EL MITO DEL SILENCIO

 

EL MITO DEL SILENCIO

Tiempo es de que se sepa
tiempo es de que la piedra pueda florecer
de que en la inquietud palpite un corazón.
Tiempo es de que sea tiempo

Paul Celan


En el silencio caben todos los sonidos del alma. Al ser un elemento "vacío" en principio, es normal que su paradoja, es decir, la "plenitud", tome conciencia en ese estado. Tanto el silencio de tomar el té, como el del mar: silencio cantábrico, silencio mediterraneo, silencio atlántico. Recuerdo, en torno al mar, comparar el silencio de los tres mares europeos que he visto, y del cuarto latinoamericano que he vivido. En conciencia, son silencios llenos de dramatismo, amplitud y inconfesada sensación de que el tiempo es un silencio más, pero elevado a la categoría de mito.

El tiempo es el mito del silencio. No un silencio cualquiera. Sino un silente y embadurnado tipo, con capa y ancho sombrero, que se traslada de una generación a otra, con la partitura del azar o de lo que el destino nos tiene reservados. Y como mito, el tiempo ha estado sujeto a la interpretación de filósofos, poetas, músicos, internautas, capitalistas, campesinos, herreros, caballeros andantes, obreros y amantes.

Pensemos que para un filósofo el tiempo sería como una razón pendiente de ser encajada en un sistema filosófico particular, en ese de Tales de Mileto, Anaximandro, Kant, Foucault o el admirado Bergson que tanto influenció en Antonio Machado. Para un poeta el tiempo es algo divino, inmaterial y caprichoso, o en todo caso, dotado de una belleza fuera de lugar, creador de la angustia o de un valor inexorable. Para el músico, una dulce partitura. Para el internauta, una maleta de banda ancha. Para el capitalista, un factor de producción o de coste.

Pero para el campesino el tiempo es más lento y homogéneo, porque de lo que cae de arriba depende el ritmo de la siembra y la oportuna cosecha. Y Dios le libre de que llueva cuando no es menester o que la pedrisca arruine la esplendorosa fruta del matorral. O que el viento, ese inefable que va y viene a su ritmo, descarne las uvas. El tiempo del labrador, pues, es como una fruta que no depende tanto del capricho como del natural devenir de las estaciones, como un proceso natural, en equilibrio con los solsticios y la aparente soledad del campo.

Si para el noble trabajador de la tierra el tiempo es una azada, para el herrero es un golpe de talle largo. Una sonora bofetada contra el yunque. Un hierro incandescente. La apretura del fuelle. El traqueteo uniforme de la noria. El ritmo del agua. El calor de la herramienta. El fruncir del ceño. La luna impresa en la vena cariótida de su maza. Un tiempo calculado sabiamente por los alquimistas de los minerales que se funden y alean con otros componentes y dejan piezas para la comunidad. Aunque los herreros del ayer, notablemente, son los obreros siderúrgicos del hoy, embutidos en sus buzos llamativos e ignífugos, insertos en un sistema de producción jerarquizado y dependiente del concepto de productividad, algo que bien saben los ingenieros que se pasean con su chaquetilla y cortavientos, aparentando que controlan, pero con más ganas de volver a la silla y el aire acondicionado, que codearse con gente más popular y campechana.

El tiempo del obrero es un contrato social. Una parte de vida que declaran sometida a intereses ajenos, porque con ello dan de comer a sus familias, disponen de una vivienda digna, consumen, gozan de ciertos derechos y tratan de colmarles con una felicidad barata. Eso es lo que tratan de hacerles creer, cuando, en verdad, el tiempo se lo roban descaradamente, con un palmo de narices y dos copas de anís.

Para los caballeros andantes, el tiempo es una aventura sin parangón. Un lustroso agujero de andanzas, peripecias y búsqueda de ínsulas. Un andante igual que ellos, que echa a caminar sin rumbo fijo, hasta que el sol cae y se tienen que echar a dormir con una manta cubriéndoles el talle. Tiempo tentador, sin lugar a dudas. Tiempo para que el caballero andante sea libre, tome la adarga y crea fielmente en la bondad de los molinos. Es un tiempo sobresaliente, para quien desea hacer camino durante unos meses, o años, porque la aventura, de no tener fin, no lo tiene cuando uno va en busca de ellas.

Para los amantes, finalmente, el tiempo es mítico. Desaparece de la órbita toda consideración en torno a la duración del mismo. Es donde conceptos como la inmortalidad o esencialidad rozan la más absoluta perfección y denominación de origen. Donde el silencio se convierte en un mito precioso. Un silencio detenido en el preciso instante en que dos manos se tocan y están así, mirándose, como dos peonzas locas. Sea porque los amantes no tengan mucho que decirse o se entienden a la perfección en la manifestación de sus miradas. Mito porque, de repente, Eros, Psique, Perséfone, Minerva, Afrodita, Hermes, Pan, Apolo o el mísmísimo Zeus, se nos comunican como en aquellas lejanas eras en la que se relacionaban directamente con los hombres. Y quién sabe si, entonces, el silencio no es más que el elogio más bello y divino con el que dos amantes se dicen todo lo que se tienen que decir y después hacen todo lo que tienen que hacer.

