CRÓNICAS DEL PUENTE

 
 
 
 
Porque te tengo y no porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas sus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza porque eres mía
 
Mario Benedetti
 
 
 
CRÓNICAS DEL PUENTE
 
Pocas veces he estado allí. Me refiero a esa orilla. En ese puente. A la sombra de la iglesia de San Antón. Pues dicen que goza de un encanto particular. Que por ella no ha pasado el tiempo más que el agua por debajo del puente, que ahí resiste, como un paño grueso, el paso de peces, meses y siglos. Que no soy gaviota para verlo desde arriba, en línea recta, y me tengo que conformar con embestirlo de frente, de lado, o sobre él, con su línea oblicua y poco prolongada.
 
Alguna vez he pasado, con sabor a monte y a viejos recuerdos. Porque cuentan que, a principios del pasado siglo, por allí corrían los muchachos de gorra, las mujeres de blusa remangada y los hombres de labor, empapados todos de sudor y gabarras atracadas. Tiempos a unos cuántos kilómetros en dirección al mar, que se hacían más o menos largos si los medías con el tranvía, el pie o el acelerador de una barca.
 
Quién le ha visto y quién le ve al viejo puente y su olor a jazmín envejecido. Cuántas historias se habrán despedido por debajo de sus ojivas. Pero todos los tiempos han corrido por dejado de él, sin dejar cabos sueltos. El pasado en dirección a alguna parte. El presente en el momento en que mi imaginación acaricia su piedra. El futuro en dirección al centro del país, como un potente girasol. Cuántas historias le contaría yo. Cuántas crónicas avezadas. Cuántas medias verdades. Cuántos puentes he cruzado yo. Unos pocos más. Otros pocos más. Medievales o más modernos. En zapatos de vestir o chancletas. De ida o vuelta. Mirando hacia arriba o contando los vehículos que invaden su asfalto. No los incluyo en nómina porque cada puente de destapa con sus propias historias.
 
Y como puente, de una orilla a otra, también ha dejado de vigilar vidas, porque mientras él se ha quedado, unos se han ido y otros han iniciado el manso recorrido. ¿Acaso el puente es una forma de dibujar el azar, que no distingue entre suerte y destino? Así será, pero no hay forma de dilucidarlo. Ni en silencio ni con la comisura del cigarrillo en los labios. Pero por no hacer mal uso del misterio, se me ocurre pensar que el puente sí es una forma de dibujar las líneas vitales, porque el puente siempre es un signo de unión entre dos orillas contrapuestas, o la salva de un obstáculo geográfico, o el zarpazo que el tigre humano da a la mar que nos separa.
 
Los puentes siempre han sido un camino hacia algo. Hacia otra parte. No sé si hacia algo peor o mejor. Porque unas veces van hacia el olvido. Otras a la aventura. Otras a la intuición. Otras a nombres y puertas. Anchas y encendidas. Siempre hacia una antorcha de viento. Siempre hacia otras cosas que van en el lugar de las que se quedan.
 
Cruzarlos es una tarea no tan precisa como parece, porque los puentes, de lejos, su silueta es un patrón incofundible: algo que cruza, en calma, de lado a lado. Con arcos. Suspendido en el vacío. Transbordado por cables de acero. Pericia de la ingeniería de caminos, canales y puertos. Y de cerca empiezan a transformar nuestra primera interpretación en algo más específico: el patrón se convierte en espejismo y nos duelen los huesos. Ya no es un enjambre de piedras, sino un puente con características más propias. De tantos metros. Elevado sobre pilares. De hierro. De madera. Con herraduras donde pescar. Con adoquines. De tierra pisada. De asfalto. Con caminantes o viajeros en bicicleta. Con autobuses pintados con bandas de varios colores. Con tímidos estudiantes. Con un senegalés que cruza poblado de vivos colores. Con un ecuatoriano que va a comprar el pan. Con dos tipos de corbata que se encaminan a discutir la subrogación de la hipoteca de unos clientes a la notaría de la calle de al lado. Con la señora de pelo ralo que entrará a la peluquería. Con el otro, sembrado de luces, que se para y dialoga con la nada. Con una mujer, que alza su vista verde y observa despacio, la sillueta inmóvil de un árbol que respira. Con un árbitro que va de paisano al próximo partido. Con una autorradio que a través de la ventanilla del conductor nos cuenta que "la lluvia nunca vuelve hacia arriba". Con un argentino que quiere encontrar a Evita Perón. Con otra pareja de rumanos, acompañada del carrito y su primer retoño, buscando guarida en la sombra. Con la bella algarabía que transforma el aburrido trajín de la monotonía en la obra más personal de los puentes.
 
