DIN TOATA INIMA: El tiempo y el corazón

 

 

Aquí nació mi madre, en el último pueblo de la provincia de Burgos antes de que los verdes campos se
adentren en la llanura palentina. A esa iglesia daba vueltas en busca de pichones, porque de la necesidad
nacía el hambre, y del hambre nació la bondad que la caracteriza.

DIN TOATA INIMA

 "Hoy se insiste demasiado sobre el pudor que debe acompañar al sentimiento, es decir, que el hombre -se piensa- es más hombre mientras más oculte su sentir. Pero yo proclamo, como Miguel de Unamuno, la santidad del impudor, del cinismo sentimental. Lo que se siente debe decirse, gritarse, verterse. Lo importante es que el sentimiento sea verdadero, y siéndolo, ¿para qué avergonzarnos de él? ¿le negaremos al amor el derecho a expresarse? ¿qué sería de los amantes si no pudierse decirse que se quieren una y mil veces? Palabras, palabras, palabras, pero ¿que hay más noble que las palabras?

Cartas a Guiomar
Antonio Machado

¿En qué se parecen dos extremos distintos? ¿Es posible la armonía entre dos disonancias? ¿El sol derrite lo que la luna acapara en la más serena oscuridad? ¿El tiempo puede dialogar con la esencia? ¿La aguja de un reloj es la mejor amiga de un instante detenido? Cuántas contradicciones guardamos en los bolsillos, junto a monedas, piedrecillas, clavos o un billete usado del metro.

Caminamos con las contradicciones a diario. Cuando compramos el periódico a la vuelta de la esquina. O exploras los rincones del mercado para ver dónde se encuentra el pulpo más fresco y adecuado en peso. O te llaman por teléfono mientras el café espera humeante. O te desperezas y tu brazo se confunde con el horizonte. O los medios prestan más atención a lo trivial que a lo esencial. O quien amas te otorga un abrazo descomunal  y profundo, mientras el mundo viaja a una velocidad frívola y descarada. O cuando unos pocos se llenan las manos, con billetes a mansalva, sin pudor alguno, mientras otros tantos sufren la crisis en sus frágiles economías domésticas. O una mariposa revela sus alas en la inmensidad. O una niña busca las primeras flores de la primavera entre lindes que sobrevuelan. O hay un poco de poesía entre tanta zarza y matorral.

Hay una contradicción que se revela como la más poderosa: la vida. Sobre la que nos damos menos cuenta apenas, porque vamos rápido y le damos la espalda al escenario sobre el que está montada nuestra "irreal" vida, que no es sino un simple esbozo de la "real" que hay detrás nuestro.  Es como si montáramos a caballo y navegásemos por una extensa pradera, sin posibilidad de detenernos. Toda acción o comportamiento que supongan apearse, sentarse en una piedra y respirar el aire verde, supone una pérdida innecesaria de energía. El único diálogo que establecemos con la vida es la búsqueda inmediata de la felicidad, por el cauce más fácil e inmediato: correr y no detenerse.

La vida está ahí detrás, diáfana, fiel al instante en que deseemos detenernos, si aún se nos pasa por la cabeza así hacerlo. En estos tiempos modernos sólo nos detenemos en contra de nuestra voluntad: o porque no nos tenemos en pie, o porque ya nos empaquetaron con dos palmos de tierra encima. Así la vida parece un débil usufructo que hay que explotar hasta las últimas consecuencias. Abusar del medio. Condenar nuestros antepasados al olvido. Pesar sobre todo la horrible circunstancia del consumo. Imponer las modas y la cordura de los buenos modales. Tender a las generalizaciones o, cuando menos, condenar la diferencia.

Para quien osa detenerse, sin embargo, es posible que haya cierto placer y amor en el pensamiento. No hay ninguna certeza de que así sea, pero me complace pensar que sí la hay. Y que cada instante individualizado en la persona, espacio y lugar, es como una gran poesía. Una poesía no escrita en papel alguno. La poesía que examina y escribe sobre la contradicción vital en el mismo aire.

Paul Bowles decía que " si dejas atrás la puerta del fortín o del pueblo y, pasando ante los camellos que están tendidos fuera, subes a las dunas o sales al llano duro y pedregoso y te quedas un momento de pie, solo, al cabo de un rato, o bien sientes un escalofrío y vuelves corriendo dentro del fuerte o te quedas fuera y dejas que te ocurra algo muy curioso, algo que han experimentado todos los que viven allí y que los franceses llaman le bapteme de la solitude. Es una sensación única y no tiene nada que ver con la sensación de soledad, porque esto presupone una memoria. Aquí, en este paisaje absolutamente mineral iluminado por estrellas como llamaradas desaparece incluso la memoria; no queda nada más que tu propio aliento y el palpitar de los latidos de tu corazón."

