CRÓNICAS DEL TIEMPO

 

 

Ven a mi corazón,
ven a mi pólvora,
ven a la limpia carne a la que fuimos
completos como el agua,
 Roque Dalton
 
 
CRÓNICAS DEL TIEMPO
 
El tiempo es como la pólvora. Sólo espera el chispazo de la mecha para salir disparado, en busca de nuevas horas en las que sobrevivir. Todo podría suceder despacio. Desde el momento en que nacemos. Desarrollarse de forma austera, mientras sobrevivimos. Y por fín, explotar de forma incandescente, aceptando la propia sucesión de generaciones.
 
Esa es la teoría que presupone la vida. Un tiempo que se repite instantaneamente, en una continua sucesión de verdades e hitos. De gentes que nacen con un llanto frente a la comadrona y se vencen a la vida preguntándose qué hay después de todo aquello, en el mejor de los casos. La ley inexorable del tiempo, que se cumple, sin que haya lugar a enmiendas o reformas legislativas.
 
El tiempo no tiene parlamento. No se le elige democráticamente ni se basa en la soberanía del pueblo. Al tiempo las leyes humanas le importan poco en la medida en que no se restablece el equilibrio entre él y los paradigmas de la naturaleza. Tiene sus propias prerrogativas. Sencillas. Nada abismales. Con su propio concepto de justicia, pese a que no lo parezca.
 
El tiempo es tiempo. Vive a pesar de que nosotros le preguntemos en qué punto exacto del mediodía ha dejado el último rayo. Pese a que nos empeñemos en recortarlo y hacer de él una pelota de beisbol. El tiempo no se puede macerar en una botella de licor para que sea menos. Por él ningún tranvía va a llegar antes para que los viajeros lleguen cuando antes al trabajo. Por él los bailes no duraran lo suficiente como para que caigan los besos de la medianoche. Por él las nubes no nos van a ofrecer abrigo cuando deseamos sombra ni lluvia cuando queremos hambre de gotas. Por él las mercancias no van a llegar antes y se reducirán los costes de producción de un televisor de plasma. Por él no va a progresar más lentamente el cambio climático. Por él los gases no se mezclarán menos ni habrá menos vertidos ni los troncos se tumbarán más despacio desgarrados por el hacha.
 
Si por nosotros fuera, el tiempo no existiría. Ni siquiera le dedicaríamos un minuto de compensación o unos segundos de sombra en el aire. Le dejaríamos acurrucado en las rodillas del desván. Le despojaríamos de todo lo que él ostenta de valor. Las joyas. Fundiríamos el oro para sumarlas a las reservas de capital de algún estado ficticio. Le robaríamos el musgo para que pase frío en invierno. Tomaríamos prestado su aseo, para lavarnos la conciencia. Hasta el jabón, sin propósito claro de devolvérselo. E incluso el deseo, para hacerle polvo y disfrazarle de cañería oxidada. Bajaríamos por la escalera, felices de haberlo reducido a una cosa sin nombre y, cerrando de un portazo la grave estancia, convendríamos en seguir caminando, por un espacio sin tiempo, por los siglos de los siglos, como alimañas sin peso.
 
Así hemos convertido el tiempo en un pedazo de carne sin valor alguno. Reducido a un triste augurio. A una llamada de teléfono. A una pieza de museo. A un animal dañiño. Viajamos aceleradamente. No existe la lentitud, sino el vómito. Abreva el grito mientras la paciencia apenas bebe. Y a una gruesa distancia, unas pocas agujas se mantienen leves, inertes, dormidas y en largo deterioro. Se le ha declarado ciudadano no grato. Confinado en el olvido.
 
