INCENDIOS

 

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Dos o tres veces,
así cae la gota de la luna,
como una lenta reyerta
que clava en tu pecho
sus ojos blancos y afilados.
Estás hecha de luz
y resbalas por la cintura,
tan inquieta, que el agua
deja una llama de papel.
Por eso escribo incendios.

Escrito un 17 de octubre de 2005,
en el alcázar de Córdoba (España)

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