El don de Margarita

lipzig

 

Margarita posee el don de la ubicuidad. Ella me leyó una cita acerca de Sefarad, cuando aún en mis manos se desplegaba el matiz aceitoso de un océano de patatas, recién cocinadas y dispersas como rocas desordenadas por el sacrílego plato. Margarita había entonado con su voz aquella cita tan capital y capaz de desnudar el intelecto del cocinero, más preocupado por coronar con legumbres su propio sueño. Pero ella me ubicó, de una forma cuya en la distancia presumí como necesaria para orientar mi curiosidad hacia su boca, pues ya no era Margarita sino una nueva sirena para mi ambulancia hambrienta.

 

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