Pero el hombre, sin tiempo, es mucho menos de lo que sería con él. Lejos quedan aquellos tiempos en que los hombres eran los músicos del tiempo y se entretejían con él. Le cantaban salmos y dialogaban en viva voz con sus redes. Sentados al calor de la lumbra y sembrados todos los hombres de arrugas en sus torsos desnudos. Desvelándoles el tiempo todos los secretos de la vida, así como las claves en la resolución de toda diferencia y conflicto. Sin prospectos ni decálogos escritos. Deontología del espíritu. Eso era el tiempo, agarrado a los hombres como ellos a él, en un bello trapecio.
 
Gracias a ese equilibrio, a esa ternura simpar, los hombres envejecían como dios manda, aceptando de grado lo que era hermoso y lo que era feo, lo que era lógico o constituía una contradicción. Tiempo como compañero y minutos como religiones que dan vueltas en torno a un reloj. Tiempo para dar de comer a la familia. Tiempo para sembrar papas. Tiempo para dibujar una sonrisa en el volcán. Tiempo para decir ojalá. Tiempo para cocinar en una olla de gruesa cerámica. Tiempo para inventar dioses. Tiempo para atribuir origen divino a los misterios. Tiempo para pedir disculpas al búfalo por comer su carne y desollar su piel. Tiempo para tomar los frutos del árbol como una golosina. Tiempo para ir detrás de los cardos como si fueran una carreta de minutos. Tiempo para parir a nuestros hijos. Tiempo para fabricar seda. Tiempo para derramar miel en los labios. Tiempo para repetir que el tiempo es así y no de otra manera.
 
Tiempo aceptado al fín y al cabo. El que nos hace mortales y hace que se nos despida o reintegre en el círculo de la tierra. Tiempo que nos enferma o nos sienta en un banco, esperando que vuele una cometa o dancen los duendes de la imaginación. Tiempo que se salvaguarda y nos hace más emparentados con él. Tiempo de conciencia y libre aceptación. De que sus leyes nos vienen dadas antes de que existiéramos o echáramos a andar como Lázaro por los confines del universo. De que morir es una consecuencia de nacer y viceversa. De que nada se hace complejo ni se pudre, sino que somos una humilde energía llevada por los días y las décadas al son de una melodía natural.
 
Tiempo que nos da lo que también nos quita. Nos quita la vida pero nos la da. No nos asegura la eternidad pero nos sostiene en el limbo de los ojos abiertos. Y lo que es mejor: se clava en nuestras espaldas pero me hace hervir en el fuego de una mujer, en la página de un libro y en el pan de cada día. Así es como restablecí el particular equilibrio que la sociedad impone en sentido contrario, como una ruptura. Nada de fiascos. Nada de esquilas. Ni bocinas. Ni insultos. Ni palabras graves. Ni viento recortado. Ni insignificancias elevadas al rango de verdaderos problemas existenciales. Ni hipocresía. Ni demasiadas monedas.
 
Por eso amo el tiempo en que voy y vengo. En que presto al orden social el tiempo que es convenido. En buscar otro tiempo para la improvisación. En buscar tiempo donde no lo haya porque siempre lo hay. En saltar las vallas y ver crecer la hierba. En sentir el sol como una lámpara diurna. En mirar a los ojos que me miran y sobrevivir en ellos. En dialogar con mis semejantes y hurgar en las posibles diferencias, porque en ese encuentro es donde radica la presunción de que el tiempo es útil y necesario. En amar, sobre todo, y practicar su arte. En reconocer la unidad en los números que son más de uno. En volver al centro cuando nos desprendemos demasiado hacia los extremos. En besar cuando lo siento. En amasar la harina de los muslos cuando me viene el afán de ser el panadero de mi compañera. En apagar la luz cuando deseamos la oscuridad para nuestros cuerpos. En encenderla cuando queremos seguir prendidos del tiempo como si fuéramos sus luciérnagas preferidas.  En ser todo lo que el tiempo nos permita mientras estamos vivos.
 
Porque el tiempo, a nuestro lado, es mucho mejor. A nuestro lado, el tiempo es como un mito al alcance de las bocas. Como una cucharada de filosofía. Como una flor. Como una raíz que crece hacia nosotros. Tiempo somos tú y yo.
 
