DÍAS

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Días en que el tiempo ha vencido,
en que el árido párpado de tus besos
se vuelve gris y se hunde en la tierra.
Días en que la soledad es una ballesta
disparada por un viejo campanario.
Yo también me hundo en el corazón
en lo más profundo de sus músculos
en el arpa cálida que lleva en silencio
sin que nadie advierta ningún síntoma
de semejanza con los campos sorianos.
Días en que persigo tu lírica desnuda
y regreso a las advertencias maduras,
a la suavidad del pecho, a la música
interrumpida por la guerra del viento,
a cualquier epíteto que suene perfecto,
a la belleza del vacío, al agua escondida,
al manantial helado, a la gloria caliente,
al rayo imprevisto, a las paredes frías,
a las tenadas de adobe bermejo que
alguna vez dejaron su rastro vivo,
al latido acelerado, al pezón oscuro,
a la estrella dislocada, al camino aislado,
al dolor de la barbacana amarilla,
al espíritu de una aventadora rota,
y a tus ojos también porque en ellos
los días son más que necesarios.

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