CRONICA DE LAS TRES GRACIAS

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La vida es una gracia. Una de tantas gracias. Que no es lo mismo que decir que la vida es graciosa. Ni tampoco que deba darse las gracias por cómo es la vida. Pero he aquí que hace seis años, en París, en pleno conciliábulo del Louvre, me encontré con que la vida tenía más de una gracia. En verdad, miles de gracias dispersas a lo largo y ancho de toda la ciudad. En la esquina del Moulin Rouge. En la esbelta sombra de Montmartre. En los bancos de los Campos Elíseos. En la desnudez férrea de la torre Eiffel. Allí donde todos ven las mismas gracias. Gracias por aquí y gracias por allá. Amén de las que luego abundan en los establecimientos de comercio o en las mismísimas recepciones de hoteles, donde las gracias no son, sino que se dan y se reciben como un mecanismo de cordialidad repetido como por arte de magia. Gracias por haberme alojado. Gracias por la propina. Gracias por enseñarme a desenvolverme en el metro. Gracias por el euro y no por el franco. Gracias por la complicidad de tu sonrisa mademoiselle. Gracias por leerme esos magníficos versos de Rimbaud. Gracias por acompañarme al cementerio de Montparnasse. Gracias por desnudarte lentamente y por no ocultar tu esbelta figura detrás del biombo morado a la izquierda de la cama cuyas sábanas parecían las blancas olas de una tempestad que arreció la pasada medianoche. Gracias por esperar hasta que la oscuridad no fuera completa y pudiera contemplar toda esa extensión de piel oscurecida por el trópico y por el rumor de tus rizos cuando caen salvajemente por los hombros, como si la selva no andara despacio y hubiera huido hasta tu cuerpo. Gracias por escuchar el grito de los tiempos. Gracias por esa pasión en la que la gravedad se ausentó porque dábamos vueltas por toda la geografía. Gracias por dejar que París se lo lleve el aire y nos quedáramos a solas. Con la lluvia. Con las trincheras. Con la visión de la llanura. Con el pesado Sena donde quiso ahogar sus poemas Paul Celan. Gracias por devolverme el grito de la garganta. Gracias por tan dulce chararera más allá de Corrientes. Gracias por recordarme que debía ir al Louvre cuando me dijiste que allí están las Tres Gracias sobre las que Rubens se deshizo en brocha, manos y suculento arte.

Las Tres Gracias apoyadas en su sólida desnudez. Altivas y sonrientes. Las mayores gracias de todo París. Las mujeres desnudas. O como vos te refieres a ellas, las mujeres monzónicas, porque su desnudez es como la irrupción repentina de las lluvias de los monzones, inundando la mirada con una corriente de lascivia e ingenuidad perfectas. Aglaya, Eufrósine y Talía. Las tres gracias más valiosas de la mitología griega, contenidas en una simbiosis de belleza tal que, por las noches, según cuentan, es normal ver correr a Hércules, e incluso a una docena de sátiros, en pos de ellas, por los pasillos del museo. Como si fueran un grupo de locos aficionados cuyo equipo recién alzó su copa de la Champions League. Esa es la gracia de las Tres Gracias. Provocar con su ingenua mirada. Hacer que sufra hasta el alma de las estatuas. Eso me dijiste. Que fuera a verlas y me quedara allí, bien parado –entiéndase, inmóvil-, en silencio, con las manos albergadas en alguna estrella, imaginando como sería si Aglaya estuviera viva, bien viva, para irme con ella al galope, como un gusano en busca de su hoja de seda.

