LA VIDA DE LOS TÉMPANOS

 

ferrocarril

Los témpanos solo asoman una pequeña parte de su historia, mientras el resto de circunstancias permanecen ocultas y sumergidas en el fondo.

El hombre, por su parte, está impregnado de un extraordinario sentido de la curiosidad.

Esta curiosidad exige tiempo para dedicarse a satisfacerla. Demanda la responsabilidad de dedicar nuestras habilidades personales para tales propósitos. Tiempo sin ninguna remuneración posible salvo la humana.

Sin embargo, vivimos en una sociedad contemporánea donde el tiempo ha adquirido un valor competitivo, monetario e indudablemente dedicado a la consecución de la felicidad.

Todo el tiempo que no se destine a las prioridades descritas en el párrafo anterior, es una pérdida de tiempo valga la redundancia. Un tiempo condenado al descrédito o la nula utilidad práctica.

Inclusive el tiempo de los poetas obedece a cierto grado de inercia que fagocita el interés de este colectivo: viven para publicar, ser reconocidos, aplaudidos y coronados como reyes de un territorio que no abarca más perímetro que el de un lapicero.

Si relacionamos todas estas ideas con la metáfora del témpano, pregúntome por el valor resultante de las relaciones humanas, de los valores asociados a la conciencia o al imprescindible despertar de la poesía en nuestros sentidos.

Si ya de por sí tenemos poco interés en lo poco que asoma del témpano,  imagínense en lo que permanece oculto.

Debo ser de aquellos que todavía van a buscar lo que no asoma, así como a gastar el tiempo más allá del precipicio.

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