 

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10 comentarios el “EL MITO DEL SILENCIO

  1. NO NAME dice:

    Muy buena entrada. Pero no para todo el mundo tomar el te o contemplar el mar es silencio. No todos los amantes disfrutan de ese sonido, ni saben darle al tiempo la dimensión de silencio. El tiempo es silencio. Pero también puede ser ruido, mucho ruido. Es más, hay a quien el sonido del silencio le parece tan abrumador que necesita hacer ruido. Para el que disfruta del silencio,como un tiempo dedicado, o busca un tiempo para el silencio, sí, el tiempo podría ser un silencio más, si vives desde el silencio.
    Es mi humilde opinión, hoy, no sé qué pensaré mañana. Te hablo con el lenguaje de la calle, y desde la ignorancia filosófica, pues no, no he leído mucho sobre el tiempo.
    Buena aportación. Y hermoso y bello final.

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  2. NO NAME dice:

    Del Tiempo no quiero hablar, sino más bien de tu primera frase; es la que más me ha impactado: "En el silencio caben todos los sonidos del alma." Es simplemente preciosa, Aitor. Esta frase tiene propia vida. Y en ésta me detengo…. para ver mi alma y escucharla… este sonido triste -como un lamento- necesita tiempo…
    ¡Excelente entrada! Calidad de escritor se deja ver en tus palabras.

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  3. NO NAME dice:

    Bendito silencio, que todo lo puede albergar. Maldito y malintencionado el tiempo monopolizado, comprado y proscrito en manos de algunos y por boca de otros.
    El silencio y el tiempo son reflexiones necesarias.
    Mis saludos, Anna

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  4. NO NAME dice:

    Sombrero de ala ancha, y me lo quito para hacerte una reverencia, que casi los atrapas todos.
    Tiempo inventado al fin, pero tan palpable que nos arrastra. Que suene a campanas de agua o a chimeneas y libros o a noche y luz …

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  5. NO NAME dice:

    Me ha gustado tu comparación del Silencio con el tiempo. De alguna manera mi mente relaciona el silencio con la ausencia del tiempo, ya ves. Para mí el silencio es un lecho de nubes en un lugar seguro, en él mi mente descansa, el mundo se para y no existe el tiempo, como en este momento..
    Un saludo
    Aire

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  6. NO NAME dice:

    Soy del silencio que te permite escuchar un sonido: como una gota de agua rompe el silencio en la noche oscura, fría y solitaria.
    Soy del silencio que te permite escuchar los latidos de tu propio corazón y las voces de tu propia alma…
    ¿El silencio como parte del tiempo? cómo una especie de monstruo fantástico….que se esconde en todos los rincones.
    El silencio de la nada…especialmente cuando no tienes nada que decir.
    Puedo saltar de la nada a la realidad material que me rodea…llena de objetos que puedo ver, oler, oir, saborear y tocar. El sonido de las cosas y la ausencia del silencio.

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  7. NO NAME dice:

    Hola..la otra vez pase rapìdo y no pude detenerme a leer mucho pero…lo q escribis debajo del nombre del autor…son tus pensamientos??
    Si, lo son me gustan mucho…dan a pensar y a recapacitar en como va el sentido de nuestra vida y hasta de nuestros pensamintos a veces quizas errados..
    T dejo saludos..
    Cuidate.. besos!!!

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  8. NO NAME dice:

    Hola Aitor, ¡qué hermoso texto! El tiempo y el silencio para los enamorados me ha gustado en especial. Pienso en algún contexto romántico y, me parece que a veces sabemos muy bien qué hacer con los silencios, en particular con los silencios cortos, pero a veces los silencios demasiado largos y frecuentes, pueden causar inquietud, desesperanza, o ser resultado de que efectivamente no existe nada qué decir, o qué compartir entre ambos; esos no parecen muy prometedores.
    Un saludo, Fabs.

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  9. NO NAME dice:

    Aitor, tenía la intención de guardar tu entrada para leerla en cualquier ocasión.
    Ahora he seguido tu consejo y la he publicado en mi blog completa.
    Espero comentarla si es a eso en lo que refieres de agregar mi entrada primigenia, o no se, de todas formas tambien tengo el texto en mi borrador de writer
    Gracias por todo
    Un abrazo

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  10. NO NAME dice:

    Mito porque, de repente, Eros, Psique, Perséfone, Minerva, Afrodita, Hermes, Pan, Apolo o el mísmísimo Zeus, se nos comunican como en aquellas lejanas eras en la que se relacionaban directamente con los hombres. Y quién sabe si, entonces, el silencio no es más que el elogio más bello y divino con el que dos amantes se dicen todo lo que se tienen que decir y después hacen todo lo que tienen que hacer.

    megusta mucho esa parte!

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