Él se refería al desierto del Sahara, diferente de mis geografías particulares, más caracterizadas por los pueblos, llanos y suertudos, rodeados de secano y viejos arroyos, de contrastes nítidos entre el verde primaveral y el amarillento estío.  No obstante, la sensación es común en lo que atañe a lo esencial, al éter: al detenerse en ellos, no queda más que eso, aliento y el palpitar propios. En todos mis desiertos, al quedarme quieto, el espíritu se abre como la empuñadura de una amapola, el olor de una rama de espliego o el beso de dos labios a un milímetro de distancia uno del otro.

Aún en en los más recientes, la circunstancia del instante único se repite y dejas que te ocurra ese bautismo preciado de soledad. En las campiña desoladas de Soria, mientras adivinas en su mirada un fuego extraordinario. En los muslos petreos de una extensa y olvidada alcazaba. En los crepúsculos encendidos de la Alcarria. En la sencilla y humilde corriente del Pisuerga. En todos ellos, me vuelvo circular y concéntrico, congregando en torno a mí mismo todo aquello que más amo: infancia, trigo, amor, ternura, caricia, beso, tute, empanada, madre, tío, abuelo, lápida, paz, cigüeña, iubire, latido, río o zi de nastere.

Surgen las verdades más calladas y la estruendosa necesidad de expresar el interior que te conmueve. De que el hombre interior hable y se libere de todo pudor, dejando de lado toda timidez primigenia. Penetrar en el interior más secreto de las cosas. Desmenuzar los granos de la cebada que observan los ojos. Provocar en la palabra lo contrario que otros pretenden con una bala: vida en vez de muerte; lo mismo que proclama Machado: decir que amas cuando el sentimiento es noble y verdadero. Te iubesc din toata inima.

MARTISOARE: La quinta esencia

 

 

MARTISOARE
La Quinta Esencia

¿No es el acto amoroso la eterna repetición de lo mismo? No. Siempre queda un pequeño porcentaje inimaginable. Además, la persecución de lo inimaginable no termina con el descubrimiento de la desnudez, sino que continúa más allá.
 

El carácter único del “yo” se esconde precisamente en lo que hay de inimaginable en el hombre. Sólo somos capaces de imaginarnos lo que es igual en todas las personas, lo general. El “yo” individual es aquello que se diferencia de lo general, o sea lo que no puede ser adivinado y calculado de antemano, lo que en el otro es necesario descubrir, desvelar, conquistar.

 

La insoportable levedad del ser

Milán Kundera

 

El carácter único del yo es nuestro sustrato más individual e inaccesible. Algo así como un átomo a salvo de las incontinencias del mundo exterior. Lejos de los sentidos y de las almas curiosas. El templo del espíritu. La constelación más escondida del corazón.

 

Me gusta llamarlo “quintaesencia”. Está más allá de todo lo conocido y resulta ser la parte más milagrosa y esencial de nuestra maquinaria biológica y espiritual. Todo adjetivo que lo identifica da fe de su naturaleza como “único”.  La “quintaesencia” de otra persona es lo que, a almas afines, nos atrae como el agua a los charcos y mantiene, firmemente, nuestro propósito de derribar fronteras y acercarnos al verdadero núcleo del semejante.

 

A la “quintaesencia” ya los griegos identificaban como “pemptê ousia” o éter, el quinto elemento, superior y mucho más sutil, además de los otro cuatro en que el universo se componía, tal y como señalaba el primigenio Empédocles: tierra, agua, aire y fuego. Éter o “quinta essentia” sobre la que Aristóteles señalaba que "si se considera el universo como un conjunto de partes, la esencia es la parte primera; si como una sucesión, entonces la esencia tiene el primer puesto puesto; pues de ella viene la cualidad, después la cantidad"Quinto elemento hipotético por ser el primero, llevar un poco de cada uno de ellos y ser el único capaz de existir de forma separada e inequívoca. La esencia siempre ha viajado con la maleta llena de tierra, agua, aire y fuego; en la litera de cada una de las manifestaciones del conocimiento, o aún de nuestra imaginación. Ligada a los cuatro elementos, de los cuáles necesita para desarrollar y configurarse en el medio, como remolino en la corriente de un canal.

