CRÓNICAS DEL PERRO MUERDEHUEVAS

P1340734

Me llaman Muerdehuevas. Así de sonoro y violento. Así de vulgar y popular. Bien podrían haberme puesto algo más sigiloso y discreto, pero no, tuvieron que darme mordedura y huevas. Ambas cosas. Tanto la mandíbula que hinca el diente como el sujeto directo de mis colmillos. Tengo que pedir disculpas. Enormes disculpas. Gigantescas disculpas. Una chimba de disculpas. Una larguísima vaina de disculpas. Un número indefinido de disculpas. Una retahíla de disculpas. Un carajo de disculpas. Un mazo de disculpas. Una bola de disculpas. Porque me llaman Muerdehuevas. Porque dicen que muerdo algo en lo que se resume la virilidad de un hombre. Porque les doy donde más duele antes de emitir cualquier extraño ladrillo. Porque les destierro su descendencia con un breve ángulo de hocico de rompe y rasga.

¿Y por qué tengo que pedir disculpas si solo tengo la culpa del nombre que me puso un tipo cabreado? ¿por qué tengo que cargar con dicho sambenito cuando yo no tengo ninguna responsabilidad en el bautizo? Podían haberme llamado, qué se yo, Chiringuito, Catalejo, Carbonero, Pelusilla, Sombrerón, Guayabero, Botero, Carpintero, Aguardiente, Chino, Juanito, Paquetón, Petinente, Tony, Barquero, Sementalino o Pilsener. Pero tuvo que ser Muerdehuevas

¡Muerdehuevas por aquí! ¡Muerdehuevas por allá! Qué tendré yo para que muerda huevas y no otros elementos físicos. Como por ejemplo los muslos, el talón o las manos, sobre todo cuando me tiran una pelota fresca y húmeda por la azotea y la reviento entre los dientes antes de que el amo quiera quitármela. O me podían haber puesto Dingo, porque ese es el enigmático nombre que Andi Sam -el alter ego de la infancia  Danilo Kis- le puso al suyo y col el que se dice que hablaban entre ellos, y se iban a buscar la vaca naranja del señor Molnar, la más guapa y hermosa del pueblo.

¡Muerdehuevas! Qué lata. Aunque podría haber sido peor. Peor que para un delincuente. Menos mal que mi amo tuve ese día y no uno de esos apasionados y romanticones, uno de esos días en que se pone tan fino como la seda y le hubiera dado, qué se yo, por ponerme Anais, nombre exquisito pero demasiado femenino para mis propósitos. O Dulcinea, porque el tipo está obsesionado por las tierras del Quijote y yo no me veo perseguido por algún caballero andante de cuatro patas montado a lomos de un autobús intercantonal, creyendo que es un caballo.

Y todo por un día malo. Por un día cualquiera. Porque dice que hay algunas organizaciones que bien merecen que les muerdan las huevas, por charlatanes y mentecatos, que no por perrunos. Que lo merecen porque dicen hacer un tanto y luego terminan practicando el movimiento de un borracho: una parábola directa en el curso que debe seguir la plata destinada a ayudar o a hacer que otros perros y perras como yo, en riesgo de exclusión social, o enfrentados a una altísima vulnerabilidad frente al riesgo de desastres. Es decir, que en vez de emplearlo en lo que dicen se lo meten en cualquier alcancía, bolsillo o justificación.

Si un perro que sobrevive con menos de un céntimo de dolar diario -por debajo del umbral de pobreza canino- le quitan el hueso y dicen que se puede justificar tal talentoso robo por un par de proformas y la autorización expresa de que la perrera autorizante se hará responsable en caso de que haya problemas con la Dirección Protectora de Animales de la Unión Europea. O que si se comprometieron a disponer de un autobús provisto de comederos y suaves colchonetas para todos los perrillos beneficiarios, en menos que meneo la cola me encuentro con que está encima de unos adoquines de carretera, sin llantas, sin plumas, sin memoria, sin collar, sin plan de contingencias, con el asiento del conductor ladeado por la mala conducta de algún vigoroso chofer, con la sirena dotada de una melodía barata que parece más el aullido de un lobo que una señal de auxilio.

En fin, que le comprendo. Que si tengo que ser Muerdehuevas lo seré pues a fin de cuentas no es lo peor de todo, sino lo mejor y lo más concurrente. Por eso estoy aquí atento, mirando con los ojos clavados en el infinito más cerca, porque veo acercarse a alguien enormemente sospechosos, con una camiseta blanca y no sé qué asuntos se traerá entre manos ¿le morderé las huevas?

Anuncios

Un comentario el “CRÓNICAS DEL PERRO MUERDEHUEVAS

  1. Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, el más leal. Me encantan los perros y he conocido varios con nombre y sin nombre. Uno de los más antiguos se llamaba Arpón y era grande de pelos largos pero ya estaba viejo y enfermo pasaba durmiendo. Le colocaron una inyección para que descansara finalmente, Mucho más tarde recuerdo a un perro policial joven y hermoso al que yo sacaba a pasear por el pueblo y que una vez en la plaza se puso a correr con otros perros en medio de unos niños y tuve que sujetarlo de la correa y colocó sus dientes en mi muñeca pero no me mordió; nadie se atrevía a sujetarlo pues no lo conocían. Pero él me hizo caso.
    De todos modos creo que no habría podido ser veterinaria, me gustan los perros pero no me atrevo a tocarlos y menos me atrevería a bañarlos. Pero podría cuidar a uno si está enfermo dejándolo en un lugar donde pudiera reposar y donde pudiera darle leche. Una vez cuidé a un perro de la calle en mi antejardín porque él se echó entre las plantas y no se movió de allí, así le di leche dos o tres días y se recuperó y levantó solo después. Y tuve un pequeño perro al que considero mi amigo aunque hace mucho tiempo no lo veo.. es muy hermoso y le tomé una fotografía. El venía a pedirme comida casi todos los días en la mañana..yo le daba pan especial o galletas y cuando salía a comprar me seguía me acompañaba de ida y de vuelta y después se iba , no se donde vivía. Era hermoso parecía un pequinés. Cuando llovía pensaba donde estará y si hubiera ladrado o gemido junto a mi puerta seguro que lo habría dejado entrar. Pero nunca vino cuando llovía…He visto perros que son bravos y uno de ellos una vez en Santiago se instaló en medio de la calle para que yo no pasara, pero no me hizo nada, por supuesto que di vuelta como dos cuadras antes para no pasar por allí donde él se había instalado en medio de la calle. Eran calle de una población donde casi no pasaban vehículos. Y así como esas tengo muchas más historias de perros.
    Pareces muy fiero Muerdehuevas..!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s