LOS CIEN AÑOS DE CÉSAR DÁVILA ANDRADE

César Dávila Andrade

Este año se cumple el centenario del nacimiento de César Dávila Andrade, uno de los poetas ecuatorianos más representativos del siglo XX y autor entre otros, del emblemático “Boletín y Elegía de las Mitas”

César Dávila Andrade es uno de los poetas ecuatorianos cuya vigencia y excelencia narrativa han ido más allá de su tiempo. La fuerte personalidad y rasgos físicos muy acentuados le hicieron ganar el apelativo de “El Fakir” entre la gente de su entorno. Además, un hombre tan buen prosista como poeta y calificado “después de Jorge Carrera Andrade (sólo en un sentido cronológico)” como el más alto poeta que ha dado el Ecuador y, a nuestro juicio, uno de los grandes de América Latina” según palabras del mismísimo Miguel Donoso Pareja.

Con esta premisa, la vida de Dávila Andrade siempre corrió pareja a la búsqueda de caminos existenciales y metafísicos en los cuales reflejaría su obra literaria, así como el profundo debate entre las dos patrias en las que se escindió finalmente su alma: Ecuador y Venezuela.

El poeta ecuatoriano había nacido el 5 de octubre de 1918 en Cuenca (Ecuador), en el seno de una familia de origen humilde, pues su padre era empleado público y su madre, una sencilla ama de casa que acostumbraba a colaborar en el sostenimiento y subsistencia familiares, con trabajos de costura. Tales estrecheces económicas quizás fueron las que motivaron que apenas alcanzada la mayoría de edad, entrara a trabajar como amanuense en una institución judicial a cambio de un salario exiguo que luego entregaba a su madre.

Aquellos primeros tiempos de adolescencia y juventud ya anticipan a aquel hombre “al margen” y aspiraciones distintas a las pautadas por la sociedad cuencana de la época. De hecho, el afán por el posicionamiento económico que caracterizaba a la burguesía de la ciudad u otros convencionalismos sociales, contrastaban con su enigmática personalidad, pues era más bien tímido y dado a la reflexión, en lo cual bien pudieron influir sus tempranas inclinaciones hacia el rosacrucianismo, el hipnotismo u ocultismo en general.

Las frecuentes lecturas de materias relacionadas con el esoterismo, unidas a su aspecto físico de hombre alargado, contextura casi atlética, peinado característico y nariz aguileña, también le otorgaron el definitivo canon de “El Fakir” con el que sería reconocido por propios y extraños. Esta tendencia al misticismo se complementaba con su el compromiso social basado en la defensa del “indio” marginado, explotado u oprimido que alcanzaría su mayor desgarro en el “Boletín y Elegía de las Mitas”

De aquella Cuenca natal, donde se le había tratado con indiferencia y cierto, partió a Quito y Guayaquil en busca de mejores horizontes económicos, hasta que a mediados de la década de los cuarenta del siglo pasado regresa y se instala definitivamente en la capital ecuatoriana, donde gozará de un merecido apoyo y reconocimiento por parte de la comunidad de escritores, medios de comunicación y la propia Casa de la Cultura Ecuatoriana, empezando a trabajar como corrector de estilo y colaborar con cuentos, ensayos y numeroso artículos en la revista de esta última institución.

Ese periodo coincide con el de su actividad literaria más importante y por la que sería mayormente difundida su poesía, muy cercana en estilo y temática al neorromanticismo de la primera época de Pablo Neruda, así como a los derroteros iniciales de Carrera Andrade.

Temas íntimamente relacionados con la condición humana, el mal o el amor idealizado se reflejan en “Espacio que me has vencido” (1947), e irán apareciendo de forma sucesiva en las composiciones poéticas. En 1955 publica una selección de sus mejores cuentos bajo el nombre de “Trece relatos”, que le consagran como autor de prestigio y referencia entre los literatos de su generación.

El “Boletín y Elegía de las mitas” es el conjunto lírico por el que seguramente ha pasado a la posteridad. Previamente habían llegado a sus manos dos ejemplares que daban buena cuenta de la heterogeneidad de los excesos cometidos durante el periodo colonial hacia la población indígena: las “Noticias secretas de América” escritas por Jorge Juan y Antonio de Ulloa en el siglo XVIII y “Las mitas en la Real Audiencia de Quito” del profesor Aquiles R. Pérez Tamayo.