 

La esencia vendría a ser la cualidad resultante de todas las fuerzas que operan en sí misma. Tierra porque somos terrenales y pertenecemos al ciclo circular de dar a luz en el útero de nuestras madres y retornar a las sales minerales del suelo. Agua porque, se trate del cuerpo, el alma, o el espíritu, todos constituyen el esperma que vaga de generación en generación o el sudor que contamina con amor la desnudez. Aire porque nos arrastra hacia el ser verdadero que amamos y soportamos en él nuestras alegrías, lágrimas, abrazos, estipendios y diferencias. Fuego porque, parafraseando a Eduardo Galeano, mi admirado dialogador uruguayo, “cada persona brilla con luz propia entre todas las demás” y “arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

 

O de ser una planta, imaginemos la esencia personificada en una campanilla de invierno o “galanthus rivalis”, que florece entre los últimos rescoldos de nieve y primeros asomos del nuevo solsticio. Flor de largos e inseparables pétalos blancos, asociada a los martisoares, pequeños objetos trenzados en hilos rojos y blancos con que se agasajaba a las mujeres dacias con la llegada de la primavera, en la fiesta de Marysas Silen. Galanto extendido en las lindes del camino o lengua de una colina al que Yeshi Donden le dedicaría una de las conjunciones más bellas que se han hecho sobre la esencia y el vegetal: “la tierra constituye la base de una zanahoria, el agua es el factor de cohesión que le mantiene unida, el fuego le permite madurar, el aire le hace crecer y el éter le da el espacio en el que se manifiesta y desarrolla”.

 

Allí por donde ha vagado la “quintaesencia”, se le ha tratado de forma similar y con idénticas denominaciones. Relacionada con la naturaleza invariable de las cosas. Sin estar sujeta a ley física alguna. Entre alquimistas y astrónomos. Entre médicos y estudiosos de los equilibrios cuánticos. Entre amantes y sábanas. Entre libros y viejos babeles. No es fácil descubrirla. Requiere una navegación sutil y paciente. Su aprehensión es un arte y llegar hasta ella, un viaje homérico.

 

Qué es en nosotros la “quintaesencia” y cómo nos movilizamos para penetrar en su interior. Milán Kundera desvela las claves del enigma: “parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara todo aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. (…) El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética”.

 

La memoria poética es la traducción literaria del éter filosófico. Si para estos últimos, observación, método o análisis constituyen cartas de navegación hacia el éter, para el ser humano, el amor es la metáfora perfecta. Una mujer inscribe su primera palabra en nuestra quintaesencia. La roza. La toca. La palpa. Se hace con ella. También el hombre acelera su pulso y se acerca a la quintaesencia de la mujer. La roza. La toca. La palpa. Cuando dos “quintaesencias” chocan entre sí, se producen sendos fenómenos inversos y simultáneos. No solo está presente la fusión de dos seres en conocimiento y contacto mutuo, sino también su fisión o reacción en cadena. Ambos operan en la misma dirección, ya que la fisión es el eufemismo de la primera. Dos amantes se unen en una sola llama que quema goznes y bisagras, y la energía resultante es tan poderosa que se resiste a ser separada por obra de cualquier fuerza subyacente que radique fuera del éter. La fisión es una reacción que les prepara para unirse de nuevo, en un sentimiento circular que les lleva hacia el yo más secreto del otro, convirtiéndoles, una vez más, en un caudal furtivo y profundo, como el que alimenta a los hilos del martisoare: dos hilos, uno blanco y otro rojo que, a partes iguales, se unen furiosamente.

 

DÍME TÚ

 

Poate că mă           Tal vez alguien
visează cineva      me esté soñando

Ana Blandiana

DÍME TÚ

Díme tú
¿qué es
el amor?
¿incienso?
¿una vela?

¿corazón
de tela
húmeda?

¿la primera
mayúscula
de cada
frase?
¿una pregunta?

¿un recuerdo
de pieles
frotándose
a lo largo
del horizonte?

¿un colibrí
ágil y ansioso
por tenerte
entre sus
alas?

¿el azar
de las bocas?

¿la luna
del primer
hombre
que habitó
en tu paraíso?

¿la sonrisa?
¿el silencio
masticado
por los besos?

¿un caballo
que salta
sobre tu
ombligo verde
enseñando
los dientes
del deseo?

