CRÓNICAS DE LOARRE

Esta fortaleza cuenta con el título de ser la más longeva y en mejor estado de conservación de toda Europa. También cuentan que allí rodaron una película que atendía al nombre de “el reino de los cielos”, una epopeya donde los cruzados libraban una batalla por la posesión de los terrenos sagrados de Jerusalén.

En la realidad descansa sobre un macizo oscense. Más allá de los Mallos de Riglos, de la sierra de Santo Domingo y de Ayerbe. Hermoso lugar donde ejercer un trabajo como águila aunque nadie te pague por ello. Pero sí, sería hermoso ejercer de tal, con un par de cascabeles en las garras, para sobrevolar el paisaje cercano y ahuyentar el permanente turisteo a que ahora está siendo sometida. Y no tengo nada en contra de ello, porque el patrimonio constituye una fuente de ingresos para la Comunidad Autónoma, pero hay algo que se denomina “sostenibilidad” y ya se sabe que si los dientes del caballo te enseñan demasiado al final terminarán por tener una caries de órdago a la grande y gano el juego.

Recuerdos tengo de la primera vez que acudí allí, cuando creo que no había ni guía ni nada, aunque si un horario de visitas bastante estricto y poca afluencia de visitantes, con lo que mantenía un equilibrio entre conservación, conocimiento y permanencia en el tiempo.

Ahora siento que es un poco como el establo de los borregos. Una manada incesante de gente que va, gente que viene, gente que sube, gente que baja… lo cual es maravilloso pero también, si el castillo tuviera conciencia, nos rascaría la rabadilla y diría que se siente algo cansino.

Algunos de los personajes anónimos que se toman el café al lado mío estarían de acuerdo en encaminarnos para allá con un par de arcabuces y cartuchos de sal, pero no es menester sino en estar de acuerdo con las buenas políticas de gestión de los recursos patrimoniales, aunque insisto en la idea de cuidar mejor de nuestras piedras, que no son simplemente piñatas de carnaval, que de tantos palos se terminarán por romper como la quilla de un bote de papel ¿y después qué?

Sucede un poco como con la moda de las setas. Que de ser algo que hemos heredado de nuestros padres, tanto las clases comestibles, como su localización, época, júbilo y sonrisa, se ha pasado a una dedicación que sufre de incontinencia: se practica de forma desmedida, sin control, a todas horas, sin parar, como si fuéramos unas moscas de vuelo con una red de arrastre en las patas. Luego así surgirán las noticias de intoxicaciones por confundir una clase con otra. La misma idea de “sostenibilidad”.

Tanto el castillo como un hongo de aroma agradable han pasado de ser de una cuestión cultural, a un objeto de consumo masivo. Los castillos no se consumen pues. En todo caso se les canta una jota o una rondadera. Loarre no es una hamburguesa. Tampoco una pizza del jueves loco. Los níscalos no son un tubo de cerveza. Ni una camiseta en rebajas. Todos tienen un significado que va más allá de la rapidez, o de la competencia.

Espero que no venga el día en que el castillo me llame por teléfono y me diga: “oye, chico, que me han llevado a la plaza del Pilar, con una correica, y me han instalado en un pedestal, como si fuera un perrico al que sacan a mear a pie de árbol”.

Anuncios

4 comentarios el “CRÓNICAS DE LOARRE

  1. Nómada dice:

    Hacia tiempo… que bueno saber que andas por ahi.
    Saludos!

    Me gusta

  2. Inma dice:

    Me alegra saber de ti y tu blog, tomo nota. Un abrazo
    Inma

    Me gusta

  3. Cada vez que me encuentro con uno de tus artículos, tengo que ir a buscar más información, en un diccionario ilustrado, en una enciclopedia como Encarta o Wikipedia, o en algún artículo de la Web. Y me gusta comparar distintas informaciones relacionadas.

    Tu fortaleza de Loarre es pues un castillo románico, con una gran capacidad defensiva por lo que imagino lo llamaste fortaleza y entiendo es un candidato a convertirse en patrimonio de la humanidad.

    Entiendo que los turistas visiten una fortaleza románica que tiene el título de ser la más longeva y mejor conservada de Europa. Reconozco que no la conocía.

    Tu dices que que te habría gustado ser un águila y sobrevolar el paisaje para ahuyentar a los turistas… Siempre que pienso en los castillos pienso en los halcones y la cetrería..

    No soy muy partidaria de las setas en verdad, leí hace mucho tiempo que las de colores más llamativos eran las más venenosas. Y que hay que conocer muy bien cuales son las que se pueden comer.

    Un castillo me hace pensar en su antigüedad, en su historia y en la gente que vivió allí hace muchos años..

    Me gusta

    • aitorarber dice:

      Siempre es un placer recibir tus comentarios. Máxime cuando pese a no saber nada de nuestra historia personal, esta se resume en seguir adelante, comprender y conocer. Las setas, pese a no gustar, cuando son parte de tu vida y de la convivencia, es otro cantar. Llevamos casi treinta años detrás de ellas, con cariño y respeto, cada vez que viene la temporada y estoy cerca de los lugares aprendidos, que casi son como secretos de Estado.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s