Y eso que las Cárites, las tres Gracias, al principio llevaban una breve túnica, hasta que por no sé qué azar, después de que un vate les dedicara una égloga tan subida de tono, les dio por desnudarse. Me dijiste que un vate venido de lejos. De las Américas. Pero cómo puede ser ¿de las Américas? ¿en tiempos de los griegos? Sí, eso afirmaste haciendo una cruz con los dedos, desnuda tu madre te trajo al mundo, después de habernos afirmado en los sentimientos menos nombrados. Fue un vate de las Américas el que, después de un largo camino, se plantó en plena llanura helénica y les ofreció una serenata en un lenguaje raro, parecido al griego de entonces pero como si fuera un ruso que del cirílico se paso a la lengua romance en un par de minutos. Un vate que se refería a las Cárites como las olas que el oceáno Pacífico desata para desnudar las rocas de Punta Tralca. Que Eufrósine era –según el vate- como la espuma en la que esas olas se adelgazaban para acostarse junto a las orillas grises de la tierra y que Talía representaba un monte de Venus a punto de derrumbarse sobre la masculinidad del Aconcagua y los brazos de Santiago. Vaya imaginación. Un vate que en pleno clasicimo de aquella Grecia ya le daba a la globalización y se hizo el viaje al revés que Cristobal Colón, todo con el objeto de presentarles los respetos a las Cárites. Eso me dijiste. Espero que no fuera la reencarnación de Pablo Neruda, porque él iba allí donde veía polleras, como si se le hubiera perdido un rayo a la tormenta que llevaba dentro.

Eso me dijiste. Que gracias a un vate andino las Cárites se desnudaron y se presentaron así al mundo conocido de ahora. Pero eso es reinventar la historia. Aunque me hicieras una cruz con los dedos y después sonrieras con la mayor de las inocencias y luego me ofrecieras tus pechos como uvas y encima me recitaras de memoria cierto pasaje. Y así me dijiste de memoria: “sentí que la caja de Pandora contenía los misterios de la sensualidad femenina, tan distinta de la masculina que el lenguaje de los hombres no resul­taba adecuado para describirla. El lenguaje del sexo aún está por inventarse. El lenguaje de los sentidos tiene que explorarse. D. H. Lawrence empezó a do­tar de instinto al lenguaje, trató de escapar de lo clínico, de lo científico, que sólo capta lo que siente el cuerpo”.

Anais Nin. Otra aprendiz de gracia. Me lo ofreciste con un beso. Y encima, añadiste que el beso no tenía nada que ver en la calificación que luego las agencias internacionales hicieran sobre la primera de riesgo de Francia, Alemania y Portugal. Que la temperatura corporal resultante no sería determinante en los datos que ofreciera la próxima encuesta de población activa. Menos mal. Porque amor, economía y empleo no es lo mismo. Porque amor es lo que llena el corazón con cántaras de embriaguez, mientras que la economía se la trasquilan unos tipos con corbata y el empleo es dejarnos sin la mayor esperanza que quedarnos reducidos a lo que somos: dos amantes que se aman despacio si no les avisa el tiempo y que se aman deprisa si suena la sirena de la globalización

¿No serías una de esas tres Gracias que se ha escapado del museo? Porque ahora que recuerdo, también te insinuabas con los brazos extendidos, como si tocaras en la invisibilidad el hombro y la cintura de las otras dos. O que fuerais las tres juntas, porque en un mismo soplo de aventura se consumó la inteligencia, la belleza, el placer, la alegría. la creatividad y ese sentido tan agudo de la intuición por el que me juraste que fue un vate el que os desalojó de la túnica. Una, dos o tres gracias, como si no tuviera bastante. No besar a una, sino a dos o a tres. Ni que tuviera el mismo número de bocas y doble de brazos y piernas. Adherido como las ramas de un guayacán al fuego del crepúsculo. Y eso que no soy vate, que si lo fuera, hubiera ido al Louvre antes de conocerte. Una, dos o tres gracias. Solo sé que una eres tú. Dos eres tú. Y tres también eres tú. Y sois tú.