Debió ser tal el impacto de aquellas crónicas que daban tan buena cuenta de los excesos cometidos durante el periodo colonial, que después de un laborioso proceso, Dávila Andrade terminó por escribir el “Boletín y Elegía de las Mitas”, a medio camino entre el himno, la oda y la elegía, en la que “todo el horror del maltrato a los ‘mitayos’ –indígenas sometidos a la varia y monstruosa explotación de las mitas-, va transformándose, gracias al verbo del poeta, en algo desgarrador, inolvidable”, como señala el escritor Jorge Dávila Vásquez.

La célebre composición poética fue primeramente incluida  en el libro “Arco de instantes” publicado en 1959, pero pronto adquiriría protagonismo propio, tanto por su trascendencia y simbolismo, como por sus posteriores adaptaciones al ámbito escénico y musical.

El poeta prosiguió con su carrera literaria, alimentándose del reconocimiento y prestigio alcanzado, así como fiel al espíritu que le había caracterizado desde sus inicios. En 1951 se trasladó definitivamente a Venezuela, donde siguió compaginando su dedicación a la literatura con la docencia en la Universidad de los Andes en Mérida. Sin embargo, ya como agregado cultural en la embajada ecuatoriana, una mañana del 2 de mayo de 1967 pone fin a su vida inexplicablemente. En el rodillo de su máquina de escribir también encontraron la siguiente frase: “nunca estaremos verdaderamente solos si vivimos dentro de un mismo corazón”. Con todo ello muere el poeta y nace el mito.

La génesis de un dolor desgarrado

Sin lugar a dudas, el “Boletín y Elegía de las Mitas” fue la composición lírica que definitivamente catapultó a César Dávila Andrade más allá de su tiempo. La lectura previa de “Noticias secretas de América” y “Las mitas en la Real Audiencia de Quito” produjeron en el poeta ecuatoriano un profundo desgarro hacia “el ser humano explotado y maltratado” en esta inmensa obra lírica, que a grandes rasgos comparte simbolismo y temática con el “Canto General” de Pablo Neruda.

Campiña_Domestica_y_Silvestre_del_Reino_de_Chile_en_1744_-_AHG.jpgEn esta obra, el poeta cuencano deja en manos de un narrador anónimo y colectivo el testimonio del sufrimiento padecido por el pueblo indígena, dirigiéndose al mismo tiempo hacia “Pachacámac, Señor del Universo” por el que se siente abandonado,  así como al látigo de los propios conquistadores que torturan y subyugan.

No en vano los horrores descritos y emociones desplegadas en torno al poema, obedecían a los abusos detallados en las “Noticias Secretas de América” por Jorge Juan y Juan de Ulloa, que inicialmente habían formado parte de una expedición autorizada por Felipe V para medir el grado del meridiano terrestre y, más allá de las aportaciones matemáticas y científicas del caso, se afanaron por describir toda suerte de vicios cometidos durante la administración colonial de la época, en dos tomos en principio destinados a la lectura reservada del monarca: uno “sobre el estado militar y político de las costas del mar pacífico”; y, otro “sobre el gobierno, administración de justicia, estado del clero y costumbres entre los indios del interior”.

Ambos debieron dormir el sueño del ignorante, entre telarañas y bambalinas, o cayeron intencionadamente en el olvido para no despertar suspicacias, hasta que en 1826 aparecen publicados sorpresivamente en Londres, quizás no tanto con el propósito de ilustrar la historia al vulgo sino más bien contribuir a alimentar intencionadamente la leyenda negra del imperio español en América Latina

Aquellas crónicas serían leídas por César Dávila Andrade con la misma sinceridad y exactitud con las que Jorge Juan y Antonio de Ulloa criticaron los males del colonialismo: tiranía y abuso hacia los indígenas, sublevaciones de estos últimos como consecuencia de tales infortunios, corrupción de los corregidores y demás autoridades de la corona, avaricia del clero, malas relaciones entre “chapetones” y criollos, y un largo sinfín de prácticas a cual para mayor escarnio, que serían completadas con “Las mitas en la Real Audiencia de Quito”, “libro documental de Aquiles Pérez, escrito con más pasión que arte, sobre aquella institución colonial que causó tanto dolor y lágrimas a nuestros antepasados indios”.

