CRONICAS DEL GALLO VERDADERO

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¡Qué pasa! Ole. Ole y ole. A una pata. Qué sentido del equilibrio. Qué cresta. Qué par de huevos. Digo qué par de huevos que he de hacer durante mi cortejo. Saldrán unos pollos de la ostia. Unos pollos de aupa. Unos pollos como los de Bilbao. Grandes, hermosos, orondos y de pluma tan brillante como la estela de un reactor. Ole. Para gallo yo y ningún otro que no sea gallo. Para gallos nosotros. Nosotros, los que tenemos plumas y posamos ante cualquier imprevisto fotógrafo sin que nos digan cuánto ni cómo hemos de doblar la pata.

No hace falta aquí que venga nadie a decirme cómo debo posar. Fotogénicamente. Ni focos. Ni paraguas blancos de esos que se sitúan al costado de una damisela para que su piel salga como la patena. A mí de esas viandas no me hace falta. Con un par de buenos choclos me basta, porque me como los granos en un santiamén y con la bendita felicidad que alcanzo con mi molleja repleta de exquisito maíz me arranco por peteneras y salgo de este lustre. Charlatán. Hablador. Glorioso conversador. Bien gallo. Buen güey. Con una buena chimba bajo la cresta. Lingüístico. Con un dominio perfecto de la riqueza de la lengua castellana. De poca madre. Bien macho. Con un par de cojones. De buen porte. Con una percha de esta guisa. Ahí es nada. Un gallo como lo que debe ser. Con la memoria impregnada de inteligencia. Emplumado pero no con pluma, pues eso se lo dejo a todos esos que salen del closet ¡Dios qué pedazo macho soy! ¡A mí todas las gallinas, que todas las que vengan son pocas! ¡Vaya pecho que Dios me dio!

Yo sí que soy gallo y no el perico ese que me tiene hasta la mismísima entrepierna, fingiendo que es tal o cual y que es de no sé qué país superior a cualquiera, pero se le ve en la cara, o mejor dicho, en la cabeza, porque se las quiere dar de gallo y no tiene ni cresta para empezar. No tiene cresta ni aún con un injerto de tomate de árbol, porque el fruto es lo único rojo que iba a poseer encima de su cabeza. Vamos, que le mando a Buenos Aires pasado mañana a que le de un poco flojera, para que le “hagan la macana” porque es más “bardo” que un estropajo de vajilla. Para gallo yo, que no lo olvide, pues con mi pico de oro tengo más labia que la sirena que quería embarcarse a Ulises al fondo del mar. Menudo pico que tengo. Un pico puntiagudo, dulce y bien afilado, para agenciarme todo el mote que me tiran al pronto de la mañana, toda la albahaca picadita y el ajonjolí que sobra del pan del molde, toda la espinaca cocidita y la avena tan amarilla como el sol de mediodía.

Pero pico del que tengo bajo la cabeza y encima del cuello, porque una vez me llevaron a Santiago de Chile y ¡la que armé cuando dije en mitad de un certamen andino de gallos que tenía un pico de oro, grande, fino y muy rico en palabras! ¡todas las gallinas en fila esperando que las enfilara, valga la redundancia! ¡todas ellas cluecas y entonando una vieja melodía de amor! Tuve que salir corriendo y montarme en un vuelo de urgencia de la compañía Lan para que no se tomaran en serio lo del pico porque casi me dejan sin plumas en el abdomen ¡y es que pico allá es otra cosa!

El caso es que allá me dieron el aventón y me decidí por vivir el resto de mis días en una localidad apartada del Oriente. Al oeste de los Andes. A la sombra de unos cuidadosos volcanes llamados Reventador y Sumaco respectivamente. Me acomodé entre las llantas y motores de un taller mecánico y entre tanto sol y tanta lluvia me salió todo el gallo que llevo dentro ¡Sí señor! ¡soy el gallo del Oriente! ¡el gallo más macho hasta los confines de Baeza, Archidona, Tena, Puyo y Macas! ¡el gallo al que más pantalla le dan! Ecuavisa, Teleamazonas, Televisión Española y hasta el Canal Internacional de Pollos luchan por mantenerme en la hora punta de sus audiencias.

