CRÓNICAS DEL CHORIZO

 

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Dicen que en un pueblo de Galicia ha vuelto la rubia. Se refieren a las pesetas, a la antigua moneda de curso antes de que el euro irrumpiera en páramos y lomeras. Pesetas en cafeterías, puentes, mamposterías y talleres de reparación. Quizás para nostálgicos o para quienes todavía guardan la plata debajo del colchón, tras un grueso diván, a la sombra del aparador o bajo la losa que esconde un hueco propicio para esconder tan preciada moneda. Que no sé si las guardaban en atención a la nostalgia o para evitar que cayeran en manos de los chorizos habituales. Y con chorizo me refiero más a los delincuentes públicos y privados que a los respetables derivados del cerdo, pues lo único que comparten unos y otros es la cualidad de ibérico, los primeros por delinquir en la península ibérica y los segundos por darle a la bellota en las dehesas de Extremadura.

Del trasiego de esa similitud las cualidades de unos y otros son tan diferentes como la rubia moneda o la rubia señora. Los chorizos públicos y privados hacen uso de la rubia para fines de dudosa moral–evasión de impuestos, malversación de fondos públicos, cohecho, tráfico de influencias- y los chorizos ibéricos van directamente a la barra del bar, a la sección de cárnicos del supermercado o a las baldas de una carnicería de marras, además de no diferenciarse por el ámbito de su consumo: se dirigen raudos y veloces, tanto a bocas privadas como públicas, esto es, tanto a las boquitas de los humildes ciudadanos como a las bocazas de algunos personajes públicos.

Pero lo que más me preocupa no es que haya regresado la rubia, sino la mala publicidad que los delincuentes y amigos de lo ajeno hacen del chorizo. Un buen chorizo de Cantímpalo, o una longaniza de Magallón no se merecen que, con su nombre se denomine también a quien, en tiempos de crisis, se dedica a abusar de su imagen para desviar fondos públicos, de esos que pagamos todos, y con ello alimentar su codicia.

Se trata de una cuestión de respeto hacia los verdaderos chorizos de los que nuestro paladar goza y disfruta. Pobre salchichón. Qué pena de fiambre curado. Qué será del pimentón que los adorna. Qué atentado contra la chistorra. Qué desgracia para el chorizo parrillero. Dios sabe la depresión en la que se meterá la tabea castellana.

Malos tiempos para los buenos chorizos, porque sus homónimos, lejos de obrar con discreción absoluta –la norma de todo chorizo de guante blanco-, para no soliviantar los ánimos de la sociedad civil, confían en su inteligencia y se protegen bajo el paraguas del cargo político que ostentan o las poderosas relaciones familiares en que descansan. Y encima puede darse el caso de “choricear” a lo grande, con la excusa de que dirigen una fundación, es decir, una cosita “sin ánimo de lucro”  ¡Ay, ven que te cobro ochenta mil euros en concepto de movilización para un evento de solo un día! ¡Dame seiscientos mil euros por un informe de menos páginas que un rollo de papel higiénico!

El otro día hablaba yo, entre envido y envido,  con un chorizo dulce, de marca blanca. Un tío de lo más sencillo, y su malestar no era más que parte del sentir general entre el colectivo de los verdaderos chorizos. Vamos, que el tipo, mientras sorbía malamente el café que resbalaba por su anilla, me decía que “estamos hasta los cordeles de esos que se dedican a lucrarse a costa de todos nuestros consumidores”. Con consumidores se refería, otrosí, a gente tan corriente como el Aurelio que es el panadero de mi barrio, o el José que vende los cupones de la Once, o la Jacinta que siempre tan amable dispensa en el estanco, o al Pedro de la esquina, o al que me sirve la cerveza, o a quien no puede hacer frente a la hipoteca, a quien no tiene un empleo digno, o en fin, a todos aquellos que estamos, como mínimo, indignados, aunque no ejerzamos de tales en la Puerta del Sol o en el casino de enfrente.

Las morcillas y butifarras también están empezando a preocuparse, no sea que la denominación se extienda a otros ejemplares similares a los chorizos, y a partir del año que viene, aparezcan por doquier “morcilleros” y “butifarreros” de tal calaña. Obvio que hay que alarmarse porque el colectivo de embutidos, por unanimidad, amenace por medidas cautelares o acciones más expeditivas como la huelga general. En parte por la presión de su núcleo duro, los chorizos ibéricos, adalides en la defensa de sus legítimos derechos, que abogan directamente, no ya con la huelga, sino con la ocupación de espacios públicos en horario de máxima afluencia de visitantes y con la implantación de piquetes permanentes en chiqueras, granjas, marraneras, dehesas, encinas legendarias por su provisión de bellotas, secaderos, corrales particulares y todos aquellos rincones donde el cerdo haga su presencia.

De todo ello me pasaba factura el chorizo dulce, aunque con la excusa del colectivo me metió un órdago con la pareja de duples que llevaba. Buen chorizo está hecho, pero de los buenos. A él se lo consiento, porque la mayor de los domingos que caigo en la cafetería oficiamos como pareja de mus contra otros convidados y, modestia aparte, no nos va nada mal. Me da la risa porque mi compañero no levanta más que un par de palmos y le tengo que obsequiar con cojines del tamaño de una montaña para que su vista llegue al perfil de la mesa y seguir las jugadas. Con ellos evitamos preocupaciones mayores y el buen rato disipa el intrusismo de los otros chorizos, que campan a sus anchas por las arcas públicas, fundaciones y beneficencias del tres al cuarto. Como dice el refrán, en todas partes atan los perros con longaniza.  Que los sigan atando con la buena.

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Un comentario el “CRÓNICAS DEL CHORIZO

  1. No sabía que a las pesetas les decían rubias, o sea, cuando una vez escuché a alguien decir que por ahí andaba una rubia tal vez se refería a las pesetas, al menos que realmente se tratara de una mujer rubia con vestidos muy caros caminando por las calles es busca de no se que..

    Hace un par de días encontré un artículo en un diario electrónico que parece de ciencia ficción donde dice que en Junio del 2012 ” la peseta se depreciará un 40%. Las reservas de turistas extranjeros en los hoteles se dispararán. El PIB caerá a plomo, y el paro llegará al 23%.”. Están suponiendo que la peseta regresa en gloria y majestad a España.

    Tampoco sabía que a los delincuentes públicos y privados les llaman chorizos en España.

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