el hogar fuera de mi propias raíces…y me he preguntado tantas otras si es que vivo en una casa y soy vagabunda , sin techo..Y creo que el hogar, ese cálido lugar donde puedes mirarte al espejo sin miedos, donde te sientes a salvo de todo, es la réplica del útero materno, que tanto necesitamos sentir para ver de donde venimos.
    Me ha gustado mucho eso que dices de sellar los labios para aprender otros lenguajes corporales, sobre los caminos y demás..Me dejas pensando ,sabes?.
    El amor.. Que palabra tan desgastada, castigada, fatigada y cansina, y cuanta falta nos hace, pero sabes Aitor ahora en este momento en el que me encuentro pienso si es nuestro mayor pecado..
    A unas malas Aitor siempre se puede escapar uno a Sildavia xd
    http://es.youtube.com/watch?v=Ayn-2oXYQgU
    Gusto leerte, meditar un ratín a tu lado da gusto.Bsines

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