Memorias de Quito

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Llegué hace once años.
Sin un perfume concreto.
La luz me sangraba en los ojos.
Supongo que de tanta hambre
o de tamaña firmeza con la cordillera.
Llegué y lo primero o lo último,
nunca lo supe, o quise ignorarlo,
o temblaron las fauces de Quito,
o me dejaron suelto en los páramos,
o la vida que fue una caricia con el viento,
y de tanta pena, y de tanta alegría,
y de tantas capillas, y de tantas venas,
me vino el amor entre tantas conjunciones
y me olvidé de los tantos años que nosotros
hemos construido, el país y yo, la gente y sus olores,
el son de la cuchara y el correr de los ríos
a veces sucios entre las quebradas.
Llegué con la sombra de una rosa en las alturas
y de como estuve a como me siento ahora
déjame que te cuente, que te encadene,
que te libere de las cárceles, que te sonría,
que te reviva la piel, que deslave tu dolor,
que corramos junto a las tormentas,
que dejemos nuestros muertos
en los ojos y vivamos conciliando
las ausencias, y que todo nos pese,
déjame que todo nos pese
en el denso corazón.

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Un comentario el “Memorias de Quito

  1. Me ha llamado particularmente la atención estos versos y la imagen del río :”…el son de la cuchara y el correr de los ríos/ a veces sucios entre las quebradas”. Además, me ha hecho pensar en que habrá que conocer las “fauces de Quito”.

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