DICEN

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Dicen que cada maestrillo a su librillo. Que cada zapatero a su zapato. Que cada herrero a su martillo. Que cada político a su hipocresía. Que cada avión a su propio vuelo. Que cada papa a su saco. Que cada ventolera a su propia chompa. Que cada martirio a su respectivo mártir. Que cada proeza a su héroe. Que cada escenario a su actor. Que cada pie a su danza. Que el pájaro a sus alas. Que Quito a sus paredes blancas. Que cada yo a su respectiva esencia. Que cada tú conmigo. Que cada repetición a su largo eco. Que cada fantasma a su cadena. Que cada puerta a su habitación. Que cada estupidez a su linda boca. Que cada año a su siglo. Que cada alumno a su próspero profesor. Que cada loco con su Prozac. Que cada poeta con su verso. Que cada guitarra con su amada cuerda. Que cada río con su pronta desembocadura. Que cada boca con su bostezo. Que cada ventosidad con su propio pedo. Que cada tesorero con su propia sarta de mangantes. Que cada rey con su escopeta para cazar leopardos. Que cada prótesis con su rodilla estresada. Que cada presidente con su pueblo si es que pudiera ser. Que cada conflicto con su respectiva paz si ojalá fuera. Que cada cántaro con su fresca agua. Que cada cabra con el monte para el que tira. Que cada pirómano se quemara en su propio fuego. Que cada selva se quedase con su verde proeza y no con una tubería de prospección. Que cada medio de comunicación con toda la verdad y no sólo con la que le interesa. Que cada ley con su justicia social. Que cada indignado con su propuesta si es que la tuviera. Que cada vaso con su línea de coñac. Que cada balada con su oveja cantora. Que cada bruja con su escoba. Que cada carrusel con su buena mujer. Que cada diana con su puntería. Que cada verbo con su conjugación vespertina. Que cada catalejo con su punto de mira. Que cada payaso con su sonrisa. Que cada bolso con su esquina. Que cada tubo de escape sin su humo venidero. Que cada nosotros con su más que nosotros. Que cada aquello con su aquel. Que cada árbitro con su silbato. Que cada organismo internacional con su propio conflicto de intereses. Que cada pirata con su hermoso cañón. Que cada suficiente con su basta. Que cada más allá con su propia religión. Que cada muro con su piqueta para desmontarlo. Que cada cementerio con sus almas olvidadas. Que cada futuro con su buen deseo. Que cada zapatilla con su suela. Que cada bicicleta con su sano corredor. Que cada infierno con su Dante. Que cada eructo con su cola. Que cada acto de amor con su pareja entretenida. Que cada atropello sin su impunidad. Que cada manifestación pacífica con su gobierno preocupado. Que cada cabal con su cordura. Que cada monstruo con su caverna. Que cada mito con su historia. Que cada teatro con su obra. Que cada punto con su oración. Que si cada pendejo con su propia barbaridad. Que si cada despacho con su cruento abogado. Que cada vida con su respectivo médico. Que cada rúbrica con su respectivo criterio de evaluación. Que cada ola con su costa. Que cada manglar con su aliento salado. Que cada ladera con su ancha quebrada. Que cada emigrante con su complejo pasaporte. Que cada corrupto con su larga pena de cárcel. Que cada honrado con su merecido descanso. Dicen que todo lo dicho con lo que mereciere y, si queda algo por decir, ahora es el momento de ponerle atención. Cada última frase con su quizás. 

 

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