Es entonces, cada puente, un camino concreto hacia algo. Una pasión individual. Aparentemente aburrida, pero llena de encanto, pues solo es cuestión de definir uno, para ir desprendiéndole de pétalos, hasta hallar su cáliz. Como acariciar la mano de una mujer, comenzando por la lejanía de los dedos para partir en dirección a la luna de los hombros o a la estrella de los labios. El puente hacia el deseo, iluminado por el instinto o la querencia. De una orilla de piel a otra orilla húmeda. Así el puente termina siendo pasto de su propio significado. Puente que empieza siendo la obra de un espirítu analítico para terminar en el tallo de una metáfora. Puente hacia el corazón. Hacia el sentir. Hacia la luz del existir. Y que corran las aguas bajo él. Para recordanos que la forma de sentir es lo que mueve el caudal entre dos orillas.
 
En mi puente siempre hay un camino hacia algo. Todos los días ando caminando sobre puentes, en dirección a la otra parte. Puentes hacia la oficina. Puentes hacia la nueva ciudad. Puentes hacia el paisaje urbano. Puentes hacia la lluvia ligera de mayo. Puentes hacia el silencio. Puentes hacia leyes y reglamentos. Puentes hacia documentos registrales y políticas de cooperación al desarrollo. Puentes hacia el supermercado. Puentes hacia la Junta Municipal. Puentes hacia el taller mecánico. Puentes hacia la almohada. Puentes hacia los pechos. Puentes hacia la débil llama de una vela. Puentes hacia la saciedad de vivir.
 
Pero los puentes que más amo ocurren de noche. No sólo cuando se produce la oscuridad, sino por analogía, en cualquier momento en que emergen los pasos de la esencia y la luz sobrevive. Entonces es cuando cruzo hacia el descanso y la sonrisa. Me convierto en palabra. En ola. En beso. En hoguera. En conversación. En dulce de galleta. En esencia de lavanda. En aceite. En oleosidad. Entonces soy tu metáfora.
 
Aitor Arjol
28 de mayo de 2009
 
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20 comentarios el “CRÓNICAS DEL PUENTE

  1. NO NAME dice:

    Puente, una palabra llena de simbolismo, de deseos, de la busqueda incansable de algo, sea un amor, un amigo, una busqueda de un camino que se perdio en el torbellino de la cotidianidad, un puente es el que se a trazado en tu camino y el mío, el mismo que me lleva a encontrar tus letras a pesar de la distancia, de la idosincracia, de los continentes, este puente que me lleva a conocer algo más de ti, de tus metáforas, de tus ideas, de tu esencia…un puente que se hace pequeño con un simple click…gracias por compartir…un cálido abrazo

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  2. NO NAME dice:

    Se sabe en que orilla se está antes de cruzar
    al otro lado sin embargo esta lo deseado
    en ese puente cuyo lado firme son tus pasos
    bajo los cuales el se desvanece atras y
    en el te materializas y unes sus orillas
    mientras el tránsito se hace permanente

    Un abrazo

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  3. NO NAME dice:

    ¡Rayos, qué hermoso escrito! Aitor, como siempre, es un placer leerte.
    Te dejo un saludo con afecto,
    Fabs

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  4. NO NAME dice:

    Como siempre, un gusto leerte. Esta frase tuya es mi favorita: "En mi puente siempre hay un camino hacia algo"
    "Apropo" puentes… Berlín cuenta con más puentes que Venecia; sólo para tu información.

