EL DUENDE DE LAS CUATRO PIERNAS

 

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Hay dos cosas que desprestigian la tradicional navidad. Una es la propagación del consumismo y la otra es la tendencia que se tiene a acumular traedores de regalos. Santa Claus, los Reyes Magos y el olentzero parece que se han aliado para empeñarse a fondo en eso de que necesitamos hacer más regalos que en una paridera donde las dulces ovejas traen al mundo corderitos mansos y dulces, de esos que salen en los anuncios de un suavizante de reconocido prestigio publicitario y que llevan un lazo rojo prendido del cuello.

Se empeñan en hacernos creer que si no consumes ni traes regalos al mundo serás menos, y te excluyen de esa órbita de hambrientos de centro comercial y de juguetería. Y no es por restarle encanto ni redimirme al  empeño de regalar, porque si se hace se hace y punto, pero no porque me lo digan los medios de comunicación, las cadenas comerciales o San Patinete de las Cuatro Ruedas.

Podría inventarme  la leyenda de que en la sierra del Moncayo también habita un regalador de rancia antigüedad y que solo es conocida su existencia por los pueblos pertenecientes a la órbita de mi gigante admirado. Sabida es pues su presencia e irradiación de energía, de esa telúrica y cercana a lo paranormal, pero a diferencia de esto último, tal circunstancia es comprobable empírica y físicamente. De ello ya se hicieron eco hace más de dos mil años atribuyéndole sabiamente un carácter sagrado a la montaña y hasta Antonio Machado terminó poniéndole acento a su calva invernal.

Pues bien podría darse el caso de que resulta que allí habita el llamado duende de las cuatro piernas, que habita en algún desconocido recoveco entre los muchos que abundan, del lado soriano o aragonés. Unos dicen que nació en Borobia hace unos cuantísimos siglos y se echó al monte porque los propios lugareños se asustaban de su fealdad y él, reconocido solo entre los más pequeños, llorando, desapareció del pueblo y se enroló en el misterio de su desaparición, pero el caso es que de desaparecido pasó a convertirse en mito desde que inexplicablemente, cada 24 d diciembre, en los bolsillos de los pantalones cortos de los niños iban apareciendo toda clase de dulces y siendo tan pobres las familias de hacer frente al desembolso de chuches sofisticados, pensaron en aquel feote, diciéndoles: los ha traído el duende de las cuatro piernas, el feo de Borobia que le da pena desaparecer y desde entonces corresponde al cariño que en su momento le tuvieron los niños, únicos capaces de verle y los mayores estamos privados de su visión producto de aquella ignorancia pasada.

El duende de las cuatro piernas o feo de Borobia se despierta con las primeras nieves, como las presentes de estos días en lo alto del Moncayo, y empieza a devanarse los sesos por lo que bajará a los pueblos de los alrededores: tanto Borobia, como Noviercas, Olvega, Añón, Vera del Moncayo, Ágreda, Vozmediano, Los Fayos o Tarazona sufren sus súbitas y apasionadas apariciones y hasta cuentan de que no es raro que alguna mujer amanezca desnuda y húmeda inexplicablemente producto de un sueño habido con algún joven príncipe del castillo de Grisel o renegado de Veruela.

Ahora bien, que ningún centro comercial se arroge el derecho a decirme que también hay que comprar regalos a los niños porque les he contado a todos que el duende de las cuatro piernas también anuncia el nacimiento del niño Jesus y para no ser menos que los demás, tengo que ir corriendo a por una PSP o un smartphone, porque el feo de Borobia ahora se ha enrolado en las redes sociales y hasta tiene su perfil de lo más fashion en el facebook más guay que las pelotas de golf de Venancio Caracol de la Vertiente Norte del Arroyo, excelso jugador del mismo deporte, nacido en un barrio de Alcorisa.

Por cierto, que si le ven que sepan que este es su jardín, el de ahí arriba, las cumbres del Moncayo que hoy se encuentran así, no exactamente como la foto porque ésta es del pasado invierno, pero sí tal que así, porque lo he visto yo, con mis ojos de duende contador de pequeñas historias, para grandes y mayores, para zapatos y botas, para locos y cuerdos y para borrachos y abstemios, pero nunca para chorizos.

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Un comentario el “EL DUENDE DE LAS CUATRO PIERNAS

  1. Tú dices que “Hay dos cosas que desprestigian la tradicional navidad. Una es la propagación del consumismo y la otra es la tendencia que se tiene a acumular traedores de regalos. Santa Claus, los Reyes Magos y el olentzero (…) ” y otros, dijo yo. En lo del consumismo estoy de acuerdo, creo que la Navidad es una fiesta espiritual que tal vez lo que menos necesita es un consumo excesivo… aunque los reyes magos llevaron regalos al niño dios. y tal vez desde allí la gente piensa que tienen que hacerse regalos unos a otros. Para mi son regalos espirituales las palabras de amistad y amor que los seres humanos se dedican unos a otros y he encontrado pensamientos muy bellos relacionados con la navidad. Por ejemplo a mi me gustó lo siguiente: “Hasta que uno no sienta la verdadera alegría de Navidad, ésta no existe. Todo lo demás es apariencia – muchos adornos. Porque no son los adornos, no es la nieve, no es el árbol, ni la chimenea. La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas, la generosidad de compartirla con otros y la esperanza de seguir adelante.”.

    Cuando tú hablas de hambrientos de centros comerciales y de juguieterías me haces pensar en otros hambrientos, en aquellos que realmente no tienen nada que comer y mueren de hambre en países que nos parecen muy lejanos o en otros que están en guerras o conflictos armados que parecen no terminar y que están hambrientos de libertad y de respeto a sus derechos humanos.

    Las personas y los pueblos suelen inventar leyendas y a veces son tantas que no las conocemos todas. Justamente hoy en la mañana escuché hablar de San Nicolás que me había olvidado que existía, pero es una historia extranjera.

    La tradición oral chilena ” nos relata que a mediados del siglo XVI llegan a Puerto de Matanzas los primeros religiosos franciscanos, en vísperas de la Navidad. Pernoctan por algunos días y aprovechan la ocasión de celebrar el nacimiento del niño Jesús a la manera franciscana,es decir, representándolo en un pesebre. Por lo hermoso del lugar, a la importancia de la fecha y la gran devoción mostrada por los lugareños, a este lugar se le denominó “Valle de Navidad”.”.

    Me parece una hermosa leyenda que “en la sierra del Moncayo también habita un regalador de rancia antigüedad” y que solo es conocida su existencia por los pueblos pertenecientes a la órbita de tú gigante admirado. En Chile el único que da regalos es el Viejito pascuero y que los niños quieren mucho y al que le escriben cartas que se juntan en el correo central, donde muchos voluntarios las leen para poder regalar lo que los niños piden.
    Tu duende las cuatro piernas es muy curioso y me recuerda uin poco al Trauco chileno de la isla de Chiloé, que aunque no hace regalos a los niños puede dejar a una joven virgen esperando un hijo. El Trauco es padre de muchos niños..

    La verdad es que nunca hago caso de las propagandas comerciales y cuando tengo algo que comprar, especialmente en Navidad, lo elijo yo sola.

    Feliz Navidad Aitor Arjol Bermejo, espero que recibas muchos regalos de Navidad…

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