CRÓNICAS DE LA CONVERSACION

 
 
 
 

 

CRÓNICAS DE LA CONVERSACION

Ellos hablan despacio. Como si el viento no les entretuviera lo más mínimo. Sobre el tiempo. Sobre las costumbres del aire que flota en los bancos ¿Será que el aire se sienta en ellos y luego se deja llevar por las páginas del periódico que lee? Pues junio está al llegar. Aquí y allá. En el parque del Retiro y en el paseo del espigón de Churruca. En las alamedas céntricas de Moratalaz y en los largos vendavales de la ría. En el polen que deja tieso el asfalto y en la alfombra verde de las aguas.

¿Y qué si hay demasiado amor? Ellos hablan despacio. Como si la vida fuera el recorrido de un caracol.  ¿Que quién ha ganado la liga de futbol? Supongo que una plantilla que cobra bastante y le da a la pelota tanto o más que el pelotari que se enfundó la última txapela del campeonato de mano parejas. ¿Y qué tal está tu mujer y las hijas? ¿Siguen dándole al mileurismo o les llegó finalmente el expediente de regulación de empleo?

A ellos les interesan los temas diáfanos y que nada tienen que ver con las cortinas de humo. Si o sí. Me refiero a las noticias que se inventan los poderosos medios para distraernos la atención y dejarnos mansos como una vaca rodeada de verdes pastos. Para que comamos y nos llenemos la tripa. Así de placenteros con el estómago poco nos atreveremos a opinar en sentido contrario. Poco importa a los bienaventurados del poder que un avión haya desaparecido, o que los vecinos del tercero vayan a sufrir un desahucio gracias a los intereses del banco, o que tengamos a todos nuestros sobrinos pescando en el canal de Aranjuez porque no tienen otra cosa que hacer.

Ellos tienen cosas más fértiles en las que pensar. En los recibos de la luz. En los viejos años de cartillas de racionamiento. En la portería de Iribar o los golpes de balón de Piru Gainza. Qué tiempos aquellos. Carajo. Los leones eran animales de larga melena. Aunque ahora bostezan y no llegan sus balones a la red. Pero también se preguntan por los rayos del sol, y por el número de viandantes que se acercan hasta el transbordador que reúne las dos orillas en un solo encuentro.

¿Crees que todo mejorará? ¿O seguirán prometiéndonos botellas de tinto a precio de agua embotellada? ¿Nos rascarán la cabeza, besarán el culo o limpiarán los pies en la próxima Semana Santa? ¿A quién vas a votar? Uno dice que votará de regocijo cuando su nieto le dé un abrazo. El otro que votará entusiasmado si le toca un pedrisco de lotería para las navidades. Pero nada de política. El voto se ha convertido en un idioma desnaturalizado y bien alejado de la política, más aún al haberlo confundido en su acepción con uve por la otra con la caña más alta.

Pero uno cuenta. De verdad. Que hace unos días se les fue un amigo. No precisamente de viaje. Sino un poco más lejos. A un sitio de esos de los que nunca se vuelve. De donde te subes al tren y te despides para un poco más de tiempo. El otro le contesta socarronamente que si se tomó el viejo unas vacaciones más largas. Pero la fanfarronería solo esconde un atisbo de profunda pena y amargado cariño. Para tomar las cosas mejor y que el ausente merezca algo más que una lágrima. Hacer como si estuviera presente y fuera el tercero de la conversación en discordía.

Es hermoso acordarse del ausente. Merece más conversación que los sucedáneos de concejalías, conseios y comisiones de trabajo. Porque el ausente les traía el pan con una sonrisa en la boca. Aunque no esté y se haya ido porque le dió la gana. Pero matizan: realmente fue en contra de su voluntad. Quién si no iba a tener ganas de salir con ellos, a estirar la pierna un poco, y disfrutar del sol de largos lustros, una vez que han dedicado toda su vida, enterica, a entrar de mañana, tarde o noche a las grandes factorías, a llenarse la cara de mugre y las manos de largas hendiduras, para que sus hijos tuvieran una educación, unos valores, y un futuro más digno del que ellos no pudieron disfrutar.