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  5. NO NAME dice:

    Deambulé por esos, tus puentes, paseando mis manos entre las maderas, los silencios, …. me detuve el aceite… y jugué con las gotas de agua que mágicamente cuestionaban la física fundiéndose en tus metáforas….
    Seguro que la conoces, pero me recordó ….



    Paz.

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  6. NO NAME dice:

    Has elegido uno de los poemas que más me gustan de Mario Benedetti.
    Si no existieran puentes, nunca iríamos más allá.
    Un abrazo, desde el otro lado.

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  7. NO NAME dice:

    Mario por siempre y benditos sean los puentes.

    Vivir, tender puentes ,sobre los ríos que pasan.

    El viejo puente, el río y la alameda….

    http://www.goear.com/listen/f502040/La-Flor-de-la-Canela-Chabuca-Granda

    Gracias por invitarme a tu "casita".
    Saludos desde la Estrella Polar

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  8. NO NAME dice:

    Me quedo pensando primero en tus palabras, en mi entrada, luego leo esta "fortaleza", porque los puentes también pueden ser fortalezas , quizás es su uso, el que le demos, más que por el que fue creado. Tienes razón todos somos puentes…, aunque hay puentes tan altos…
    Una vez vi un programa sobre estructuras de puentes del Mundo, las formas aerodinámicas que tomaban en el cielo algunos y por ende de la temperatura y como azotaba el aire a estos.., me quedé asombrada de la ingienería de estos, de la habilidad del hombre y destreza mental para construirlos, pero más aún del pobre operario que lo recorría a diario para matenerlo en óptimo estado..En cambio algunos puentes romanos siguen estando en pie, sin más estructura que la piedra sobre piedra..quizás es que el humano apuntó demasiado alto.., que quisiera llegar un día alcanzar a Dios, con algún puente mágico.
    Aitor ese puente de la noche que dices, cuídalo de las inclemencias, estoy segura que tu fortaleza es mayor que la piedra de cualquier puente de piedra.
    Sentirse puente o es sentirse usado?, supongo que en cierto modo si..no lo sé…, pero es que hoy estoy poco segura de todo y de nada..eso si..encontré la calma en tu puente…en el de otros, espero que tus metáforas continuen oliendo a galletas…
    Toy floja..más que floja apática, quizás se merece otra contestación tu entrada, pero mis neuronas andan escondidas a saber dónde..quizás quien sabe, todos debamos dormir alguna vez bajo un puente, para saber qué es tener abrigo de una matriz de todos los tiempos..
    Bsos Aitor, salud
    lem

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  9. NO NAME dice:

    También existen los puentes que fueron construidos para no llegar a ninguna parte en concreto, o más bien para que nos crucemos, para confluir , para tener una oportunidad de converger en el medio. Son puentes suspendidos en el aire que adoptan la forma de cualquier material, aquel con el cual nos sentimos cómodos. Se amoldan los puentes para acercanos, no son duros ni fríos, son elásticos y maleables, dóciles, son anti ventiscas o pro ventiscas, según lo que necesitemos.
    Construcciones erigidas desde los albores de la humanidad para permitir los encuentros de palabras, de personas, de sentimientos, y no importa si se sustentan sobre medio punto, sobre ojivas, sobre el viento.
    Lo importante es que siempre hallemos bajo el sol o la niebla, ese puente del encuentro.

    Resultan inspiradores tus textos.

    Te dejo un abrazo sobre el puente del tiempo.