¿la hoja
que brota
en la página
de un diario?
¿palabra
que escapa
de su raíz
para penetrar
en tu sexo?

¿debate
de flores?
¿apellido
de violetas?
¿la luz
esencial
de tus ojos?
¿catedral
de los hilos?
¿ovillo
de las noches
que no
te tengo?

¿el sueño
de noventa ríos
al borde
de la inundación?

¿el milagro
de la lluvia
blanca
dentro
de nosotros?

¿una niña
que va
en bicicleta
a la escuela?
¿una aldea
rica en
baladas y norias?

¿el bandoneón
que canta
a las cigarras
al amanecer?
¿puerto
de largos viajes?

¿la isla
donde tensar
la cuerda
y quedarse
en el tálamo
del regreso?

díme tú
qué es
el amor
sino
nuestra
íntima
militancia
porvenir
y pregunta

 

LAS CASUALIDADES. LOS SUEÑOS. Milán Kundera

 

LAS CASUALIDADES

Nuestra vida cotidiana es bombardeada por casualidades, más exactamente por encuentros casuales de personas y acontecimientos a los que se llama coincidencias. Coincidencia significa que dos acontecimientos inesperados ocurren al mismo tiempo, que se encuentran. La gente no se percata de la inmensa mayoría de estas coincidencias (…) Porque es precisamente así como se componen las vidas humanas.

El hombre, llevado por su sentido de la belleza, convierte un acontecimiento casual (la música de Beethoven…) en un motivo que pasa ya a formar parte de la composición de su vida. Regresa a él, lo repite, lo varía, lo desarrolla como el compositor el tema de su sonata. Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo con las leyes de la belleza aun en los momentos de más profunda desesperación.

Pero es posible echarle en cara al hombre el estar ciego en su vida cotidiana con respecto a tales casualidades y dejar así que su vida pierda la dimensión de la belleza.

LOS SUEÑOS

Además de explícitos, aquellos sueños eran hermosos. Ésta es una circunstancia que se le escapó a Freud en su teoría de los sueños. El sueño no es sólo un mensaje (eventualmente un mensaje cifrado) sino también una actividad estética, un juego de imaginación que representa un valor en sí mismo. El sueño es una prueba de que la fantasía, la ensoñación referida a lo que no ha sucedido, es una de las más profundas necesidades del hombre

 

La insoportable levedad del ser
Milán Kundera

EL BESO

EL BESO

Ansia
verde
es el arte
de besarte
a manos
llenas
como si
tu perfume
desnudo
volara
alrededor
de la silla
y mi boca
tuviera
luciérnagas
encendidas
en la
estrella
oscura
del paladar.

….. ….. ….. …..

Aquel que quiere permanentemente
"llegar más alto" tiene que contar con que algún día le invadirá el
vertigo. ¿Qué es el vertigo? ¿El miedo a la caída? Pero ¿por qué
también tenemos vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El
vértigo es algo diferente del  miedo a la caída. El vértigo significa
que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce,
despierta en nosotros el deseo de caer.


La insoportable levedad del ser
Milán Kundera

Milán Kundera tiene razón con el vértigo. Es diferente del miedo a la caída. Como una fuerza irresistible. Como una célebre frase que señalaba que el amor es como ir a recoger una flor al borde de un precipicio. Quizás quería llamar más la atención sobre la profundidad que se abre ante nosotros y nos atrae, en cualquiera de las manifestaciones de la vida, pues no sólo debía tratarse de una exteriorización puramente emocional. Pensemos, por un momento, en el paisaje que se abre ante nosotros, en un páramo, o en una llanura, o en una línea longuitudinal donde todo es amarillo y cereal, salpicando únicamente por lejanos y añejos pinos. Empíricamente, ante nosotros, se nos sucede un vértigo paisajístico, un vértice de campos profundo y bestialmente inmenso. Sentir vértigo ante todo ello no es sinónimo de inestabilidad o de miedo, sino en todo caso, de dulce tendencia a mecerse en esa inercia. Paisaje que puede ser un cambio de ciudad, de continente, de amor, de profesión, de orientación humana, de lectura de una obra u otra, de nuevas personas que se cruzan por tu vida y se contraponen a la que habías llevado hasta el momento. Así, el vértigo no solo despierta en nosotros el miedo de caer, sino también el deseo de caminar hacia adelante. ¿Y si se trata de un beso? El beso es uno de los vértigos, deseos o ansías reveladores de nuestra aptitud hacia la persona que se ama.