CRÓNICAS DE UNA PILA BAUTISMAL

 

Las ruinas son tan cuantiosas que se exige un largo tiempo para digerirlas. Por su número o por su valor. De enumeración incontable. De valor incalculable. Y siendo imposible la simple cuestión de contarlas o digerirlas, al entrar en las tales de una vieja ermita los pelos, la piel y la lengua se visten con su disfraz de gallina. Piel de gallina. Alas de vencejo. Así porque las ruinas desprenden un calor extraño. Un calor frío sin grandes novedades. Un frío que parece compartir la soledad que han dispuesto siempre sobre los días, las noches y las gotas que estallan heladas durante el invierno.

Y algunas que son pequeñas en tamaño y forman parte de algún elemento en el cual se embocan, parecen cobrar la vida que el tiempo les ha negado. Y se convierten en un testigo silencioso. En un obrador de panadería eterna. Desprenden la harina que lo cuentan todo. La harina de una vieja pila bautismal. Una pila recorrida por unos cordones de piedra en su contorno. El cordón umbilical de la historia.

Un camino donde muchas cabezas se bautizaron dentro de los canales de Dios. Para recuerdo de San Juan Bautisma. Para las manos del párroco que alguna vez anduvo por allí como Pedro por su casa o como un saltamontés por su vereda.

Todo aquello se ha ido. Con su valor. Con su pretérito. Con su ligamento. Con su olvido. Con sus caballos. Con sus dovelas. Pero dejaron tu crónica en la vestimenta de una pila bautismal. Sus cuentos también. Hasta sus visillos que no eran de piedra sino de lienzo natural.

Si todo se fue ¿qué resta entonces? ¿alguna suma? ¿alguna ecuación que me diga que una pila cuenta crónicas? pues la pila no es un telediario ni un cuentacuentos.  Qué pena. Guarda silencio, cordones, marcas de cincel. Más no es capaz de contar de viva voz. Sí de vida piedra pero no de tenor lenguaraz.

Solo sé que esta pila es más que las que hacen funcionar los viejos juguetes de mi caja de cartón. Esta pila sabe más que Lepe. Si hace falta le echaré unas cuantas copas de aguardiente para que me pueda hablar por los codos, además de por la piedra o por los cordones.

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Un comentario el “CRÓNICAS DE UNA PILA BAUTISMAL

  1. Imagino a la pila bautismal contando cosas bajo el influjo del aguardiente, ¿No quedaría mejor un vino de misa, tal vez dulce y añejo..?

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