Siguen recordando al ausente y lo comparan con las olas que mueren en la ría, procedentes del mar abierto o de algun buque mercante avispado. Que por mucho que se vayan las personas, dejan una huella irreductible en las orillas. Que el olvido se mastica despacio. Que de nosotros pende amarrar las ausencias a nuestro pecho, para que no se vayan con el cambio de marea. Y ya no se trata de invertir corazón o de agregar sal y pimienta al condimento implacable de la vida, sino de pura y asombrosa realidad. Asumirnos como lo que somos. Humildes peces de un océano. Conversadores de mediodía. Filósofos de lo cotidiano. Dos ciudadanos que platican sobre asuntos marinos. Dos amigos.

 

2 de junio de 2009
Aitor Arjol

 

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6 comentarios el “CRÓNICAS DE LA CONVERSACION

  1. NO NAME dice:

    Preciosa entrada, nuestros mayores vienen ya de vuelta de muchas cosas, es interesante escucharlos, hay en mi pueblo una taberna en la que estoy segura te encantaría tomar un vinito y poner la oreja, tú que eres curioso por naturaleza, y escucharías palabras del castellano antiguo que se van perdiendo en el tiempo, dicen alcoba e vez de dormitorio, hablan del zaguan en vez del portal, no les interesa la crisis, vienen de otra peor, y no van a pelear por lo que los jóvenes no peleamos, que ellos ya pelearon, ahora nos toca a nosotros, ellos miran el cielo para ver si llueve y dicen, debería llover, no se bien para qué, si ya no se labra el campo, y escuchan las campanas doblar y al primero que entran preguntan y si no al segundo hasta saber a que familia darán el pésame en la misa de difuntos, pero si te cuentan su vida, o pequeños trazos de ella, aprenderás que la vida es corta, hay que vivirla con intensidad y luchar siempre por mejorarla….miles de besossssssssss.

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  2. NO NAME dice:

    Un poco de sol, un banco y unos recuerdos que se van filtrando poco a poco….porque no hay prisa ya , todo se saborea lentamente…y al relantizarse se crea una distancia que hace apreciar la vida y los buenos momentos ya vividos…los malos se convirtieron en experiencias y sabiduria….
    Les encanta contar su historia de vida quiza porque ya tienen el libro casi completo y escriben el epilogo en esas tardes de sol en un banco cualquiera junto a un bastón y una sonrisa agradecida.

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  3. NO NAME dice:

    Al leerte me vino el recuerdo de mi padre, esas largas conversaciones de sobremesa, donde siempre había algo que decir, de compartir, de esos sueños que tenía y dejó truncos porque se adelanto en el viaje, de sus días de futbol, de lo buen bailarín que era, de la comida que traía de los lugares que visitaba, esas conversaciones que ahora me dicen cuan profundo era, gran conocedor de la vida…gracias por tan bello relato…un cálido abrazo

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  4. NO NAME dice:

    Los que hablan despacio es que ya aprendieron a escuchar despacio, a querer despacio…a veces todo cambia por completo si damos con el ritmo adecuado. Y dime tú, querido amigo de onomatopeya ¿Aprendiste ya a amar despacio? Yo, en ello ando…en ello, lentamente, ando.
    Un beso bien fuerte para tus papis y amada, y para ti….pos un "jum".

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  5. NO NAME dice:

    Yo no creo que los mayores pierdan la memoria.
    Yo creo que son tan listos, que son capaces de desterrar todo aquello que quieren desterrar de ella.
    Ellos tienen sus prioridades, y al contrario que nosotros, que parece que le damos importancia a la
    mayor tontería, se centran en esas cosas que son para ellos importantes.
    No creo que ninguna conversación con una persona mayor tenga el menor desperdicio.
    Y sí, ellos sí sienten y saben de ausencias…

    Un beso

    Äfrica

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  6. NO NAME dice:

    No puedo escribir un comentario sin acordarme de mi abuelo, sentado junto con otras personas. Me acuerdo: no eran amigos de pandilla. Nunca lo fueron. Eran fichajes que sustituían a los ausentes, personas que terminaban sentadas unos junto al otro y hablaban de los que los jóvenes desconocen. Yo lo voy comprendiendo a medida que pasa el tiempo…

    El tiempo… está claro; qué textos hablan del tiempo y de la atemporalidad (a la vez) sino las crónicas.

    Saludos. Pablo.

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