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  10. NO NAME dice:

    Gracias Aitor por tu invitación, y gracias por tus palabras. Sabes?… yo trabajo en ese mundo mágico de hacer puentes. Cada vez que se concluyen , pienso que ese puente o ese viaducto servirá para unir personas…
    Precioso espacio para disfrutar de su lectura.
    Un abrazo

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  11. NO NAME dice:

    A las buenas noches:
    Tantos puentes aún son necesarios, qué si algo me chocaba de niña era su construcción, pensaba qué había que vaciar el río ó bajar el precipicio para costruirlo sobre suelo y luego alzarlo, pensaba qué mientras los construían la gente sabía que era pisar las montañas, los barrancos y el fondo del río, no veas lo qué me desilusioné cuando supe como se hacía un puente.
    Pero, cómo bien dices los puentes más interesantes no son en sí las construcciones, sino ese punto de encuentro que acerca. Sabes? pocas veces regalo cosas compradas, y una vez, a un amigo estudiante de ingienería, esa que hace puentes… le hice uno de pétalos de muchas flores secas, aún no sé como fui capaz de construirlo con ojos y todo, pero él aún lo conserva, dice que le abre caminos.
    Cienes de besitos pal andando y cienes de y pico de abrazos.
    Shi.

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  12. NO NAME dice:

    Buenos Dias Aitor ….como bien dices , siempre habrá un puente que cruzar , ni hay orilllas blancas , ni orillas negras…..solo caminos.
    Encantada de leerte…un abrazo y un beso.



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  13. NO NAME dice:

    El gran Benedetti dejó un gran legado aquí y los puentes o unen o separan, depende de cada quien.
    Buena semana.
    Saludos.

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  14. NO NAME dice:

    Muy buen texto. Tal vez demasiado amor en tu espacio… pero nada, sólo son gustos. O vivencias.
    Un placer que hayas pasado por el mío, dejando tu huella en la locura.
    Cristina

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  15. NO NAME dice:

    También hay puentes sin terminar, pero siguen en construcción,
    otros invisibles, que aparecerán cuando menos se piense,
    y el puente indestructible… del alma.

    Algún día sabré llegar.

    un abrazo

    eva

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  16. NO NAME dice:

    simplemente bello…

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  17. NO NAME dice:

    Hay diversos puentes como personas en este mundo…pero si, me encantaría verlas también desde la perspectiva de una gaviota en vuelo. Me encantó el relato, felicitaciones

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  18. NO NAME dice:

    Hola; disculpa por no escribir antes. El puente es un camino hacia algo… me gusta la idea… no se trata de un sendero, de una carretera… Es como una metáfora de la superación, de la construcción de un camino (de este camino que es texto), pero también como un camino intemporal que se contrapone al algo tan cambiante como el agua (ya lo decía Heráclito).

    Un saludo. Estas crónicas me encantan.
    Pablo.

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  19. NO NAME dice:

    "…cada lector busca algo en el poema,
    y no es insólito que lo encuentre:
    ya lo llevaba dentro…"
    (Octavio Paz)

    Es uno de los más bellos textos que he leído Aitor. Las perspectivas, los enfoques, las miradas que aquí desarrollas están llenas de vida, misterio y encanto.

    Un puente, tendido a través del tiempo y el espacio. Un puente levantado con ladrillos de Nabucodonosor y fragmentos de los latidos de los poetas… ”… Que quien siembra muros no recoge nada. / Que casi todos somos albañiles de muros. / Que sería mejor construir puentes. / Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve…” (“Desde los Afectos” – Mario Benedetti)

    Sabes? Admiro como escribes…voy releyéndote de tanto en tanto y me quedo…así…como si estuviera cruzando las invisibles puertas de un universo, en donde “…los pasos de la esencia y la luz que sobrevive…” recrean este puente en el que nos esperas…gracias…Un abrazo enorme y un regalo.

    Celebración de la amistad/1

    En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre.
    En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave; pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por…
    – Llave por llave – me dice Mario Benedetti.
    Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.

    De “ El Libro de los Abrazos”, de Eduardo Galeano

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  20. NO NAME dice:

    En mi Chile había un puente tras otro
    en realidad están, no se han ido
    como extraño asomarme a espiar esos ríos.
    Que sensación tan humana,haberlos cruzado,a pie, en bicicleta
    o buscando algo en común con esa soñada Madison.
    Bello relato Aitor,bella traducción, nos dejas,para seguir
    con nuestro
    delirio.
    Un abrazo,atravesando este virtual puente.

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