¡Viva la madre que me parió! Bien gallo. El gallo que más conoce de todo lo habido y por haber. Gallo viajero. Gallo peleón. Licenciado en casuística y gestión de proyectos de cooperación gallinácea. Con una maestría en reducción del riesgo de desastre en mi sector. Es decir, que sé elaborar hasta un plan de contingencias en caso de que una raposa quiera entrar en el gallinero y comerse a toda mi prole, o incluso he desarrollado el más moderno concepto de resilicencia, por el cual fortalezco las capacidades de todos mis pollos de forma que si una guanta, nutria, elefante andino, empresario maleducado, promotor comunitario, consultor desesperado, director compulso, prospector petrolero, funcionario descuidado, hambriento, empleado del KFC, dispensador de pechuga o cualquier otra amenaza natural o de origen antrópico entran en mi recinto, poder tomar las medidas necesarias para reducir la cualidad de semejante peligro.

Un gallo de lo más cualificado. Experto en las artes y lides de la naturaleza. Un gallo que no hace falta que se ponga sombrero para decir a los demás que se anden con cuidado. Gallo al que le da igual lo que le paguen porque soy honrado, callejero y doy lo mejor de mí mismo ¡bien gallo! ¡alcalde de mi sangre! ¡con apellido y todo! Vamos que si por mi fuera, todos iban a andar mas derechitos que una vara de avellano. Hasta los de condición más ilustre. Les iba a condimentar pero bien. Pimienta en los cataplines para que sepan de la vida. Pico y pala para que arreglen las cunetas de todos los caminos que se hunden con las lluvias del invierno. Ajo molido para que huelan todo lo que tienen que oler. Pero nada de canela, que eso lo reservo para el arroz con leche.

Un gallo que lo da todo sin esperar nada a cambio. Todo excepto la rosterización. Porque no me gusta ir a ponerme moreno a los asaderos. Que se alimenten de otra cosa o se hagan vegetarianos si hace falta ¡Gallo hasta la muerte! Bien gallo. Pero no gallinazo porque la carroña no es propia de mí. Se debieron confundir al ponerle ese nombre al ave inocente que se come los hilillos de carne de las reses muertas y no a los verdaderos buitres que son los que dirigen los bancos y achicharran a casi toda la ciudadanía con los intereses ¡a esos sí que los rosterizan de forma injusta! ¡Indignado me haré! ¡a la Puerta del Sol de Madrid! A picotearles duro la cabeza a tanto delincuente barato. A cantarles las cuarenta. A leerles la cartilla. A despertarles no cuando amanece sino cuando más cerrado tengan el sueño. A repoblar las desoladas tenadas de los pueblos abandonados. A decirles las cuatro verdades. Aunque tenga que empezar por llamar por teléfono mañana a cualquier español que ande por aquí metido en esos medios de comunicación, para denunciar las deficiencias de la globalización, y de paso me referiré a cuantas irregularidades, chismes y prebendas veo por aquí, con este par de ojos, pico, cresta, pluma, escarpias que nadie me ha regalado.

Por eso me llaman “Verdadero”. Buen nombre para un gallo de mi categoría. Gallo sin visado. Que por llamarse Verdadero le abren la puerta en todas las aduanas. Que por ser tal le ponen en un asiento de clase ejecutiva, con todo el peso que quiera en mis dos maletas. Asiento expresamente destinado a mi anatomía, dotado de afilapicos, cuenco de porcelana con grano de la mejor clase, servicio de pedicura de primera y una colección de discos digna de un mandatario: Plácido Domingo, Montserrat Caballé, Il Divo, Silvio Rodriguez, Pablo Milanés, Tiziano Ferro, Ricky Martin y la colección de chistes del Chavo del Ocho.

Así que ya saben, si algún día de estos pasan por la troncal, pregunten por el gallo Verdadero a la salida de Archidona, en un taller de mecánica de donde algunas veces sacan camionetas sin autorización, aún con no sé excusa de inundación en un malecón, y sé de una que se llevaron cierto viernes, con el parabrisas agujereado como por balacera, con sirena y todo, arreglada para otros menesteres más lógicos como llevar gallinas en la cubeta, pero no para presumir o dedicarla al contrabando de guano. Se la llevaron y no la llevaron a devolver, por lo que seguirá circulando sin matrícula, ni seguro alguno. Pero no pregunten por quién se llevó la camioneta del viernes mencionado porque es un asunto de seguridad nacional porque son capaces de hablar mal del gallo Verdadero. Del gallo que soy yo y ningún otro.

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Un comentario el “CRONICAS DEL GALLO VERDADERO

  1. Driver dice:

    Bueno Aitor, creo que con la cazuela de gallo que te dejé en facebook es suficiente..y que conste que no la hice yo sino un experto en cazuelas de gallo..Sonrisa y beso…

    Me gusta

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