EL ROCE DE UNA BALA

Orwell

Una bala me rozó la sien izquierda. O la derecha. No recuerdo bien. Tampoco me atrevo a aseverarlo, salvo que tome mi propia calavera como hizo Hamlet en aquella legítima secuencia dramática. En uno de los nidos frente a la casamata de avituallamiento. Después desperté en un punto improvisado de atención en la retaguardia. Una mujer acompañada de media docena de gabardinas con medallas y botas recién lustradas fue pasando de camilla en camilla. Me tocó su saludo en tercer lugar de la fila. Cómo está usted. La patria le necesita. Tome un pitillo. Yo se lo enciendo. Cómo fue. En el frente supongo. Una bala despistada me rozó la sien. Aún tengo la marca bajo tierra. Mire usted. Tal que aquí en sentido horizontal, como la raspadita de un billete de lotería. Supongo que cuando me saquen de nuevo, la verá alguno de mis nietos.

Microcuentos / Aitor Arjol
07 de agosto de 2018

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s