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3 comentarios el “CRONICA DE LAS TRES GRACIAS

  1. La escultura que has encontrado es realmente bella, creo yo. Las figuras adolescentes o niñas son preciosas. Hay muchas pinturas con el mismo tema entre famosos y menos famosos. Destaco las pinturas de Rubens, Rafael y Boticelli, quedándome con esta última..
    Hay otro grupo escultórico de Antonio Canova, estilo neoclásico en dos versiones. La primera versión en mármol veteado está en el Museo del Ermitage (en San Petersburgo en Rusia) y dicen que fue encargada por Josefina de Beauharnais, esposa de Napoleón; y la segunda versión en mármol blanco fue encargada por un noble in glés el duque de Bedford y se encuentra expuesta alternativamente, el Victoria & Albert Museum de Londres y las Galerías nacionales de Escocia.
    Creo que la versión de Canova es preciosa..el escultor talló la piel suave de las gracias y las hizo de líneas “exquisitas, refinadas y elegantes”·..las gracias “se muestran desnudas, juntas en un abrazo, sus cabezas casi tocándose en lo que muchos han calificado como una obra de ‘carga erótica’. Están de pie, inclinadas hacia dentro; quizás discutiendo un problema común, o simplemente disfrutando estando juntas. Sus estilos de peinado son similares, con el cabello trenzado y sostenido en la parte superior de sus cabezas en un nudo.”..”El estilo es elegante y sugiere refinamiento y clase; hay una belleza delicada en ellas que es común en la escultura de Canova. Los historiadores del arte han comentado en el equilibrio pacífico que parece existir entre las cabezas de las tres Gracias”..Las tres figuras de las mujeres se convierten en una por el abrazo, unido no sólo por sus manos, sino también por el velo que se enrosca en las tres. La unidad de las Gracias es uno de los temas principales de la obra”

    No pude dejar de transcribir textualmente lo que otros han dicho acerca de esta maravillosa obra escultórica que realmente llegó a mi tanto como la que tú seleccionaste, y que es muy bella también.

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  2. Entiendo que las tres gracias, parte de la mitología griega, eran hijas de Zeus y una ninfa y, “simbolizan alegría, encanto y belleza.” Las tres gracias presiden banquetes danzas y todos los demás acontecimientos sociales placenteros, proporcionando alegría y buena voluntad tanto a dioses como a mortales. Eran especial compañía de las divinidades del amor y junto a las musas cantaban a los dioses del Olimpo. Se asocia a las gracias con las artes ya que al parecen podían otorgar a los artistas y poetas la habilidad para crear bellas obras de arte, Veo que has encontrado a las gracias en tu camino encarnadas en una sola persona, eso si que es tener buena fortuna..

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  3. La memoria mi querido amigo es nuestra fiel compañera y no suele desnudarse al primer coqueteo, es más, muchas veces ni siquiera se desnuda. Tengo en mi mesa una gran cantidad de libros por leer y en la mente unos cuantos proyectos más de lectura. Llevo años construyendo una historia que en ocasiones creo perder y luego sin avisar regresa y parece tener grandes bríos y luego nada. Te digo todo esto, porque no soy de los que dicen gracias por nada, pero cuando hablas de la gracia y del encanto de ella, sin importar quién es ella y de cómo se fue desnudando para ti, no tengo más opción de pensar en las gracias y en una serie de imágenes que me hacen pensar sin duda alguna en el amor, en ese tipo de amor que nos llena el corazón.
    Una vez que ella ocupa todas las gracias de tu vida, entonces creo que estas perdidamente enamorado y regreso a mi historia y lo primero que tendría que hacer con ella es darle las gracias por permitirme saber de ella o por existir en mí y luego dar las gracias a todos aquellos personajes que se gestan en ella y hacen de mí vida un mundo posible dentro de lo imposible, que quizá de eso se trata cuando uno escribe.
    Si bien en mi ciudad fue una tarde movida y con el corazón en la mano, eso no suele alterar mis rutinas, mis ideas, mis ir y venir de un lugar a otro sin siquiera mover los pies, si bien estos espacios por segundo parecen tragarte, por otros te regalan un sueño y eso es lo que me regalaste esta tarde, mientras te leo disfruto un poco de la memoria y recuerda todas las cosas que hemos hecho juntos en algunos de nuestros viajes, recuerdo y me dejo llevar por un enorme placer y es hoy cuando creo firmemente que la vida apenas empieza y quedan miles de cosas por descubrir, aunque siempre prefiera, las más pequeñas.

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