César Dávila Andrade en el teatro y la música

Más allá de otorgar voz al indio sometido y dejar testimonio de las injusticias sociales, el “Boletín y Elegía de las Mitas” también tuvo su posterior efecto en otras manifestaciones artísticas, como el teatro o la música, de la misma forma que sucediera con el “Canto General” de Pablo Neruda, también dedicado en su integridad a rescatar el pasado de los pueblos indígenas de América Latina.

Al respecto, conviene recordar que de la mencionada obra del vate chileno, los Jaivas rescataron el poema “Alturas de Macchu Picchu” y musicalizaron partiendo de la idea de componer una cantata inspirada en los versos de Pablo Neruda y con la participación de grandes voces de la época como Mercedes Sosa o Chabuca Granda.

Los miembros de la agrupación musical chilena, que por aquel entonces vivían exiliados en París a consecuencia de la dictadura de Pinochet, durante un año seleccionaron los fragmentos más adecuados del poema, acompañaron de los correspondientes ritmos y melodías, y finamente publicaron el disco “Canto General” en 1981, uno de los discos fundamentales del folklore latinoamericano. Al mismo tiempo, un documental fue grabado en las mismísimas ruinas de Macchu Picchu, incluyendo la narración de un jovencísimo Mario Vargas Llosa

La composición de César Dávila Andrade también siguió un itinerario similar.  A mediados de los años setenta el “Boletín y Elegía de las Mitas” fue adaptado al teatro por el director Fabio Pachioni, contando con la presencia de actores de primera línea y con una escenografía diseñada a tales efectos por el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín

Sin embargo, la repercusión más amplia se produjo en el ámbito musical. El ecuatoriano Edgar Palacios escribió una cantata popular a partir de determinados fragmentos de la obra de César Dávila, incorporándose como coros. Finalmente la obra fue adaptada para orquesta sinfónica y estrenada en 1990 con notable éxito de crítica y público. Mesias Maiguashca, otro notable compositor, también musicalizó el “Boletín y Elegía de las Mitas” en el año 2007 pero en una apuesta mucho más amplia, potente y compleja que la de Edgar Palacios, incorporando la proyección de imágenes y con una mayor duración.

De la trascendencia musical de César Dávila Andrade todavía guardan recuerdo todos aquellos que como público asistieron a la representación de la cantata popular en Quito un 9 de agosto de 2014, con motivo de la celebración de los 70 años de vida de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y una puesta en escena digna de mención: más de 200 artistas en escena entre solistas, coros, ensamble de cuerdos, miembros del ballet ecuatoriano de cámara y otros tantos que reflejaron al unísono el drama del indio descrito por el poeta cuencano.

La obra de César Dávila Andrade también ejerció una notable influencia en escritores y artistas de otras disciplinas artísticas. No solo Miguel Donoso Pareja realizaría una breve antología para la Universidad Autónoma de México, sino que también sirvió de excusa a otros autores para incluirlo en su imaginario escrito, como “Entre Marx y una mujer desnuda” de Jorge Enrique Adoum o “El pinar de Segismundo” de Eliecer Cárdenas.

Pero sin lugar a dudas, quien mejor puede atestiguar acerca de todo lo leído y así lo ha hecho, es Jorge Dávila Vásquez, al mismo tiempo sobrino del poeta cuencano y el mejor especialista sobre la vida y obra de este último, en su ensayo “Cesar Dávila Andrade: Combate poético y suicidio” (1993)

Sea como fuere, la figura del autor del “Boletín y Elegía de las Mitas” volvió a recobrar cierto protagonismo por estas fechas gracias a diferentes iniciativas con motivo del centenario de su nacimiento, entre ellas la obra “César Dávila. Distante presencia del olvido. Homenaje 100 años” en la que participan un nutrido grupo de colaboradores entre los que se encuentra el propio Jorge Dávila Vasquez e incluso está disponible digitalmente para su descarga, a la espera de su edición en formato físico.

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