LA SUMA

04

Una vez me encontré con cientos de girasoles
que se volvían contra mis ojos y a favor del páramo.
Detrás de ellos un viejo castillo se torcía como
una culebra ante las casas menudas y vigilantes
y el pueblo se ocultaba en su duro caparazón
de piedra, a salvo de cualquier inquietud humana
enfrentando su mirada contra el campo amarillo.
Pensé que el tiempo es como esa equidistancia
que separa nuestros labios en el silencio,
que el mar nos divide pero también empuja
con la solidez que caracterizan a sus olas,
que un puñado de palabras escritas con destreza
reúnen la misma perspectiva infinita del paisaje.
que los adjetivos también disponen de horizonte
y soy capaz de alargar la brevedad del latido
que cuelga en la cuerda floja del corazón
hasta que hoy me topé con una antigua bailarina
que ya no vive al ámparo de los pies descalzos
y los girasoles se volvieron esta vez hacía mí
y el castillo se irguió en toda su estatura
y las calles del pueblo se abotonaron la camisa
porque les iba a estallar el pecho de tanto grito
y el tiempo se desnudó ante el aroma de una flor
y yo recobré el convencimiento de que el tiempo es
además de todo lo anterior la suma de tí misma.

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