AUTOBIOGRAFIA MARINA

Cabo Cope

Nací un mediodía de julio sin utopías en las manos.
Pocas empuñamos al sentir la luz por primera vez
Recuerdo paredes claras y enfermeras del mismo tenor
aunque tal vez obedezca a la avaricia de las olas
que se empeñan en hallar su lugar de nacimiento
entre los hombres que atentan contra ellas
en algún punto de las desnudez de sus amantes.
En cualquier caso son recuerdos vagos y puntuales
como un camino que se pierde en cuanto la estatura
de su perspectiva alcanza el último horizonte.
La débil referencia de una semilla que parte
hacia un tallo cargado de conjeturas inciertas.
El murmullo de una ciudad que también crecía
en el borde de una ría mansa y herrumbrosa
Grúas que parecían los antebrazos de un gigante
poco sonriente y maquillado de rojo para huir
de la ira de algún caballero andante moderno.
Sé que una madre me retuvo en sus ojos hasta que
los míos se llenaron de vida y pensamiento
y me encontré en medio de tantas huellas
con las que atribuirme una singular locura.
También llegué a creer que las gaviotas eran
matronas de los aires por la absoluta blancura
de su vuelo y porque siempre están posadas
en el postigo de cualquier ventana marina
pero los viejos páramos de la infancia
concluyeron por convencerme de que la tierra
siempre derrama su pesado prólogo sobre el mar
y nosotros nos quedamos en el nudo de la trama.
Al principio amé el pánico de las cordilleras
y la lenta memoria de los campos que en invierno
duermen tan malheridos como un juguete roto
Sé que la vida me ofreció una tregua invisible
y dejó escrito en alguna parte de mi historia
que volvería a oler la marea de otros continentes.
Tan cierto que cuando ya las utopías se escurrían
entre el acero brillante de los años y de los dedos,
me aposté contra el muro de una atalaya costera
y un nuevo nacimiento dio a luz entre las rocas.

Aitor A.

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Un comentario el “AUTOBIOGRAFIA MARINA

  1. “Mis primeros recuerdos de la infancia se remontan a un puerto, un puerto que marcó mi infancia con el olor salobre del mar, a veces intensamente azul, a veces profundamente verde, con olas blancas de espuma que reventaban en las rocas de las orillas. “..

    Es curioso como relacionas la historia de tu vida con el mar…el mar donde supuestamente se origina la vida.
    Naciste sin utopías pero la luz te tocó al abrir los ojos… Tal vez las paredes claras y las enfermeras siempre de blanco son como la espuma del mar… la más blanca. Recuerdos lejanos que deshacen los caminos…
    Las grúas también están entre mis recuerdos, en una hilera inmóvil sobre el malecón. Y siempre hay alguna historia sobre la más antigua.. Esas grúas me traen un lejano recuerdo en un día de la madre en que salimos a las calles y llegamos hasta las grúas a repartir clarines blancos a los trabadores del puerto para que estos se las entregaran a sus esposas o sus madres.
    .
    Nunca tomé mucho asunto a las gaviotas, más bien me llamaron la atención los albatros..Y la cordillera de la costa se siente lejana..mientras los cultivos de lechugas costinas me parecen una maravilla cerca del mar…
    Si tuviésemos que nacer en el mar, creo que naceríamos una y otra vez en el vaivén de las olas…..

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