Aitor Arjol
25 de mayo de 2009
 
 
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11 comentarios el “CRÓNICAS DEL TIEMPO

  1. NO NAME dice:

    Me encantó.
    Y es cierto, caminamos muy deprisa sin disfrutar de las pequeñas grandes cosas de la vida.
    No todo el mundo puede elegir.
    Afortunados tú, yo, y los que tenemos tiempo para el tiempo.

    Como siempre, me encantaron tus reflexiones.
    Gracias, muchas gracias por compartirlas con nosotros.
    Siempre son manantial del que beber.

    Un beso y un abrazo desde el otro lado del tiempo.
    Eva.

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  2. NO NAME dice:

    El tiempo no pasa ;los que pasamos somos nosotros es por eso que nos falta tiempo
    para refleccionar a ese periodo y hacerlo mas hermoso mas humanos ,;;;;
    el hombre invento el tiempo el tiempo es asi y no de otra maneras lastima

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  3. NO NAME dice:

    Creo que tu tiempo se ha diluido en la búsqueda de la belleza por encima del fondo y queda chulo, pero me deja un poso de que le falta más verdad.
    Un abrazo

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  4. NO NAME dice:

    Aitor
    directo al corazón.
    Un abrazo del color que tu quieras.

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  5. NO NAME dice:

    Estupendo texto.

    Poesía de regalo de Octavio Paz (fragmento):
    ….Dentro del tiempo hay otro tiempo
    quieto
    sin horas ni peso ni sombra
    sin pasado o futuro
    sólo vivo
    como el viejo del banco
    unimismado idéntico perpetuo
    Nunca lo vemos
    Es la transparencia

    Saludos desde el Alma: http://elnegrodemacguffin.blogspot.com

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  6. NO NAME dice:

    Si señor…Aitor…lo mitico y autentico del tiempo…precioso texto
    Besos y abrazos…
    Núria

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  7. NO NAME dice:

    Me quedo con una frase: "Por él los bailes no duraran lo suficiente como para que caigan los besos de la medianoche". Me gusta tu concepto de tiempo, o cómo has tratado el tiempo. Es un compañero con el que disfrutar y no disgustarse, o ese don que te ha otorgado la vida para disfrutar con lo que más quieres, o con quien quieres.

    Saludos. Pablo.

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  8. NO NAME dice:

    La vida como el tiempo es relativa…(Relativismo: el relativismo considera que la verdad depende o está en relación con el sujeto, persona o grupo que la experimenta. -fuente Wikipedia-) Gracias por hacerme reflexionar. Cariños

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  9. NO NAME dice:

    Mis frases preferidas…"Por él las nubes no nos van a ofrecer abrigo cuando deseamos sombra ni lluvia cuando queremos hambre de gotas." "Por él los bailes no duraran lo suficiente como para que caigan los besos de la medianoche" "En besar cuando lo siento" "En apagar la luz cuando deseamos la oscuridad para nuestros cuerpos" "Tiempo que nos da lo que también nos quita" … Te cito como a mis poetas favoritos… Aitor que gran reflexión. ¿Sabes qué fue lo mejor? que era como conversar. Dentro del tiempo te das un tiempo para dialogar. Más allá de las distancias, de las horas de diferencia, del frío monitor que nos separa, se siente en tus palabras la emoción, la calidez, la sencillez, el amor… esa inevitable conexión que sólo el lenguaje puede brindar…
    ¿lo que me deja? mucha nostalgia, ese dolorcito en el pecho y el nudo en la garganta que se suele formar…
    me encantó disfrutar de uno de los mejores tiempos: una buena lectura… Gracias a ti…
    un abrazoo

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  10. NO NAME dice:

    Siempre es un placer leerte Aitor.
    "Tiempo al tiempo" solemos decir,
    y sin darnos cuenta se nos escapa…

    ‘Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo.’
    Mario Benedetti

    Un beso muy grande.

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